La opinión del Dr Salvador Guerrero Chiprés
¿Feminicidio emocional ? La categoría, con todo el impacto contenido en dos palabras, revela también la esperanza por evolucionar los avances frente a los asesinatos por razón de género hacia un segundo piso conceptual del feminismo capaz de nombrar lo invisibilizado y atacar la violencia psicológica.
Tras la consolidación de un proyecto político liderado por mujeres en las máximas magistraturas del país y de la capital nacional, la agenda de género requiere trascender la narrativa de la representación numérica.
El despliegue estratégico y operativo impulsado por Clara Brugada desde la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México arroja certezas estadísticas. Entre enero y agosto de 2026, los delitos tipificados como privación de la vida por razones de género disminuyeron 11.1 por ciento en comparación con el ciclo previo, de acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.
Tal descenso valida la pertinencia de fiscalías especializadas, células de reacción con perspectiva de género y los protocolos de atención inmediata. No obstante, la frialdad de los indicadores convive con una realidad soterrada reportada por el Inegi: siete de cada diez mujeres mayores de 15 años han experimentado incidentes de violencia a lo largo de su vida, destacando 51.6 por ciento de agresiones estrictamente emocionales. Y podrían ser más.
Frente a este vacío estadístico, la activista María Elena Esparza Guevara, en su libro Feminicidio Emocional. El drama de las mujeres muertas en vida, provee el marco conceptual indispensable para nombrar con claridad la violencia de mayor prevalencia contra las mujeres, y con ello abrir la oportunidad de generar protocolos de atención, sanción y sanación.
La obra sitúa a la violencia psicológica no como simple preludio, sino como fin destructivo en sí mismo; visibiliza el calvario de quienes habitan un estado de muerte civil e íntima debido al control patrimonial, el aislamiento social inducido, el chantaje afectivo y la humillación cotidiana.
Al concebir este fenómeno bajo el rigor de su marco teórico, el maltrato sutil deja de ser una falta menor para entenderse como un proceso sistemático de aniquilación de la identidad con la urgencia de identificar tanto a la víctima como al victimario en lacotidianidad del hogar.
En tanto los mecanismos de justicia comunitaria e institucional aíslen y señalen al agresor emocional, la probabilidad de escalada hacia el daño corporal disminuirá y se profundizarán los avances frente a los asesinatos por razón de género.
Feminicidio emocional es una categoría disruptiva para construir el segundo piso conceptual del feminismo iniciado con el cambio de régimen.
@guerrerochipres
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