
por Manuel Gutiérrez.
De regreso a las noticias del frente, la conmoción rusa es que los drones de Ucrania bombardearon objetivos a 113 kilómetros de Moscú, lo que motivó una reunión urgente del Consejo de Seguridad de Rusia, dirigido por Putin que prometió represalias mayores ante la audacia de los defensores que han llevado a la guerra a las profundidades de Rusia.
Pero el colmo, no son los ataques de drones.
Recuerdan la operación del Coronel James D. Doolitle, cuando a bordo del portaviones Hornet, lo llenó de 16 bombarderos B-25 bimotores a los que se privó de ametralladoras y otros accesorios, para aligerarlos y los lanzó una vez que se aproximó lo más que pudo a Japón, a llevar su mortal carga sobre Tokio y otras cuatro ciudades, el simple hecho de despegar con carga máxima de bombas fue una hazaña.
“Será un piquete de alfiler para el imperio de Japón, pero sabrán que no están a salvo de nuestras bombas” declaro Doolittle.
Fue el autor de la temprana venganza de Pearl Harbor. El destino de los aviones fue una pérdida total, todos fueron derribados, pocos llegaron a China para aterrizar de manera forzosa, otros terminaron en campos de prisioneros, unos fueron rescatados por fuerzas de Chiang Kai Shek, los nacionalistas y otros cayeron sobre las aguas del mar de China. Pero la guerra había dado la vuelta.
Ciertamente los drones que atacaron a Rusia, solamente pincharon con un alfiler al orgullo y al mito de la invulnerable invasora. Lo significativo es que anunciaron que la guerra puede ir en otra dirección y que no les están saliendo las cuentas.
LA SUPERBATALLA, UN FIASCO RUSO
Medios internacionales narraron la esperada super batalla de tanques, en que no participó ninguno de los tanques nuevos cedidos por Europa, por la simple razón que apenas empiezan a llegar.
Lo interesante fue nuevamente el error se hizo presente destrozando a una brigada naval de Rusia la 55 de Infantería, una de los mejores y más fogueadas y a sus blindados.
Rusia procedió a atacar con columnas, seguidas por tropas en un frente abierto. Los ucranianos se replegaron a escondites, resguardos para tanques y en cuanto los rusos estuvieron a tiro, comenzaron a causarles bajas. Sin ofensiva, desbarataron el ataque dejando 130 tanques rusos destruidos de una vez. El New York Times, que atestiguó el hecho indicó que el comportamiento ruso fue errático, con combatientes sin experiencia y mal dirigidos, sumando un error tras otro y agotando sus recursos sin beneficio.
Los ucranios no daban crédito. Los tanques rusos repitieron los mismos errores del inicio de la guerra, resultado vulnerables a los proyectiles anti-tanque.
Vuhledar, es el nombre de esa nueva derrota, y se sumó a una larga lista de incidentes en que el mando militar de Rusia fracasó; quién sabe cómo lo justificarán ante Putin.
En la batalla los ucranios usaron munición Himars, los misiles franceses César y los M777 usando todo lo que les cae en las manos, cerrando el cerco y procediendo a la destrucción total.
Las ofensivas de Rusia han tenido grandes vacíos en sus cortinas de artillería, dado que el Kremlin, no hace llegar suficientes municiones, lo que propicia que los ucranios los esquiven.
Las fuerzas rusas están involucionando negativamente. Fallas tácticas, de logística y de una estrategia convincente no le salen al nuevo comandante Guerasimov, que ofreció ganar la campaña de la primavera y doblegar al enemigo.
Otra nota que impacto y que causó la condena de Rusia por “terrorismo internacional” surgió no de parte de Ucrania, propiamente sino de un grupo denominado “Cuerpo de Voluntarios Rusos” que realizó ataques en zonas civiles de Briansk. Al grupo se le define como nacionalista armado y figura entre lo más odiado por Rusia, por optar en apoyar a los invadidos y ser rebeldes armados contra Putin.
En otro de los escenarios, Eugeny Prigozhin, cocinero millonario líder de los mercenarios de Wagner, intentó tomar de una vez Bajmut como dicen en España o Bakhmut, en que a este grupo se le conferido de misión de conquistarla y no han logrado nada pese a cercar la zona.
La fuerza Wagner privada, paga a 50 mil mercenarios provenientes de Asia, Africa y Europa y de otras nacionalidades, pero Eugeny en el sitio de batalla reconoció que no han podido doblegar la resistencia de los defensores.
Quien gane este punto podrá conquistar vías de acceso a profundidad y dos ciudades próximas, dominando la región de Donbas, por lo que la batalla lleva más de tres meses quedando 4,500 civiles atrapados, de una población de 75 mil. Es una llave.
Ucrania envió más refuerzos, decidida no ceder Bajmut que será recordado como un escenario dantesco y una versión del molino de carne de la guerra de esta latitud.
Por otra parte, el invierno que Putin esperaba doblegara a Ucrania, tampoco funcionó bajo los bombardeos rusos a los centros civiles e instalaciones de energía, fue uno de los inviernos más difíciles de lo que tenga memoria la población, pero Zelensky indicó que han sobrevivido como también lo hizo Europa, sin depender del gas de Rusia.
Signos de los cambios, es el recio ataque que Ucrania lanzó con drones contra Crimea, que los rusos dijeron haber neutralizado. Crimea, ya quedó al alcance de armas de largo alcance de Ucrania.
Los refuerzos provenientes de diversos campos de entrenamiento están listos y las esperadas dotaciones de tanques y aviones nuevos, al llegar cambiarán aún más desfavorablemente el escenario para una guerra, que solamente en discursos como el de Putin el 21 de febrero, ante sus seguidores, pinta que va requetebién, pero los ucranianos tienen otros datos, pero reales y que comprueban ante los aliados.
Los drones están a cien kilómetros de Moscú, quizá en esta estación de primavera, puedan sentir lo que las poblaciones de Ucrania han padecido durante toda la operación, la alarma, el miedo y la explosión, pero esta vez en casa. La guerra da la vuelta.
Ese discurso en el aire, del miedo real, matará sin duda la demagogia militarizada de Putin de que van a ganar la guerra en breve y más con la “ayuda” de los militares de alto rango de Rusia, que ascendieron haciendo zalemas y limpiado botas, muy severos aplican castigos terribles a sus soldados,no aprendiendo las artes de la guerra y la tecnología, por ello cada campaña termina en fracaso como hasta hoy.
Rusia requiere una depuración entre sus altos mandos que se han enroscado en las cumbres, jerarquías de opereta, que han sido causa de fallas, anacronismo, el culto a la personalidad, pero la falta de preparación y una conducción inexistente son evidentes.
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