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Por Carlos Ramírez*

La nueva ola de violencia llevó al gobierno federal al decreto del 11 de mayo para autorizar la participación de las fuerzas armadas en labores de apoyo a la seguridad publican basados en el Cuatro Transitorio constitucional del decreto de marzo de 2019 de creación de la Guardia Nacional. El funcionamiento del nuevo cuerpo de seguridad ha sido más complejo de lo esperado, en tanto que los grupos delictivos siguen operando inclusive en etapas de alto contagio de la pandemia del coronavirus.

Tres elementos hay que fijar en este tema:

1.- Las reglas de participación de las fuerzas armadas en seguridad son más claras, con reglamentos en cuando a preminencia de tribunales civiles, vigilancia de derechos humanos y ley sobre el uso de la fuerza.

2.- El gobierno del presidente Trump echó a andar, quizá como parte de su estrategia de reelección presidencial, varios operativos contra organismos criminales transnacionales, uno contra el Cártel Jalisco Nueva Generación y su jefe Nemesio El Mencho Oseguera Cervantes y otro contra Ovidio Guzmán López, el hijo de El Chapo.

3.- Quienes se oponen al decreto del 11 de mayo no registran el hecho de que se ajusta al Cuatro Transitorio constitucional y tampoco se preocupan por el incumplimiento del Séptimo Transitorio que obliga a las autoridades estatales y municipales a profesionalizar sus policías locales para ir disminuyendo el apoyo federal y la participación de las fuerzas armadas.

Quizá la parte más importante del tema de la seguridad, las fallas, el mantenimiento de las alzas cifras de violencia y los ataques de cárteles con armamento superior al de las policías se localice en el concepto que explica el nivel de inseguridad en México.

En las doctrinas de seguridad se localizan tres tipos específicos: la seguridad pública que tiene que ver con el ciudadano y sus pertenencias, la seguridad interior que abarca la defensa del Estado ante agresiones criminales y la ocupación de zonas territoriales de la soberanía del Estado interrumpiendo el crecimiento económico y la seguridad nacional que defiende a México en las fronteras y el uso de la inseguridad para presiones de potencias extranjeras.

El decreto del 11 de mayo se ubica en la seguridad interior. Las fuerzas armadas apoyan a las fuerzas de seguridad. Se ha dado el caso curioso de que los militares han sido más sensibles en ajustarse a las reglas civiles de la seguridad que las policías a entender el papel de los militares. Las fuerzas armadas tienen oficinas propias de derechos humanos, entrenan a sus efectivos en técnicas de control de fuerza y se han sometido a tribunales civiles en casos de abusos de fuerza.

Las fuerzas armadas están en seguridad en función de la seguridad interior, es decir, cuando los criminales rebasan o compran a funcionarios y policías y ceden espacios territoriales del Estado a los grupos delictivos, así como en situaciones de violencia que excluyen a zonas de la república de la libertad necesaria para el crecimiento económico. Hay grupos delictivos que tomaron pueblos completos, tienen bajo su mando a funcionarios estatales y municipales y rompen las cadenas de producción.

El debate, pues, no es sobre los militares, sino sobre la seguridad interior. Sin los militares persiguiendo bandas delictivas, la república estaría horadada por el control criminal de zonas territoriales. Los militares no están actuando como policías, sino como organismo de seguridad interior.

 

Ley de la Omertá

En su ensayo La política como vocación, el sociólogo Max Weber, cuyo centenario de su muerte se acaba de celebrar, aporta la que se ha considerado como la definición más exacta del Estado:

“Estado es aquella comunidad humana que, dentro de un determinado territorio –y el territorio es el elemento distintivo– reclama –con éxito– para sí el monopolio de la violencia física legítima. Lo específico de nuestro tiempo es que a todas las demás asociaciones e individuos sólo se les concede el derecho a la violencia física en la medida en que el Estado lo permite. El Estado es la única fuente de “derecho” a la violencia”.

En el contexto de Weber se establece el criterio de que la disputa por el poder tiene dos espacios: la política con sus reglas y la violencia sin reglas. Los grupos delictivos usan la fuerza para ocupar partes territoriales del Estado y el Estado tiene el derecho de usar su fuerza para imponer su fuerza como la violencia legal que permite en funcionamiento de la sociedad.

La inseguridad violenta es una disputa por territorios del Estado, no sólo la exacción de recursos de una sociedad por la vía delictiva. De ahí que el Estado deba de usar toda su fuerza para contener, encarcelar y limpiar zonas territoriales del control criminal como un Estado dentro de otro Estado.

La modernización policiaca, las nuevas reglas de seguridad y el uso de fuerzas armadas son parte de los derechos del Estado para impedir que los criminales se apoderen de zonas del Estado.

 

Zona Zero

• El arresto de la madre, la esposa y una prima de José Antonio Yépez Ortiz El Marro, jefe del Cartel de Santa Rosa de Lima especializado en huachicoleo, fue una acción del Estado para liquidar una de las organizaciones criminales que por sí y en su guerra contra el Cártel Jalisco Nueva Generación, mantenía altos índices de violencia en Guanajuato.

• Como ya se ha escrito, El Marro, Ovidio Guzmán López y el jefe del CJNG Nemesio Oseguera Cervantes El Mencho estaban en la lista prioritaria de la seguridad del país. Por sí mismos, por incapacidad policiaca y por corrupción, esos tres cárteles formaban la cumbre criminal por excelencia. Ovidio y El Mencho están, además, en la lista de los más buscados por la justicia estadunidense y existen ya grupos de inteligencia estadunidense en México fijando posiciones para capturarlos. Los dos irían a los Estados Unidos como extraditables. Pero los dos tienen organizaciones criminales que podrían desatar una fase superior de guerra violenta criminal.

 El autor es director del Centro de Estudios Económicos, Políticos y de Seguridad.

seguridadydefensa@gmail.com

www.seguridadydefensa.mx

@carlosramirezh

Las opiniones expresadas por los columnistas son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de Expedientes Afondo

Nacido en la ciudad de Oaxaca en 1951, Carlos Ramírez comenzó su vida profesional en el periodismo en 1972. Y desde entonces ha estado ininterrumpidamente en el periodismo mexicano. Además de la práctica periodística, ha sido profesor de periodismo en la Universidad Nacional Autónoma de México y en la Universidad Iberoamericana, además de ser un conferencista cotidiano en universidades de todo el país. Autor de la columna; Indicador Político Twitter: @carlosramirezh Página Web: http://indicadorpolitico.mx

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Carlos Ramírez

Indicador Político- AMLO-EU: del nacionalismo defensivo al pragmatismo sin agenda estratégica

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Por Carlos Ramírez*

El error en el análisis sobre la reunión del presidente López Obrador con el presidente Donald Trump no radica en lo obvio: el uso que le dará el anfitrión dentro de su campaña electoral. Lo más importante radica en el hecho de que por primera vez México carece de una agenda estratégica con los EE UU.

La falta de esa agenda estratégica y la laguna de enfoque geopolítico en la diplomacia tribal del canciller Marcelo Ebrard Casaubón llevaron al error de pedir el apoyo de Trump en la pandemia –ventiladores–, cuando la agendaestratégica exigía una sana distancia del imperios ante la agenda real: migración, la Guardia Nacional resguardando los intereses de Washington en las fronteras mexicanas, la falta de iniciativas en las correcciones del Tratado de Comercio, el intervencionismo de las agencias de inteligencia y seguridad nacional en el narco en México y las presiones para mantener negocios dentro del Tratado.

En los más de doscientos años de relaciones bilaterales –primero como posición española y luego como república–, México definió sus relaciones con la Casa Blanca con tres principios: el conflicto histórico por la perdida de la mitad del territorio en la invasión de 1847, la vecindad imperial basada en la frontera estadunidense con el sur latinoamericano en el Suchiate y no en el Bravo y la desconfianza.

México pasó del nacionalismo activo hasta principios del Siglo XX al nacionalismo defensivo –concepto de Lorenzo Meyer– y de ahí saltó el entreguismo totalizador que exigió el Tratado de Comercio libre firmado por el presidente Carlos Salinas de Gortari en 1993 y ratificado en sus términos formales –comercio– y en sus términos estratégicos —geopolítica del imperialismo estadunidense– por los presidentes Enrique Peña Nieto y López Obrador.

El Tratado en sus dos versiones –el firmado por Bush-Clinton y el revisado por Peña-López Obrador– se basó en el Memorándum (Proceso 758) del embajador estadunidenses en México en 1991 John Dimitri Negroponte –el más poderoso jefe de los servicios de inteligencia y seguridad nacional de la Casa Blanca–, en el que se fijó el parámetro estratégico del comercio como eje de la dominación imperial:

Desde una perspectiva de política exterior, un TCL institucionalizaría la aceptación de una orientación norteamericana en las relaciones exteriores de México”.

Y así fue. El sometimiento de la histórica política exterior mexicana con principios estratégicos de seguridad nacional en función de los intereses mexicanos se enterró a finales de 1989, iniciadas ya las negociaciones del Tratado, con el apoyo de México a la invasión de los EE UU de Panamá para arrestar al jefe del ejército panameño –paradójicamente agente de la CIA durante el año en que George Bush Sr. dirigió la agencia–, violando la soberanía panameña.

El Tratado que rige la totalidad de las relaciones bilaterales –en lo económico y en seguridad nacional– se firmó en función de las propuestas de la Comisión Binacional México-EE UU que concluyó en 1987 que México debería cambiar sus enfoques históricos y educativos sobre los EE UU desde la educación. Los gobiernos de De la Madrid y Salinas cumplieron con esa recomendación.

Y ha querido la realidad exhibir el desdén estadunidense a los enfoques de vecindad del Tratado con una política migratoria militarizada, agresiva y racista que México, hasta ahora, no se ha atrevido a condenar. En plena revisión del Tratado Trump se dedicó a insultar, criminalizar y deportar a mexicanos sólo por consideraciones sociales, sin que los gobiernos de Peña Nieto y López Obrador pudieran o quisieran impedirlo o cuando menos disminuir su agresividad.

El Tratado salinista anuló la agenda estratégica de la política exterior mexicana y el gobierno de Trump ha definido la suya con criterios racistas, de explotación de recursos y de desdén.

El nuevo gobierno del presidente López Obrador y del canciller Ebrard debió de haberle dado prioridad a la definición de su agenda estratégica con los EE UU, inclusive sin agresividad ni confrontación, pero sí con la ratificación de los principios históricos reales de la diplomacia de colaboración-resistencia-defensiva.

Esta semana, sin esa agenda estratégica mexicana, se dará la reunión de López Obrador con Trump.

-0-

Política para dummies: La política es la estrategia de defensa ante las agresiones de adversarios y conquistadores.

http://indicadorpolitico.mx

indicadorpoliticomx@gmail.com

@carlosramirezh

 

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Gabriel Torres Espinoza

En justicia, el semáforo es rojo

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Gabriel Torres Espinoza*

En materia de procuración e impartición de la justicia, en Jalisco el semáforo marca rojo. El Índice de Estado de Derecho en México 2018  realizado por el World Justice Project (WJP) mide el Estado de Derecho por medio de ocho variables: 1) límites al poder gubernamental; 2) ausencia de corrupción; 3) gobierno abierto; 4) derechos fundamentales; 5) orden y seguridad; 6) cumplimiento regulatorio; 7) justicia civil; 8) justicia penal. Este ranking coloca a Jalisco en la posición 23 del tablero nacional. Ahora bien, el Índice de Impunidad Subnacional en México 2018, elaborado por la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP), advierte que Jalisco tiene un “grado de impunidad alto”, ubicándose en el lugar N° 13 del tablero nacional. Los indicadores se clasifican en grados de impunidad “bajo”, “medio”, “alto” y “muy alto”.

Efectivamente, una de las asignaturas pendientes en México, y en el estado Jalisco, en materia de reformas constitucionales, es la correspondiente a la procuración e impartición de justicia. Especialmente en las prácticas de los actores políticos. Sin embargo, aunque se realizara una reforma constitucional, de esas que los entusiastas del diseño institucional llaman como “estructurales” o “de gran calado”, de nada serviría, con la paupérrima y raquítica calidad de los perfiles que integran el Poder Judicial y la Fiscalía. Especialmente hoy que se devela que, a pesar de las reformas, la designación de los integrantes del Poder Judicial sostiene un grotesco reparto de ‘cuates y cuotas’, pero sin perfiles profesionales idóneos. Lo de menos sería que fueran los ‘cuates’ de los diputados, si por lo menos se asegurara un adecuado perfil y trayectoria. Debido a ello, es que el mismo Congreso, tuvo que violar la Constitución, la Ley Orgánica del Poder Judicial y su propia convocatoria, para regresar al ‘sistema de complicidades’, que atiende la nociva lógica de gente ‘incondicional’, pero sin perfil calificado.

Para ejemplos están los paradigmáticos casos de Armando García Estrada y Alberto Barba, otrora integrantes “suertudotes” del TAE, y que con el “reformón” efectista, de auténtico “relumbrón”, que dio lugar al Sistema Anticorrupción, pasaron a integrar el Tribunal de Justicia Administrativa: un Tribunal con un papel protagónico para combatir la corrupción de la vida pública en Jalisco, en manos de los más cuestionados y principales “enemigos públicos” de la metrópoli. Igualmente, emblemático resultó el caso de Vega Pámanes, que llegó a titular del Supremo Tribunal de Justicia del Estado de Jalisco.

El caso de la reciente designación y nombramiento de los consejeros de la judicatura, es la “cereza del pastel” en el cinismo que envuelve a la impartición de la justicia en Jalisco: el órgano interno de control del Poder Judicial, esto es, el Consejo de Judicatura, está conformado ahora precisamente por quienes violentaron una convocatoria y el método de elección previsto en la Constitución. Mientras esto no cambie, no habrá #ReformaQueSirva (así como las consignas de #FiscalíaQueSirva). En todo caso, pasarán a sumarse a la larga lista de reformas ‘gatopardistas’: de esas que todo cambian en la norma, para que la normalidad siga siendo la misma.

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Policía Metropolitana de Guadalajara, otra ocurrencia más

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Horacio Villaseñor Manzanedo*

La seguridad pública, en general, se encuentra regulada por el artículo 21 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que establece algunas bases mínimas y limitantes en la materia, siendo reglamentaria de dicho artículo la Ley General del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Respecto de las autoridades competentes en seguridad pública, conforme lo señala el artículo 115, fracción III, inciso h, de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, se trata de un servicio público municipal, por lo que los municipios, previo acuerdo entre sus ayuntamientos, pueden coordinarse y asociarse para su más eficaz prestación o el mejor ejercicio de las funciones que les correspondan. Por su parte, la Ley General de Asentamientos Humanos, Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano, en el artículo 34, fracción XIII, establece que la seguridad pública es de interés metropolitano y, por tanto, a partir de su artículo 31, es de entender que existe deber de acción conjunta en dicha materia en un área metropolitana. Para el caso de Jalisco, con base en los decretos 23021/LVIII/09 y 25400/LX/15 publicados en el Periódico Oficial “El Estado de Jalisco” los días veintiséis de diciembre de dos mil nueve y veintiséis de agosto de dos mil quince, respectivamente, se ha conformado como el Área Metropolitana de Guadalajara (AMG), integrada por los municipios Guadalajara, Zapopan, San Pedro Tlaquepaque, Tonalá, Tlajomulco de Zúñiga, El Salto, Juanacatlán, Ixtlahuacán de los Membrillos y Zapotlanejo. Por acuerdo de los Ayuntamientos de los municipios indicados, tomados en sesiones del 25 al 27 de octubre de 2016 (así lo señala el Convenio específico) se aprobó la celebración de un convenio específico para la creación de la Agencia Metropolitana de Seguridad (AMS) como organismo público descentralizado intermunicipal, lo que fue formalizado mediante Convenio del día 31 de octubre de 2016. Es de destacar que en dicho convenio también es parte el Gobierno Estatal, al haber comparecido el Gobernador, el Secretario General de Gobierno, el Secretario de Planeación, Administración y Finanzas y el Fiscal General del Estado. En la cláusula tercera de dicho convenio se señala que la AMS no es competente ni ejerce funciones de operación policial y mando, lo que permanece en los Ayuntamientos; pero sí le corresponde formular, instrumentar y proponer programas y políticas públicas municipales metropolitanas, así como realizar estudios y análisis que permitan encontrar los mecanismos de interés público que garanticen el derecho humano a la seguridad. El 26 de julio de 2019 se firmó un convenio para la creación de otra dependencia, el Organismo Público Descentralizado (OPD) Policía Metropolitana de Guadalajara que sustituyó a la Agencia Metropolitana de Seguridad (AMS). Como no se llevó a cabo, la modificación de los artículos 101 y 102 de la Ley del Gobierno y la Administración Pública Municipal, a fin de señalar los casos relativos a las instancias metropolitanas de seguridad con atribuciones operativas, bajo los convenios específicos, con un artículo transitorio que estableciera el deber de reglamentación por parte del área metropolitana o asociarse y crear la Policía Metropolitana de Guadalajara, resultó lo que hoy es. Ninguna instancia de coordinación metropolitana, agencias u organismos públicos desconcentrados con un enfoque de gobierno metropolitano funcionará, ello es equivocado, es ignorante desde la perspectiva de la administración pública municipal y no es el camino adecuado. Coordinarse, no significa crear espacios institucionales metropolitanos, solo coordinarse. Si coordinarse, cuesta un peso más, ¡no se coordinen!, el espíritu de la coordinación metropolitana es ahorrar. Los ayuntamientos deben de recuperar el control de sus territorios y no se logrará con ediles improvisados. Ceder las obligaciones municipales, es irresponsable y tonto. Lo que se debe hacer es fortalecer los ayuntamientos, integrarlos con gente profesional, lograr que sean eficaces, fuertes, autosuficientes, que resuelvan los problemas públicos de su competencia, para que después se coordinen en lo que sea necesario, hoy solo coordinan sus miserias y su ignorancia. De allí que la Policía Metropolitana de Guadalajara, fue otra ocurrencia más. Ni modo.

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