
Horacio Villaseñor
La constitución nacional es muy clara al determinar que todo municipio debe ser gobernado por un ayuntamiento, lo que, significa que los otros dos órdenes de gobierno tienen facultades concurrentes, pero que en general el desarrollo de un municipio depende principalmente de sus gobiernos municipales, encabezados por el ayuntamiento correspondiente responsable de la planificación local, la prestación de los servicios públicos y la promoción de actividades que impulsen el progreso del territorio, respetando la legislación nacional. Sin embargo, un ayuntamiento económicamente débil no es, en la práctica, un gobierno independiente y al coordinarse con los órdenes de gobierno estatal y federal para ejecutar y evaluar proyectos de desarrollo, lo hace en desventaja y termina supeditado a la visión, intereses y valores de actores políticos distintos a los que la gente eligió para encargarles, por un periodo determinado, el gobierno y la administración municipal. La capital del estado de Jalisco, Guadalajara, es hoy una ciudad que su drenaje, en época de lluvia, no drena; el suministro de agua domiciliaria, no es potable; frecuentemente vemos que el drenaje de aguas residuales se desborda; no está limpia y sus residuos sólidos no reciben el tratamiento ni la disposición final adecuada para proteger la salud y medio ambiente; con frecuencia vemos pasos a desnivel, calzadas, avenidas y calles oscuras; los mercados, panteones, rastros y parques públicos, además, de insuficientes están descuidados y les faltan cajones de estacionamiento; hay un déficit mayúsculo de metros cuadrados de área verde recomendados, por habitante, por los organismos de salud; en “horas pico” la urbe no puede transitarse a velocidad moderada, y; la seguridad pública y policía preventiva no es buena, a pesar de que el fenómeno metropolitano que lejos de ser un problema, es una ventaja recaudatoria para la hacienda municipal, toda vez, que en un mismo territorio, con la urbanización vertical, se logran mayores ingresos a la tesorería, administrados correctamente, sin duda deben alcanzar para cumplir con la obligaciones de ley. Entonces, ¿por qué entran y salen administradores encargados por periodos determinados y la ciudad sigue con los mismos problemas, desde hace décadas? ¿Qué está fallando? ¿Qué se necesita para lograr que el Ayuntamiento de Guadalajara dé el bienestar requerido? Simple, capacidad administrativa. Ni hablar.
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