
Por Manuel Manuel Gutiérrez
Picadillo Circus cuenta hoy con un invitado especial. Es un honor tener al máximo malandro del país; en la pista central tenemos al expresidente, pero todavía en funciones de Maximato, el hombre de Macuspana, que no se fue a la chingada, sino que sigue chingando, que es gerundio.
Los reflectores iluminan la pista central. Un anciano, cabecita de algodón, pero no por ello menos maquiavélico, hace que entre el mero, mero, el dueño de los payasos del circo. Con ustedes: Manuel Andrés López Obrador… (MALO), un gran aplauso.
Ups, no va así… perdón, querido público, es Andrés Manuel en la pista apapachando a su hijito Andy López Beltrán, que luego de dejar la lucha en Morena, aumentando las tensiones internas, pasa a ser aspirante a una diputación federal por Tabasco, lo que prácticamente es un hecho. Es como quitarle un caramelo a Willy Wonka… cuando estaba en kínder, está acalambrado.
Con ello se sentirá blindado y con fuero por las persecuciones futuras. El acto de la noche se llama: “Oda al regreso de Trump el bueno” o “Claudia, ¿qué hiciste para que cambiara?”.
El dueño de los payasos luce un atuendo tipo Elvis, con pantalón acampanado, botines de charol y una camisa cuajada de luces, rayos, lentejuelas por todas partes, y un espléndido rizo copete le adorna la augusta frente. Comienza a leer su carta…
Sin embargo, este acto en la pista central dañó totalmente la destruida imagen de la Presidenta, para los que creen que lo es.
La dama en cuestión, oculta entre el público, acude a abundantes Kleenex para enjugar su llanto revolucionario. Ha sido borrada del escenario; tristemente no será ya estelar, sino comparsa; no será la figura relevante, sino la extra.
El Caudillo pide que vuelva el Trump bueno que fue capaz de perdonársela al General Cienfuegos, en una extraña alusión implícita entre líneas en que involucró a las fuerzas armadas, cuyo juego nadie alcanza a comprender. Así es él de malicioso y así lo detectaron expertos analistas del otro lado de la frontera, a donde no va con visa ni Alfonso Durazo, ni Américo Villarreal.
Don Américo se arriesgó con ese nombre, porque cuando viene a Guadalajara, muchos piensan que es papá del América y pues le dicen que chin…a su (sapos y culebras)…
Pero como no somos legisladores malhablados de Morena, como Beatriz Andrea Navarro Pérez, la dama famosa del mal decir, experta en lenguaje soez, vulgar e hijo de la chingada —y conste que no es la única, pero va de líder viperino—.
Ya con evidentes deseos ocultos, dijo que los del PRI le dieron las nalgas a los países extranjeros. Son traidores a la Patria… hombre, eso en psicología se llama “transferencia” y, a nivel popular, el que hambre tiene, en pan piensa…
Evidentemente está muy mal atendida la dama y eso causa traumas. Y vinieron las protestas por las alusiones sexuales para descalificar a contrapartes que contestaron con coros tipo saludos al América, y otras imprecaciones que no podemos repetir, bastante enojados. Y es que para todo, los de Morena declaran traidores a la Patria a todos los que piensen diferente… quieren una uniforme masa disciplinada y no pensante.
Sin duda, Beatriz es egresada de las Universidades Patito del Bienestar de Nayarit, en que seguramente es lo único que bien aprenden. Es la boca más grande y sucia de todo el poder legislativo, ella capaz de devorar los mástiles de la oposición con la boca y garganta con la profundidad necesaria para defender los elevados principios de la 4T a nivel de filósofos griegos. Es decir, su capacidad de ingerir es capaz de zamparse de una sola vez toda…. pero toda….. la carta del Caudillo. ¡Ahhh!
Pero es que la lectura de la carta del Caudillo López Obrador, y su lentísima lectura en que regaña a Claudia por ser tan torpe y cambiarle al Trump bueno que él conoció y al que le daba sabios consejos, casi le dijo pen..diente, y ella se lo agradeció a la siguiente mañanera.
Sin embargo, ese regreso desplaza todo el oropel presidencial. Ahora todos sabemos quién es el que manda aquí: es Cri-Cri, el grillo cantor… pero en honor al origen, digamos que es el Pejelagarto.
La carta encierra mucho material para el diván del psicoanálisis, porque evidencia que muchos mexicanos eligieron con su voto, engañados, al hombre equivocado, seguro; asegura la destrucción, como lo ha venido haciendo ahora con su empleada del Palacio Nacional. O díganme por qué estamos tantos con números rojos con todas las dádivas de este gobierno… que no alcanzan para nada. Es mejor una economía sana y un salario real, que logre la canasta y sobre para el fútbol, las cheves y hasta algo de ahorro. Pero parece que estuviéramos en el final del quinto año, no el segundo de este sexenio… no imagino cómo va a llegar.
La carta cubre de elogios a Trump, luego lo ataca, lo rebaja en una relación extraña de amor y de odio, pero así es todo con el Peje y de paso se lleva entre las patas a la Claudia, que, pobre, le advertimos que ojalá que el patriarca no regresara porque la borraría del mapa.
Incluso en algunas entidades morenistas están dudando si pedirle a Claudia que vaya de visita, o de plano mejor hacerle un Tour “Siempre con ustedes, nunca dejaremos el poder. El hueso es la vida” en que vaya el presidente anterior. De menos prometía, no cumplía, pero duraba más la credibilidad; a Claudia nadie le cree que es la Rosa de Guadalupe, aunque tenga subtítulos en hebreo.
Otros aspectos de la carta, que durmieron a los espectadores —como logró hacer lo mismo durante un sexenio: narcotizar en todos los sentidos a México—, son contradictorios, opuestos; son más parecidos a un documento de enfermedad mental. Claro, para los acarreados esto es revelación dogmática, es asunto de la máxima fe. Si no eres creyente, ni la leas.
Por ello ungió a su hijo, para demostrar que los fracasos como líder en Morena no cuentan, ni las obras de arte en Japón, ni las joyas; es parte de los López, el clan de realeza mexicana que detenta el poder. Andy, en tanto, se vio más pequeño, más burgués, más cómodo, porque a esa sombra se pueden hacer maniobras, negocios y amigos, y el clan, ¡vaya que los hizo! O que le pregunten a Carlos Loret.
Que el Tren Maya se desmorone es culpa de Calderón, de Maru Campos, de Chihuahua, y no del balasto y de los fraudes de calidad y los errores de las prisas sin estudiar la geología del sureste, ni los cenotes. Los soldados solamente saben cumplir órdenes y son capaces de hacer un piso elevado sin cimientos.
Total, la política que padecimos fue un regreso al tiempo de don Luis Echeverría, un fanático del trabajo, luego fanático de la izquierda y finalmente fanático de la confrontación, con un nuevo estilo precursor de populismo que heredó luego a su amigo José López Portillo, todo un derechista que en el poder se pasó a la izquierda y que incubó proyectos finales descabellados, hasta nacionalizar la banca y acabar con los banqueros mexicanos para traer a los extranjeros.
Pero don Luis se le metió hasta el tuétano al Peje, y en ese tiempo era el priista que compuso un sentido himno al partido; era hijo político de Enrique González Pedrero, que pasó luego al Instituto Mexicano de la Televisión, hoy la maldita TV Azteca, privada.
Esos tiempos “marcaron” al caudillo que sale de la pista central y regresa con una fulgurante guayabera con signos prehispánicos: “Pida comida en Didi”, “Hijo de Huitzilopochtli”, “Líder del club de Tezcatlipoca”, “Trump, my first love” o “Summer time with the Orange man” y un dedo medio a los españoles como Isabel Díaz Ayuso o Cayetana Álvarez. Pero no saben que Claudia está que se pirra por estar en el palco con sus majestades de España, con Felipe y la gentil Letizia, ¡olé!, Venancio, que vienen sus Majestades.
Cosecha las ovaciones de los acarreados llegados desde Oaxaca, y desde lugares tan lejanos como Baja California, en la plaza de la revolución, digo el Zócalo, o plaza BTS, que hoy atiborran la carpa.
El delirio los atrapa cuando amenaza luego con leernos párrafos de Grandeza… lo que hace que el pueblo sabio salga a tropel a reclamar su pago, su lonche y su coca, y parte de las fiestas de aquellas noches en el Posada Reforma, el hotel y motel en que, en el paro de López Obrador, se jugaron fortunas en las noches, se juntaron catres y se rompieron piñatas… No me pidan ser descriptivo, todo por 500 pesos por ser guardián de la 4T vulnerada en Paseo de la Reforma, CDMX, la capital del Ajolote.
El colmo del delirio llega ante una promesa: “Los siervos de la nación pasarán a anotar (a los precios acordados) a los defensores de la soberanía, que día y noche vigilarán el Palacio Nacional, la oficina de Mario Delgado, las oficinas de Durazo y de Villarreal, y, en fin, estarán de plantón día y noche listos para ser los nuevos ‘MASIOSARE UN EXTRAÑO ENEMIGO’ y nada de entregar a Rocha Moya, como él hizo al Mayito”.
Todos los que participen entrarán en una tómbola en que habrá nombramientos del Poder Judicial, ya que hay renuncias y mucho atraso productivo del Poder Judicial; también serán nombrados funcionarios del INE y serán los imparciales testigos de las elecciones siempre que en la casilla gane Morena, todo con aplausos… en caso contrario, en un día de furia, indicarán que el imperialismo yanqui se ha infiltrado en el 27 y pretende hacerse con el poder, lo que ya nos advirtió Claudita que no será permitido, y para ello tendrá disponible a la fuerza militar.
Aunque en diversos casos, como con la CNTE, seguirá evitando reprimirlos, encarcelarlos o responsabilizarlos por sus desmanes. Hay de marchas a marchas: las malas son las a favor de Maru Campos, del pueblo y de la clase media.
Cierra el número del regreso del Caudillo, digno episodio para la pluma de Martín Luis Guzmán, pero le falta la matanza de Huitzilac, Puebla, porque el Caudillo siempre dice quién, no porque uno quiera, llega.
Mientras tanto, en los consulados de la 4T en los Estados Unidos, seguirá la campaña contra los republicanos, pero sin otro logo que no sea el del Gobierno de México, y contra el mismísimo Trump, en lo que suponemos será una producción más de la mente del Caudillo, como tirar la piedra y esconder la mano… aunque luego los cachan y entonces piden pruebas, pruebas, pruebas, sobre todo cuando se metieron a ser socios de los cárteles, algo más visto y más dicho en todo el mundo. Somos famosos, somos un narcoestado, algo nuevo y posible.
Picadillo Circus, por tanto, sigue reinando en el entretenimiento, y con el Caudillo —que nunca se fue— ahora será muy difícil que deje la pista central.
De hecho, ya anunció un nuevo número en que lanzará hachas y cuchillos filosos a la dama Claudia, que, amarrada en una ruleta gigante, ¡con una venda roja en los pispiretos ojos!, dará veloces vueltas mientras el Caudillo —vendado— sale en su defensa lanzándole los puñales, incluso los códigos morales con que empezaron el sexenio. Y nada más filoso que la Cartilla Moral; sólo Ariadna Montiel cree en ella, pero a su edad ya está grandecita para los mitos y leyendas, aunque dice que con eso elegirán candidatos.
Esperemos que Claudia salga avante de la difícil prueba, porque peor que el fuego amigo, nada.
Más difícil todavía, por algo la puso de presidenta en lugar de Marcelo… o de Fernández Noroña, que no están tan enajenados; Adán Augusto no se dejaría manejar así. Él canta la de Pinocho: “nadie me maneja a mí, libre soy” y presume que baila y salta sin cuerdas visibles.
Este y otros números bullen en la pista central, por dos sexenios consecutivos.
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