
Por Horacio Villaseñor Manzanedo
Los legisladores que aprobaron la reelección de munícipes hicieron otra tontería más. La improvisación de ediles en el ejercicio de la función pública, ignorantes, ambiciosos y ahora relegidos, solo sirve para prolongar la “transa” y si los gobiernos no pueden ni gobernarse a sí mismos, ¿cómo podrían gobernar al territorio en el que deben poner orden? Me explico: Primero; creer que los gobiernos deben manejarse como una industria porque no saben administrar, es idiota. Los gobiernos no pueden asumir las premisas del empresariado porque su fin no es lucrar. Administrar servicios públicos que en esencia no pueden dejar de existir, se paguen a tiempo o no los impuestos o, en un momento dado solo tenga un único usuario y el servicio deba subsidiarse, requiere de capacidades y enfoques que los empresarios no entienden ni conocen, tampoco muchos “funcionarios” que su único mérito es ser amigo, familiar o amante de alguien, que no saben, no funcionan, son un desastre, dan pena ajena y solo pasan vergüenzas. ¿Qué se necesita? Lo que hace falta es gente con experiencia en la acción gubernamental, preparada, particularmente, en la ciencia de la administración y el derecho público y con vocación de servicio, entendida esta vocación, no como un gusto, sino como una capacidad para poder con el poder público. Segundo; creer que los gobiernos son pobres es falso, a los gobiernos no les falta ni sobra dinero, el diseño institucional prevé debe ingresar por la vía de impuestos lo necesario para prestar los servicios que se requieran, que por ser públicos no deben suspenderse ni faltar nunca. Si el “gobernante” endeuda al gobierno, desperdicia los recursos en tonterías, ocurrencias, espectáculos o se roba el dinero, se generará la idea errónea de que a los gobiernos les faltan monedas, cuando en realidad están en manos de unos pillos o por lo menos unos pobres mensos. Teóricamente, los recursos de los ayuntamientos solo son escasos, no insuficientes, porque la organización pública está diseñada para no lucrar y en consecuencia no pueden ni deben ser sus recursos abundantes. Tercero; si los gobiernos son impersonales y atemporales, porque lo único temporal es el encargo de la administración a un grupo de personas que se supone deben otorgar, desde el primer día, sin interrupciones y sin pretextos, servicios públicos en inmejorables condiciones, ¿para qué ampliarles el periodo? Lo que no pueden hacer inmediatamente, no podrán hacerlo nunca, sin capacidad no habrá años que sean suficientes para la tarea. En 1980, Guadalajara tuvo un alcalde, que el primer año pagó las deudas que le heredaron, sin dejar de prestar todos los servicios que se estaban otorgando, el segundo año mejoró todo y amplio la oferta con servicios nuevos y en el tercero, terminó obras en construcción, no adquirió deuda nueva y le sobró dinero que dejó en las arcas públicas para que el siguiente alcalde la tuviera fácil, no necesitó más tiempo y fueron tres años de una ciudad segura, limpia y con infraestructura pública considerada de las mejores en el mundo. Ahora la zona y área metropolitana de Guadalajara está hecha un asco, llena de basura, con cables colgando por todos lados, hoyos, está intransitable, con agua sucia, drenaje insuficiente, insegura, y muchos otros negativos, en resumen, es una metrópoli peligrosa. Esa es la mejor prueba de que legalizar la posibilidad de que los alcaldes se reelijan, solo sirve, en el mejor de los casos para que un grupo de “políticos” aproveche el poder público para reelegirse, se enquiste y se pudra. En serio, ¿qué problema público relevante solucionó el alcalde que gobernó seis años Zapopan? Ninguno. La falta de dinero y de tiempo no es el problema, es solo la consecuencia de la falta de capacidad y experiencia, para entender y administrar bien un gobierno. ¡Ya quedó probado!, reelegir alcaldes, no sirve de nada, al contrario, daña.
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