
Horacio Villaseñor Manzanedo
El gobierno es una organización pública, esa asociación que las personas y la sociedad inventamos para que, siguiendo sus propias reglas, el corporativo pusiera orden en el espacio público, en ese lugar donde todos, con creencias, costumbres, deseos, sentimientos y valores diferentes, convivimos.
De allí que la administración gubernamental es muy clara al empezar por sí misma, ordenando a todo empleado público, todo es todo, desde el más encumbrado gobernante hasta el modesto limpiador de calles, con normas que deben cumplir.
La constitución nacional en su artículo 128 determina que lo único que los gobernantes deben cumplir es la ley, por cierto, no dice en ningún lado que deben llevar a efecto sus promesas de campaña y que bien, porque normalmente son puras tontas ocurrencias porque los gobernantes tienen obligaciones, no libre albedrio para proponer, en todo caso solo deben sugerir como hacer las cosas para cumplir su obligación. La ley dice lo qué están obligados a hacer y los informes son para hacer público si lo lograron, en realidad no cualquiera cumple, se requiere ser extraordinario para lograr hacer lo que deben hacer. Por ejemplo, la alcaldesa de Guadalajara debe informar si cumplió, si el ayuntamiento que dirige hizo lo que en el primer año del encargo debe hacerse. Por cierto, el primer año es clave para poder, poder cumplir. ¿Cuáles son esas obligaciones? Las indicadas en la carta magna. Me explico: El Artículo 115 de la constitución nacional determina que el gobierno municipal es el que debe gobernar en el municipio, no el estatal y menos el federal, y deja en claro cuáles son sus facultades y funciones exclusivas y cuáles son concurrentes, no existen responsabilidades compartidas, nada les toca a dos y menos a tres órdenes de gobierno, sería estúpido porque no habría claridad. Entonces, el ayuntamiento debe, según la ley, mantener en inmejorables condiciones a Guadalajara, debe asegurarse de que todos los días y a todas horas del encargo, la ciudad sea segura al caminarla, al transitarla o al disfrutar sus espacios públicos. Segura, significa que es imposible que falte el agua en las casas, llegue sucia o que el drenaje no drene; que haya zonas oscuras; que permanezcan horas las bolsas con basura en las banquetas; que los parques y jardines estén llenos de heces fecales y que la gente pasee a su perro sin correa; que los mercados estén hechos un asco; que los panteones estén descuidados y en riesgo de colapsar; que el rastro no cumpla con las normas sanitarias; que las calles tengan hoyos, que estén desaseadas; que exista el peligro de que te caiga un árbol encima o de que te asalten, te roben o dañen tus propiedades; en general que, la infraestructura recibida no esté atendida, pero toda. ¿Lo lograron? Obviamente, no. Pero allí no termina la responsabilidad del ayuntamiento, tiene otra más difícil, la de construir lo que falte hoy y lo que asegure el desarrollo futuro y para ello no existe otro camino más que sanear la hacienda en el primer año del encargo e iniciar las obras necesarias para cumplir al final del trienio. ¿Guadalajara, ya pagó la deuda heredada por la administración anterior?, ¿ya inició las obras para tener el drenaje suficiente?, ¿ya inició las obras para evitar tandeos en el suministro de agua?, ¿ya adquirió predios para tener los metros cuadrados de áreas verdes recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), según el número de habitantes?, ¿ya tiene planeadas las obras de infraestructura que le falta a la ciudad como mercados, panteones, oficinas, parques, bosques urbanos, etc.?, ¿ya se puede transitar, la ciudad, a velocidad razonable? ¿Entonces, qué hizo el primer año, de lo que debió hacer? Simplemente, nada. El informe, es puro “rollo”, choro romántico y mareador, sí, bonito, pero inservible para que todos los tapatíos vivamos bien. Todos, presidentes y presidentas, recientes, de todos los partidos políticos han demostrado ser igual de chafa y el ayuntamiento actual no es la excepción.
Si al menos fueran decentes, en su primer informe, expondrían por qué no pudieron cumplir y qué harán para solucionarlo, pero no lo son. ¡Ni hablar!
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