Por Amaury Sánchez G.
Puerto Vallarta, ese rincón donde los turistas buscan el sol y, de paso, algunos políticos también buscaban el sueldo… con familia incluida. La trama nos la regala la exregidora de Morena, Carla Verenice Estrada, quien terminó vinculada a proceso tras dejar que su yerno y su sobrino cobraran como “asesores fantasma”: aparecían en la nómina, pero invisibles en la oficina.
La Fiscalía Anticorrupción de Jalisco (que despertó después de una denuncia local en 2023) confirmó que sí había posibles delitos: ejercicio indebido del servicio público y abandono de funciones, por no denunciar a sus propios parientes quienes cobraban sin aportar nada a la comunidad . El juez Miguel García Hernández, con el Código Penal bajo el brazo, decidió vincularla a proceso el lunes 14 de julio (sin incluir el supuesto peculado) y le impuso medidas cautelares dignas de una novela juvenil: firma mensual, restricción de movilidad internacional y distanciamiento de “víctimas o testigos” —vamos, una ley seca familiar por seis meses .
La escena de su captura, el martes 8 de julio en el Boulevard Francisco Medina Ascencio, podría pasar por guion de telenovela: un ciudadano que puso denuncia, policía que la intercepta y la sorpresa de la exfuncionaria al enterarse que ahora sí tenía fans… pero judiciales .
¿Y el presidente municipal, Luis Ernesto Munguía González, opinó?
Buscamos declaraciones de Luis Ernesto Munguía González, quien asumió la presidencia municipal de Puerto Vallarta el 30 de septiembre de 2024, por parte del PVEM , pero no encontramos ninguna alusión pública al caso de la exregidora. No hubo boletines, tuits, entrevistas o ruedas de prensa oficiales donde él o su equipo municipal mencionaran el asunto. Es decir, nada de “yo no fui” o “vamos a investigar más”.
La única mención indirecta del ayuntamiento fue su actuación institucional a través de la Fiscalía Anticorrupción y el Poder Judicial, pero sin que el presidente municipal hiciera comentario político al respecto. Así que ese silencio oficial habla más que mil boletines.
“Regidora, nómina y parentesco: el nuevo culebrón vallartense”
Y aquí vamos con la parte Ajenjiana:
El trabajo “invisible”: sus familiares cobraban sin pisar oficina, cual fantasmas de la nómina pública. ¡Ni WhatsApp, ni un memo que firmaran!
La lógica familiar: en algunos hogares dicen “familia que cobra unida, permanece unida”… pero en este caso solo estaban unidos por el cheque.
El juez Hernández: convertido en el héroe ético, como si recitara el Código Penal en una receta de pozole: con condimentos de justicia y firmeza.
La Fiscalía como exorcista: llegó y expulsó del misterio esas nóminas poseídas… aunque tardaron lo suyo.
La escena en el bule: “¡Alto ahí!”, le dicen. Corte a zoom, plano general, acusación y dramatismo.
El “castigo adolescente”: firmar cada mes, no salir del país ni acercarse a la parentela… como castigo de secundaria para una que se pasó de lista.
Silencio de Munguía: su actuar ha sido de estatua marmórea: ni un “sí”, ni un “no”, a pesar de gobernar y gestionar asuntos edilicios .
Moraleja (con chiste incluido)
En Puerto Vallarta encuentran la fórmula perfecta: el árbol genealógico crece… hacia la nómina. Y algunos creen que servicio público es sinónimo de “plaza hereditaria”. Mientras tanto, un presidente municipal mantiene el silencio más elocuente del mundo: no dice nada, pero su omisión comunica demasiado.
Así que, estimado lector, atención. No sea que en la próxima función de esta tragicomedia, vayamos a aplaudir nomás por los apellidos que cobran… y ni escriban un oficio.
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