
Por Manuel Gutiérrez
Los titubeos de la presidenta Claudia Sheinbaum, en su mañanera, tuvieron una brutal respuesta de Washington, al declararse “una emergencia nacional” y anunciar que impondrá aranceles a los países (México) que proporcionen petróleo a la isla prisión del pueblo en el Caribe.
Esto directamente afecta los trucos de Claudia de señalar que Pemex es autónomo, y que dependería de la empresa pública del Estado (controlada principalmente por la Presidencia) continuar con los contratos comerciales o de ayuda humanitaria; aprovechando para aclarar, sin conseguirlo, solo logró enredarse más que pretendía continuar con la ayuda al gobierno heredero del castrismo-comunismo, pero esta vez la consecuencia fue brutal.
Si Claudia creyó tener margen de maniobra para fingir con los Petróleos del Bienestar o con otros subterfugios, ahora comprobó que la intención de Washington es directa, inmediata y que ha estado jugando a ser solidaria de Irán, Venezuela, Cuba, y por ende Rusia y China, entre los implicados en los bloques mundiales, y no tiene ya a dónde hacerse, porque ahora no se puede jugar al neutral, que resulta más peligroso.
O adopta una decisión valiente, firme, de enfrentar a Trump y venga lo que venga: solidarizarse con Cuba y enfrentar las iras y los vaivenes, todo por ser congruente con su ideología de izquierda, aunque anacrónica, porque concibe al mundo como en 1960.
Lo que tiene la discusión abierta del fervor por Cuba estriba en que no está, como alegan los solidarios cubanos socialistas, bajo ningún tipo de bloqueo marítimo o aéreo, y hasta ahora llegan las sanciones indirectas a sus aliados; no es como le ocurrió a Venezuela, en que se encapsuló el país bajo la vigilancia militar estadounidense. Pero la advertencia es clara: vender o regalar petróleo a Cuba implica ser sancionado con aranceles y lo que siga. Cuba fracasa por su sistema, por sus errores, no por el bloqueo.
Y esto tendría un costo político y desgaste que la 4T no puede sostener por nadie en el mundo.
La idea de los gringos era que México, que se adornaba de soberano, actuara como interlocutor, mediador entre los Estados Unidos y la isla. México esgrime en tanto la Doctrina Estrada, que no puede aplicarse tal cual, porque convierte en cómplice de una feroz dictadura a quien pretenda ignorar el contexto real del sistema de la isla, porque no interviene en cuestiones internas de los países y en su propia jurisdicción. Pero ante la evidencia, aplicar la idea Estrada es volvernos cómplices de los rapaces y depredadores.
México, por tanto, asumía las idas y venidas de las crisis entre Estados Unidos y Cuba, pero ese papel ya no tiene utilidad para nadie.
MARIEL
Pocos recuerdan o saben que el presidente Carlos Salinas de Gortari fue el gran mediador cuando Fidel Castro provocó la oleada de Mariel, y hoy tal estamos ante otra probable deserción masiva o un cambio interno grande.
Ante las protestas, Fidel Castro decidió permitir la migración colectiva de los que deseaban abandonar la isla; esto se realizó en el puerto de Mariel, por ello eran los “marielitos”, y muchos intentaron el éxodo a los Estados Unidos, no a Rusia, a donde nadie pide emigrar.
Viendo la multitud en fuga, Fidel discurrió una maniobra: vació las cárceles de toda la isla, y criminales psicópatas, ladrones, estafadores y toda la corte que purgaba penalidades por determinación de proceso judicial fueron añadidos a los migrantes que llegaron a los Estados Unidos.
Una manera de darles un serio dolor de cabeza a las autoridades migratorias y, de paso, incrustar desde agentes al servicio del gobierno de La Habana, del temido G-2, como obligar a la sociedad estadounidense a lidiar con delincuentes peligrosos. Es la historia que Brian De Palma llevó a la pantalla con la ficción de Al Pacino en “Cara cortada”.
Pues bien, el presidente mexicano que medió para que no los acribillaran en su intento de salir de Cuba, lo que pudo pasar, fue Carlos Salinas, actual ciudadano de España, de origen sefardita judío, ya que acreditó su descendencia. Su acción mostró el papel que se le concedía a México de negociador, hasta cierto punto, y la prerrogativa de intervenir, y lo hizo con acierto.
Atrás viene una historia de 67 años en que México toleró la revolución, primero popular y aceptable, contra Batista, el dictador tropical que desplazaron los castristas que prometieron democracia, propiedad e incluso luchar contra la corrupción, pero todo se volvió socialismo dictatorial.
De paso eliminaron el proyecto de desarrollo con la mafia, ya que Meyer Lansky, jefe mafioso poderoso de origen judío, pensó en hacer Las Vegas pero en Cuba, invirtiendo en grandes hoteles; pero la revolución incautó todo y frustró las inversiones de la mafia, que terminó girando a Las Vegas. Meyer incluso vivió en Cuba hasta que la revolución se endureció en su contra; optó entonces por Israel.
Esto es un boleto de muestra de lo que ha sido esta relación. Los regalos energéticos de López Obrador, continuados por Claudia Sheinbaum, sin embargo, se convirtieron en el caso de beneficencia más descollante del mundo y nos llevaron al rango no de mediadores, sino de aliados, que es lo que enajenó a Trump.
Ni Rusia, ni los africanos, ni los árabes regalan su petróleo, solo México. País con serios problemas de desarrollo, inversión y salud mal provista, de educación mediocre, pero era el costo de la hermandad ideológica de defender un proyecto comunista, que es el que hundió de verdad la economía y el progreso de la isla.
El bloqueo real fue temporal, cuando la crisis de los misiles con Kennedy, previamente desarmó la contrarrevolución cubana en Miami, en que los anticastristas del Alpha 66 creyeron que serían apoyados por el ejército norteamericano en una invasión de expulsión de los castristas, lo que terminó en la humillante Bahía de Cochinos, en que los de Miami fueron superados por las armas soviéticas y se refugiaron en Sierra Maestra, hasta ser exterminados. Después, por décadas nadie se acordaba de Cuba en Estados Unidos y Obama les devolvió la comunicación aérea.
Vamos, que el Estado cubano cobre y se quede con los sueldos de una empresa, haga una estimación de lo que necesita un cubano y en esa proporción le pague es uno de los principios aplicados.
Es absurdo, antieconómico, como los trabajos voluntarios masivos, en realidad forzados, las zafras en que incorporaron gente sin experiencia ni perfil para cortar caña, por ejemplo maestros de escuelas o enfermeras, y tuvieron un fracaso de proporciones inmensas, simplemente porque no eran cañeros.
El exceso de evidencia negativa en el plan económico para corregir las distorsiones económicas, diseñado por los economistas de Cuba, que ofrecen que ahora sí los inversionistas le paguen a los trabajadores en forma directa, revela que han llegado al absurdo.
El mismo caso de explotación de los médicos cubanos, que México paga a precio de genios de la medicina, pero el dinero no les llega a los médicos, se lo queda el gobierno y les paga solo una proporción; entonces hacen como que trabajan, porque a ellos les hacen como que cobran, y nada.
Este tipo de críticas son anuladas por los que aman a Cuba incondicionalmente y piden ahora la solidaridad para Cuba, que lo tiene como larga tradición de Hispanoamérica y una destacada aportación de cultura y beneficios diversos, pero las marchas de sindicatos corporativos, apoyadas por la 4T para defender al gobierno cubano, que no hace elecciones, tiene presos políticos y hambrea a las mayorías, no pega como debería.
Ahora, si alguien acepta venderles bienes y el pago comprende el arancel, está abierto el mar cubano para abastecerlos de todo lo que necesiten, pero deben tener dinero para pagarlos, por lo que conviene tener un culpable y ese es Estados Unidos, que hasta ahora los volvió a apretar y, para colmo, se ponen a revender como huachicol las donaciones mexicanas, el gobierno cubano.
Estados Unidos fue muy claro: “Las políticas, prácticas y acciones del Gobierno de Cuba (la promoción de la guerrilla en todo el continente desde la OCLAE de los años sesenta y setenta y otros planes cubanos para crear muchos Vietnam en América) están diseñadas para perjudicar a los Estados Unidos y apoyar a los países hostiles, grupos terroristas transnacionales y agentes malignos que buscan destruir a los Estados Unidos”. Esta ha sido la historia de ellos en el mundo.
“Por ello la situación con respecto a Cuba representa una amenaza inusual y extraordinaria contra la seguridad nacional y la política exterior de los Estados Unidos”, eso declaró Trump.
Claudia, la presidenta, con sus torpezas en la mañanera, trajeron estas consecuencias, creyendo que las 16 llamadas telefónicas que alardearon como un romance.
Las próximas consecuencias serán en contra de objetivos en México de alto perfil político relacionados con el crimen organizado: Rubén Rocha, Adán Augusto López, el mismo López Obrador… Mario Delgado, hay tantos de dónde elegir en la era de abrazos, no balazos.
Venezuela regalaba 46,500 barriles diarios para sostener a Cuba, antes de que cayera el dictador Maduro. México representaba, según datos de Pemex, 17,200 barriles diarios, que no son suficientes para terminar la crisis, activar la economía y atender las necesidades de los cubanos que han llegado al extremo.
Rusia suspendió calladita los envíos (se supone por trueque) desde octubre de 2025; a cambio hay cubanos luchando en Ucrania.
Pero no quiere decir esto que Trump vaya a ser un libertador de los cubanos, sino que su intención es neutralizarlos para tener un conjunto de administradores a las órdenes de Washington. No se pretende un cambio democrático o una eliminación del castrismo, y suponer esto es ingenuo; se trata de un análisis, no de decir lo que nos agradaría.
Los intereses de los Estados Unidos son otros, pero ni el ejército cubano tiene armas adecuadas, sino un conjunto de chatarras herencia de los soviéticos; el fervor doctrinal no sirve ante la alta tecnología y la potencia de fuego, y hace mucho que están pobres y oxidados.
China o Rusia evitan intervenir en su favor, ante un gobierno radical, impredecible y sin cuidarse de los conceptos del derecho internacional o de la diplomacia. Si la presidenta no fuera tan apegada a sus prejuicios ideológicos, lo hubiera entendido desde antes, pero su incapacidad en ese sentido la apega al pasado, no al presente, y México pagará el ganso.
Cuba ante su hora más grave: con el turismo colapsado, sus comunicaciones y su productividad en términos negativos. El disgusto popular o el de un César a punto de cruzar La Habana, surgido del segmento militar, están a un paso, y sería el momento. Pero como dice Carlos Ramírez, parece que los cubanos han perdido la capacidad de reaccionar y de cambiar.
Estados Unidos no optará por imponer experimentos de gobierno luego de los fracasos que generaron Irak e Irán, en que ahora pretenden retornar al Sha, hijo de Reza Pahlavi, como lo anticipamos en otras entregas, pero evita directamente tomar el curso de los países bajo su influencia.
Marco Rubio, que catalogan como anticomunista, y Trump lo consideró un gobernante ideal para la isla, definió: “Nos gustaría un cambio, pero no significa que vayamos a provocarlo, aunque nos encantaría verlo. No cabe duda de que sería un gran beneficio para Estados Unidos que Cuba dejara de estar gobernada por un régimen autocrático”.
Muchos izquierdistas que no reflexionan sobre las realidades enarbolan la bandera del triángulo rojo con la estrella, pero sale sobrando; pretenden sentirse a mano con sus sueños. La realidad la han señalado muchos expertos, investigadores en el tema de las relaciones exteriores, y la presidenta no ha entendido las nuevas reglas del juego: no puede entender el mundo de hoy.
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