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Por Carlos Ramírez

La visita de seis y media horas de la vicepresidenta Kamala Harris a México el martes 8 de junio fue suficiente para replantear las relaciones bilaterales en los espacios políticos de la administración Biden. Pero no hubo buenas noticias. Al final, el viejo modelo imperial de imposición de criterios, políticas y estrategias de Washington volvió a manifestarse ahora con mayor intensidad en el gobierno demócrata actual. Sin embargo, los primeros indicios han mostrado una respuesta nacionalista de instituciones de gobierno de México que lograron cuando menos enfriar los ánimos imperiales de la Casa Blanca.

La visita de la vicepresidenta Harris fue considerada o acreditada como visita oficial no en el protocolo de visita de Estado. Sin embargo, aún en una visita oficial existen mecanismos, fórmulas y protocolos que deben cumplirse para un cruce equilibrado de agendas de intereses entre los dos países. No obstante, los datos que se tienen indican que EE. UU. simplemente no tomó en cuenta ninguno de los puntos sugeridos por el gobierno de México y al final quedó no en una visita oficial sino en lo que pudiera considerarse una visita de supervisión de intereses unilaterales por parte de Estados Unidos.

Lo malo de todo fue que en la agenda estadounidense existen temas que requieren no solamente de la cooperación mexicana sino de un involucramiento directo institucional y sobre todo coordinado. En materia de migración, por ejemplo, el presidente Donald Trump tuvo que entender a base de desencuentros que México tiene capacidad cooperativa y llega a acuerdos que salvaguarden los intereses mexicanos en la zona fronteriza no solamente de México con EU sino de México en su zona sur como puerta de entrada a lo que sería Sudamérica y Centroamérica. Ahora, sin embargo, el gobierno de Biden simplemente definió su agenda y vino a imponérsela a México sin ninguna negociación diplomática.

Los cuatro temas fundamentales de la relación bilateral quedaron definidos en función de los intereses estadounidenses. La parte mexicana simplemente se dedicó a escuchar las propuestas estadounidenses, sin entregar a cambio ningún compromiso de cooperación o de interrelación. Los temas de narcotráfico, frontera, tratado de Comercio y Centroamérica no encontraron acuerdos bilaterales, dejando a México la capacidad de decidir por su cuenta sin tener ningún entendimiento con la Casa Blanca.

El único indicio importante de carácter estratégico que dejó la visita de la vicepresidenta Harris fue la reorganización del poder político en la Casa Blanca. En documentos oficiales hay la referencia a la administración Biden-Harris, un hecho que no se había dado en gobiernos anteriores porque el cargo de vicepresidente es honorario y solamente tiene una función política: decidir con su voto un desempate en votaciones en el Senado. Fuera de ello, la función de la vicepresidencia es simplemente de expectativas y de cobertura para no crear una crisis de mando constitucional en caso de que algo le ocurra al presidente de Estados Unidos.

En el caso de la vicepresidenta Harris llama la atención el hecho de que ella ha tenido un activismo inducido de manera directa por el presidente Biden como una forma de comenzar a dejar indicios de cómo estaría el problema sucesorio en caso de que algo le ocurra al presidente por su edad de 78 años y ya cierta falta de capacidad y dinamismo para ejercer el poder. En los hechos estamos frente a un poder presidencial estadounidense bicéfalo y sobre todo dos capacidades de decisión, aunque la vicepresidenta Harris ha sido muy clara en subordinar todas sus decisiones y todo su funcionamiento a las instrucciones que recibe de manera directa del presidente.

En cuanto a la agenda mexicana poco hubo de avance. EE. UU. buscaba la restauración de los acuerdos de cooperación en materia de narcotráfico que el presidente López Obrador había suspendido con la anulación en los hechos de la Iniciativa Mérida y con las nuevas instrucciones incluidas en la ley de seguridad nacional para que no exista ningún operativo clandestino de agencias estadunidenses en México y que todos los agentes y sobre todo sus operaciones sean registrados ante las autoridades y a la vez lleven también cierto tipo de beneficios para México en materia de aportación de tecnología e inteligencia.

Por la prioridad estratégica EE. UU. tiene mayor interés en los temas de narcotráfico, inestabilidad en la frontera y protestas por violaciones a la inversión privada en el tratado y México en cambio ha marcado su propio camino con prioridades nacionales. El desacuerdo más importante radica en que México ha disminuido la persecución de capos y de cárteles en tanto que EE. UU. está exigiendo que México aumente su guerra de seguridad contra el crimen organizado, porque el comercio y el tráfico de drogas en el interior de Estados Unidos está controlado por representantes de los siete más importantes cárteles mexicanos. Es decir, que el narco mexicano ya se infiltró en la vida cotidiana de Estados Unidos y no hay ningún acuerdo de entendimiento con México para frenar ese proceso

En este sentido, la visita de la vicepresidenta Harris puede considerarse como un fracaso para la política exterior de Estados Unidos, para su estrategia bilateral y sobre todo para su seguridad nacional porque no se encontró un ambiente de entendimiento con México y con el gobierno del presidente López Obrador para llegar a acuerdos conjuntos bilaterales. El problema de fondo radicó en el modelo unilateral de EE. UU. de fijar su visita, diseñar su agenda y excluir cuando menos una negociación previa con el Gobierno mexicano.

Mientras la vicepresidenta Harris se enredaba en la incomprensión de los estilos mexicanos y del estilo personal del presidente López Obrador para llegar alguna especie de acuerdos, el presidente Biden dedicaba su principal atención estratégica al grupo de los 7 países más ricos del mundo que tiene en sus manos la reactivación económica y a la reorganización de la OTAN como organismo militar de contención de los adversarios tradicionales Rusia y China.

El autor es director del Centro de Estudios Económicos, Políticos y de Seguridad.

El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista y no del periódico.

seguridadydefensa@gmail.com

www.seguridadydefensa.mx

@carlosramirezh

Las opiniones expresadas por los columnistas son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de Expedientes Afondo

Nacido en la ciudad de Oaxaca en 1951, Carlos Ramírez comenzó su vida profesional en el periodismo en 1972. Y desde entonces ha estado ininterrumpidamente en el periodismo mexicano. Además de la práctica periodística, ha sido profesor de periodismo en la Universidad Nacional Autónoma de México y en la Universidad Iberoamericana, además de ser un conferencista cotidiano en universidades de todo el país. Autor de la columna; Indicador Político Twitter: @carlosramirezh Página Web: http://indicadorpolitico.mx

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Carlos Ramírez

Indicador Político- Desigualdad, sigue: 70% con ingreso Igual al 10%; 20% con mitad de riqueza

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Carlos Ramírez

Desde que en 1968 el economista Enrique Padilla Aragón reveló que el modelo de desarrollo posrevolucionario había generado un proceso de crecimiento económico con pobreza y desigualdad social, los gobiernos populistas, neoliberales y posneoliberales han carecido de alguna propuesta para vincular el crecimiento y la distribución de la riqueza que define el desarrollo.

La última Encuesta Nacional de Ingreso y Gastos en los Hogares en 2020 del INEGI revela las cifras que desnuda la dimensión de la crisis populista, la crisis neoliberal y la crisis pandémica: la distribución del ingreso nacional entre familias perdió en el -8.5% del PIB el año pasado lo ganado en los anteriores dos años y el reparto de la riqueza regresó a la desigualdad de 2016.

Dos cifras son reveladoras del retroceso en desigualdad social padecida en los últimos dos años de PIB negativo:

1.- El 70% de las familias mexicanas entre pobres y clase media tienen el mismo ingreso que el 10% de las familias más ricas; a nivel más global el 80% de las familias tiene el mismo ingreso que el 20%de las familias ricas. Este 20% de las familias ricas acapara, sin que alguna política económica rompa esa concentración, el 51.7% del ingreso nacional.

2.- A nivel de ingreso corriente promedio, el 10% de las familias más ricas tiene ingresos por 18 veces más que el 10% de las familias más pobres.

La distribución de la riqueza representa una de las funciones prioritarias del Estado, si no es que la más importante, porque se utilizan instrumentos fiscales para repartir la riqueza nacional tratando evitar la concentración del ingreso. Al contrario, la crisis 2018-2020 disminuyóparticipación en el ingreso a los sectores más pobres y transfirió mayor riqueza a los sectores con mayor concentración.

Las cifras del INEGI exhiben que el 10% de las familias más pobres perdió lo ganado en 2016-2018 y en el 2020 regresó al punto de 2016. En cambio, el 10% de las familias más ricas había perdido 2.8 puntos porcentuales de su participación en la riqueza, pero la crisis permitió su recuperación.

Lo anterior quiere decir que la crisis económica, el tránsito del modelo neoliberal al modelo posneoliberal y el PIB negativo en 2019-2020 afectó más a los pobres y beneficio más a los ricos.

Otros datos de la encuesta 2020 del INEGI han sido ya referidos en medios: la disminución de 5.8% en el ingreso corriente trimestral y la baja de 12.9% en el gasto corriente, además del aumento de 45% del gasto en salud por la falta de una política estratégica del Estado para proteger a los sectores con bajos niveles de ingresos que dependen de los subsidios gubernamentales.

La encuesta, además, reconfirma la polarización en el ingreso regional: Nuevo León, el estado con mayor actividad industrial, encabeza la lista de sociedades más favorecidas, en tanto que en los cinco últimos lugares aparecen las entidades más abandonadas de las políticas redistributivas de la riqueza: Tlaxcala, Oaxaca, Veracruz, Guerrero y en último lugar Chiapas. Chiapas, por ejemplo, tiene seis veces menos ingreso corriente qué Nuevo León.

Las cifras de concentración de la riqueza a través del ingreso nacional han sido siempre los indicadores definitivos de la estructura de desigualdad social que existe en México y de la polarización entre ricos y pobres. Las tres políticas económicas existentes –populismo, neoliberalismo y posneoliberalismo– se han fijado las metas, con diferentes grados de eficacia, de evitar la profundización de la desigualdad a través de políticas públicas de carácter fiscal y de programas sociales, pero todas han fracasado.

La desigualdad estructural que existe entre las diferentes clases sociales se confirma en las evaluaciones del CONEVAL: en promedio el 80% de las familias mexicanas vive con una a cinco restricciones sociales, lo que indica padecimientos de desigualdad en diferentes niveles y puntos de bienestar por abajo de la media; y del lado contrario, solo el 20%de la población vive con un bienestar suficiente y sin ninguna carencia social.

 La encuesta del INEGI confirmó que México sigue siendo un país con desigualdades sociales estructurales que lo colocan entre las naciones de bajodesarrollo social.

 

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Carlos Ramírez

Indicador Político- Intelectuales y Cuba, “una pasión desdichada”

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Carlos Ramírez

Ahora que existe una coyuntura para la rendición de cuentas sobre la construcción de ese monstruo caribeño que se simbolizó como revolución cubana, podrían estarse dando las condiciones para voltear la mirada hacia los intelectuales sartreanos que proyectaron el compromiso de su escritura en apoyo a un movimiento social ideológico que resultó en una caricatura de socialismo autoritario.

Quizá el alejamiento posterior crítico de esos intelectuales pueda disminuir un poco su responsabilidad en la justificación de una dictadura personalista en La Habana. De todos modos, habría que fijar la atención sobre ellos, cuando menos para que asuman su responsabilidad del pasado.

Los intelectuales latinoamericanos y europeos apoyaron y forjaron el mito revolucionario de Fidel Castro de 1959 a 1971 y la ruptura se dio entorno al arresto, tortura psicológica y represión al poeta cubano Heberto Padilla, por cierto, funcionario revolucionario y víctima de sus propias teorías de la conspiración. La acusación en su contra fue un absurdo del Gobierno cubano, pero ocurrió en el momento en que la sensibilidad revolucionaria no aceptaba poemas insidiosos contra sus líderes.

El caso Padilla no fue el primero. En 1961 el gobierno de Fidel Castro reprimió, censuró y regañó a los intelectuales que suponían que la revolución era un acta de libertad absoluta ajena a sumisiones autoritarias. En esta columna ya recordamos que en ese año el gobierno de Castro censuró el documental P.M. que contaba sin inhibiciones la vida nocturna en La Habana y que había sido realizado por el hermano de Guillermo Cabrera Infante, otro intelectual de origen revolucionario y castrista, aunque después rompió con el gobierno y se convirtió en un gusano en el exterior. En el debate abierto por el gobierno con intelectuales se definió la doctrina intelectual de Fidel Castro: “contra la revolución ningún derecho”.

A pesar de ello, muchos intelectuales extranjeros siguieron apoyando a Cuba hasta 1971. Un caso singular fue el de Julio Cortázar, el escritor argentino-francés que arrió sus banderas creativas para someterlas a los criterios estalinistas de apoyo estricto a la revolución. Quedó como constancia infame su poema Policrítica a la hora de los chacales, en el cual de manera patética implora el perdón del dictador. Inclusive, Cortázar rompió su línea creativa en 1973 para escribir su novela Libro de Manuel, una oda a los revolucionarios muy al estilo del estalinismo de los años cincuenta.

Mario Vargas Llosa fue uno de los promotores entusiastas de la revolución cubana y escribió varios textos en periódicos de Estados Unidos para señalar una nueva etapa de la humanidad. En 1971 se convirtió en el pivote de dos cartas de protesta de intelectuales contra Fidel Castro publicadas en París y que significaron el punto de ruptura con la revolución cubana.

Un caso de ruptura silenciosa fue Carlos Fuentes, quien, en 1961, en una caravana de intelectuales a Chile, de acuerdo con testimonios de José Donoso, dijo que ya no escribiría literatura y que se dedicaría a promover la revolución cubana. En 1971 Fuentes decidió mantener desde entonces un silencio respecto a Cuba, con indicios de qué se trataba de una posición crítica no expresa.

El escritor chileno Jorge Edwards fue el único extranjero que padeció la represión cubana. En 1971 arribó a La Habana como representante del gobierno socialista-comunista de Salvador Allende en Chile para reanudar relaciones diplomáticas. Sin embargo, Edwards mantuvo su actividad literaria y se reunió con frecuencia con escritores marcados por la policía secreta cubana. Fidel Castro presionó para expulsar a Edwards de Cuba y acusarlo con Allende y con el poeta Pablo Neruda, quien tenía autoridad moral sobre el escritor chileno.

La historia de la cuenta Edward en su libro testimonial Persona non grata que fue publicado en 1972 y que marcó el punto de ruptura de Castro con los intelectuales. En las páginas casi finales Edwards cuenta una áspera reunión de despedida con Fidel y revela que el líder cubano carecía de información real sobre la situación de los intelectuales, pero funcionaba como comisario ideológico estalinista. Edwards trató de explicarle a Fidel que la cultura no era contrarrevolucionaria y que Cuba tendría muchos problemas de mantener su cerrazón autoritaria contra la libertad de creación.

En México la revolución cubana determinó el espacio ideológico de la cultura y marcó las relaciones entre intelectuales mexicanos. Cuba fue el punto de ruptura de las relaciones entre el grupo de Fernando Benítez y su sucesor Carlos Monsiváis y el grupo de Octavio Paz, el primero moviéndose en los espacios progresistas de apoyo a la revolución cubana por su simbolismo ideológico en México y en América Latina y el segundo manteniendo una posición liberal de respeto a la libertad de creación. En 1977 ocurrió la polémica Paz-Monsiváis alrededor de opiniones muy críticas del primero contra el pensamiento socialista inflexible y las críticas de Paz al saldo negativo en libertad de creación del socialismo realmente existente, en particular el cubano.

Y no debe olvidarse el caso del intelectual Regis Debray, quién arribó a La Habana de la mano de ensayos ideológicos de apoyo a la revolución cubana, fue usado por Castro como mensajero secreto, resultó detenido después de haber visitado al Che Guevara y luego abandonado a su propia suerte. Debray rompió con Cuba luego de conocer la experiencia del socialismo democrático de Allende en Chile y se convirtió en un crítico de la dictadura cubana.

El gran debate actual se da hoy entorno a quién aprovechó a quién: si los escritores a la revolución o revolución a los escritores. A la larga, los intelectuales realizaron un viaje de la izquierda a la derecha o, en palabras de Vargas Llosa, un tránsito de Sartre a Camus, aunque bien pudo haber sido un viaje en reversa de la estación de Finlandia, en San Petersburgo, a Zúrich. Alemania.

Al final, quedan las palabras de Octavio Paz sobre la relación de los intelectuales con la política: “una pasión desdichada”.

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Carlos Ramírez

Seguridad y Defensa- Gobernanza criminal: No democracia sino dictadura

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Por Carlos Ramírez

La estrategia de seguridad de “construcción de la paz” se basa en un punto clave: que los grupos criminales asentados en comunidades territoriales de la república asuman su responsabilidad, abandonen la disputa a balazos de plazas municipales y contribuyan a mantener la estabilidad social.

El modelo se entiende en la teoría; sin embargo, la realidad es otra. La configuración educativa de los liderazgos criminales no sólo es menor a la educación media baja nacional, sino que está determinada por el uso de la violencia como instrumento de dominación social, territorial y de grupos ciudadanos.

El líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, Nemesio Oseguera Cervantes El Mencho, surgió de las fuerzas de seguridad del gobierno y ha demostrado una ferocidad sin límite social y humano. Y el Chapo Guzmán y sus hijos tampoco pasaron por una educación media o media superior y su funcionamiento instintivo se sustenta en el ejercicio de la violencia.

Los grandes capos están inmersos en las estructuras de gobierno más por el deseo de controlar territorios y personas para favorecer las actividades criminales de sus organizaciones y no con el sentido de contribuir al mejoramiento de la estabilidad social y el nivel de bienestar de sus habitantes. Inclusive, la tendencia del Cártel del Golfo de distribuir despensas o de organizar festivales populares en fiestas de la comunidad son más actos de propaganda y relaciones públicas que de preocupación por el nivel de vida de las personas.

Cuando era jefe todopoderoso de la familia michoacana, Servando Gómez La Tuta llegó a ejercer funciones prácticas de gobernador, de delegado municipal y hasta de alcalde, tratando de involucrarse en la construcción, compra o expropiación violenta de empresas y con ello abrir el camino a la institucionalización productiva de su grupo delictivo. Sin embargo, nunca pudo entender el papel que juegan las autoridades como promotoras del bienestar y de la actividad económica y se quedó solamente en papel de recaudador de impuestos para aumentar su riqueza y no para beneficiar el desarrollo de la comunidad.

La llamada gobernanza criminal es el reconocimiento por parte del Estado y del gobierno al papel estabilizador y de promotor del bienestar que debieran jugar los jefes de los cárteles y las bandas criminales, a partir del criterio de que el ambiente de violencia armada sólo disminuye las posibilidades de los negocios directos e indirectos de la droga. Cuando un delincuente crea una empresa, no ingresa a las reglas competitivas con otras, sino que impone su dominio por la fuerza y la violencia.

En términos estrictos, es imposible que el jefe o capo de una banda criminal quiera dedicar tiempo a la compleja administración de los asuntos de las comunidades dónde está instalado y menos aún que sepa siquiera cómo construir una estructura de seguridad y justicia basado en las reglas de los derechos humanos. Los capos del crimen organizado utilizan solamente el lenguaje de la violencia represiva del adversario.

Por estas razones, en estos dos y medio años de gobierno no se han notado avances en la parte de la propuesta de construcción de la paz que tiene que ver con la corresponsabilidad de las bandas del crimen organizado con la administración cotidiana de las comunidades municipales. Al contrario, la pasividad operativa de las estructuras gubernamentales de seguridad ha sido aprovechadas por las bandas criminales para intensificar su violencia armada con el propósito de imponer su dominio y control territorial, institucional, económico y fiscal sobre los espacios territoriales dominados.

En este sentido, la línea de gobernanza criminal que se supone forma parte de la estrategia de construcción de la paz de manera difícil podrá llegar a reconstruir la estabilidad social, económica y pacífica en las comunidades asentadas que dominan los capos del crimen organizado. Y como no se trata sólo de los jefes, la tropa delictiva conoce menos de responsabilidad de su fuerza para mantener la paz en una comunidad rural o urbana.

El problema radica en que el objetivo prioritario de las bandas criminales no es sustituir a las autoridades institucionales, sino tomar el control de una zona territorial para marcar su territorio e impedir la presencia de otros grupos delictivos. Y ocurre que, al interior de las mismas bandas, formadas por liderazgos cómplices o por alianzas familiares, también existe disputa interna por el control del grupo, como se aprecia en los desprendimientos que ha habido en cárteles como el Jalisco o el de Sinaloa.

A dos y medio años de iniciada la estrategia se requiere una evaluación crítica de sus propuestas y resultados y de la valoración de las metas no alcanzadas. Al final de cuentas, la función del Estado y los gobiernos en zonas territoriales de la República tiene como objetivo la paz, el bienestar y las actividades legales que permitan la multiplicación de la riqueza.

 

Zona Zero

·         Los dos primeros años de funcionamiento de la Guardia Nacional ofrecen resultados concretos en configuración del cuerpo de seguridad, instalación territorial en toda la República y capacitación de su personal. Pero en los medios de información se analiza la tarea de la Guardia Nacional en función de sus resultados operativos y de las cifras de inseguridad que sigue acaparando la nota roja de los medios.

·         La crisis en Aguililla sigue escalando niveles de percepción crítica entre analistas y en la sociedad, porque la baja operatividad de las fuerzas de seguridad no ha generado algún compromiso de paz y no-violencia por parte de los cárteles en lucha por el control de la zona. En fuentes de seguridad se tiene claro qué el frenón operativo de la Guardia Nacional tiene un punto de inflexión que pudiera estar alcanzándose por la barbarie e impunidad de los carteles en lucha y por la afectación de la vida civil en el municipio.

 

El autor es director del Centro de Estudios Económicos, Políticos y de Seguridad.

El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista y no del periódico.

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