Los dos principales candidatos de Movimiento Ciudadano a las presidencias municipales más pobladas, Guadalajara y Zapopan, Pablo Lemus Navarro, son empresarios cínicos: ríen cuando en realidad debían llorar porque casi nadie quiere acompañarlos a sus mítines -van sólo acarreados- y casi nadie les acepta sus calcomanías para autos que pegan sujetos en leva comercial o del sector público.
Por eso a Lemus y a Frangie les resulta contraproducente la aplicación y uso de sus estilos priistas arcaicos, de engañar o pretender hacerlo, a la sociedad, inventando una falsa mayoría y movilizando a no adeptos como voluntarios para hacer sus penosas tareas de noche y de día.
Los últimos ejemplos que vivimos en la Zona Metropolitana de Guadalajara fueron en el 2015 y en el 2018, cuando los candidatos del PRI a presidentes, Ricardo Villanueva y Eduardo Almaguer no lograban que les aceptaban sus calcomanías y las encuestas decían que iban a perder.
Me refiero en concreto a los mítines de arranque de campaña en Guadalajara y Zapopan. Nadie en su sano juicio iría al evento de medianoche, domingo de semana santa, en tiempos de pandemia de Covid, al arranque de campaña de cualquiera y menos de Pablo Lemus y de Frangie.
Ahí llevaron a trabajadores municipales y a sus familias.
Y para pegar calcomanías, propósito abortado porque nadie quiere llevar en sus autos promoción del par, se llevaron a personal de empresas o de gobiernos. Y si usted no lo cree, acérquese y pregúntele a los de la brigada que lo aborden, en donde trabaja: si le dicen la verdad, le dirán que trabajan en el sector gobierno o en empresas. Y si se va más al centro de las ciudades, les dirán que son voluntarios. Esos “voluntarios” no trabajan gratis ni por menos de 300 pesos diarios. O sea, que ya están pagando gente que ofrezca calcomanías, porque los que se las rechazan lo hacen gratis y son abrumadora mayoría.

Ya arrancaron los de MC y lo hicieron con el repudio popular.

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