
Iván García Medina
Aunque oficialmente nadie se lo ha comunicado, en los corrillos donde se cocina la política ya se da por hecho: el ex rector de la Universidad de Guadalajara y hoy subsecretario de Educación, Ricardo Villanueva Lomeli fue colocado directamente por la presidenta de México, Dra Claudia Sheimbaum sobre la mesa como delegado de Morena en Jalisco.
Fuentes de primer nivel aseguran que Villanueva no llega por cortesía ni por cuota. Trae encomienda y trae objetivo: poner orden y reconstruir una unidad que hoy brilla por su ausencia entre los distintos grupos que disputan el control interno del partido en el estado.
No es casual que el movimiento haya sido recibido con beneplácito en las filas del llamado “modernismo”. Para muchos, su perfil técnico, su trayectoria académica y su experiencia en el manejo de conflictos lo convierten en una figura funcional para tiempos de fricción interna.
Si algo sabe hacer el ex rector es dialogar. Conoce el arte del disenso, entiende los equilibrios y sabe hasta dónde estirar la cuerda. Pero todo indica que no llega a ceder ante caprichos ni a negociar bajo presión. Su apuesta y su margen de maniobra estará en la construcción de consensos, no en la complacencia.
Eso sí: nadie pierde de vista una realidad ineludible. En Morena la verticalidad no es accidente, es método. El sistema es híper centralizado y las instrucciones se acatan. Villanueva lo sabe y, llegado el caso, se apegará puntualmente a cada línea que le sea marcada desde el centro.
Así que, para despejar dudas: el delegado no viene a improvisar ni a protagonizar.
Como en la milicia, su tarea será clara y su margen definido. Viene a cumplir órdenes. Y a que se cumplan.
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