
Por Manuel Gutiérrez.
¡Manden ya a los payasos! Es el grito de urgencia que ocurre luego de escuchar el nuevo himno de la CDMX que quedó a años luz de “Mi ciudad es chinampa escondida” de Guadalupe Trigo, que tiene versiones prodigiosas como la de Guadalupe Pineda y nada que ver con “Caray, caray. Québonita mi tierra, que linda es” creación del inspirado Mario Molina veracruzano, junto al enorme Rubén Fuentes, titán compositor, piezas sensibles, armoniosas, ricas y parte de la identidad nacional que se amalgama en el cruce de razas de España y Mesoamérica, de la transferencia cultural del idioma, sangre, costumbres, derecho, ciencia, tecnología y cambios de hábitos sociales, alimenticios, educativos, que forjaron el barroco, los grandes Palacios en que hoy habita el presidente populista, que hicieron de los mexicanos, un pueblo cósmico, prometedor en el destino de lo universal, como lo dice José Vasconcelos.
La 4T sigue en encontrar con una imagen representativa de sí misma en el arte, luego de la decepción que sufrieron los actores, dramaturgos, pintores, cineastas, etc. que votaron por la transformación en el supuesto que sería una era de fomento cultural, de arte, de pluralidad, de apoyos que harían palidecer los esfuerzos de gobiernos pasados y nada, cerrazón, miserables puertas cerradas, censuras de la peor clase, como en tiempos del partidazo de los sesentas.
Pero todo eso se sacrificó bajo la ambición de las obras monumentales, inservibles, inauguradas en muchas ocasiones, prometidos sus éxitos, ocultados sus aciertos, porque no los tienen y esclarecidos sus costos reales, transparentando quiénes se volvieron ricos por hacerlas, así fueran familiares directos del Tlatoani. La 4T no fue un Mecenas, fue un avaro que desvió el recurso para el arte.
La carencia de arte se dejó sentir, como la falta de ideales claros, nacionalistas que se entienden como proteccionismo ante la inversión extranjera, temores de ser parte del concierto internacional, con pifias de política exterior notables que esperamos ya no las cometa la presidenta, y su nuevo SRE, Juan Ramón de la Fuente, uno de los mejores perfiles de los seleccionados. La verdad, salvo el color guinda, nada representa ese movimiento de un caudillo personal, sin el, son un grupo heterogéneo que lucha por el poder.
Pero regresemos al canto, la Secretaría de Cultura de la CDMX, por conducto de Claudia Curiel, creó un nuevo himno que dejaría chiquitos a Trigo y a Fuentes, algo nunca antes escuchado que nos elevaría al cielo, que haría que Mozart se infartara y el gordo Bach, llorara de envidia, con todo sus corales.
Pero, si bien Claudia Curiel, -no Claudia la grande, la verdad- dijo que era una himno pacifista, mintió ya que le canta a la tradicional guerra florida de los aztecas, destinada a capturar vivos para ser sacrificados y luego comidos, con el corazón sangrante, en manos de los mugrosos – porque repudiaban el agua- sacerdotes de los cultos aztecas, y se bañaban con sangre nueva que se acumulaba en los residuos hemáticos de anteriores sacrificados, era un escudo mágico apestoso.
El error de la 4T es suponer que México es Azteca. Por principio no eran los únicos los aztecas en el mundo mesoamericano, es decir se olvidaron del centenar de etnias que vivían y sufrían el imperialismo azteca, en el único mundo y que llegaban hasta los mayas.
Un Himno, como el belicoso Nacional de México, de Francisco González Bocanegra, y música del español Jaime Nuno, reflejó un momento de un siglo histórico un parto nacional que nos enfocó en las grandes invasiones de Europa y los Estados Unidos, todo eso en la realidad de la guerra para sobrevivir, para ser libres o soberanos.
Al grito de guerra, es un llamado a las armas, a la generosidad patriótica de morir para que nación viva. Para subsistir o ser borrados. La disyuntiva de cada pueblo en ciertos momentos. Obsoleto, gustado o no, en este siglo de pacifismo mal entendido, de afanes de ser políticamente correctos, han motivado deseos de que sea suprimido o modificado, pero dos siglos de vivir con ese himno hacen inadmisible el alterarlo, porque es un valor detenido en el tiempo para preservar la identidad.
Tenochtitlán, existió por 700 años, luego fue México ombligo de la luna, lugar en que los españoles diseñaron una nueva sociedad, y formas de gobierno y legalidad que se aplicaron como las leyes de indias. Es decir, es un himno a Tenochtitlán, no a la CDMX, que vivió la colonia, los virreinatos, con sus grandezas, arte, educación, miseria, y mestizaje de una nueva nacionalidad, el periodo insurgente, la unidad de los mexicanos con la consumación de la independencia, con el primer imperio de Iturbide, padre de la Patria, -no el anarquista iniciador, Miguel Hidalgo, de cuyos excesos consta en sus procesos el arrepentimiento, es decir es grande de la Patria, pero no su padre.
Luego, el Juarismo la dictadura de 18 años, el segundo imperio adorado por los indígenas que amaban al güerito Max, y a la elegante Carlota, luego mandamos por un tubo,lo vino después de la reforma, y el enorme y colosal periodo de paz, de unidad, de construcción, de legalidad y honradez, sin presumir de virtuoso, del gobierno del patriota Porfirio Díaz, al que finalmente el Tlatoani, dijo “si quieren traer sus restos de París, yo no me opongo”.
Pero no se trata de que de su permiso, sino que la Patria recupere a uno de sus mejores siervos, fundador del mito juarista, del festival cívico de El grito, de la educación positivista, a gran escala y en calidad, al constructor de Palacios de Artes, de obras públicas perdurables y de la red ferroviaria nacional, a la par verdadero opositor del imperialismo norteamericano, lo que causó su caída, por la revolución…que no era en principio de San Luis Potosí, sino de Misouri. La deuda permanece y sería un signo de unidad alentador, porque no es un conservador, es el padre de la clase media mexicana.
Pero esa revolución zapatista-villista-carrancista, de feroz exterminio entre todos, maduró, en un proceso democrático, en educación y salud pública, en carreteras, vías, seguridad, legalidad, proteccionismo económico que se cambio a la globalización en la era salinista. Se llegó una democracia aparente, corporativa que es lo que ahora nos quiere imponer el Tlatoani.
Todo un mundo de cosas pasaron por la CDMX incluso su revelo de signo de gobierno, si izquierdismo que lleva 18 años, sus reformas políticas, y su regresión a los tiempos del partidazo en el siglo XX en los años sesenta, con Morena.
Pues todo eso se mandó por un tubo. Quizá el nuevo gobierno se vista de danzante, con penachos, plumas, tambores, flautas, y por ello este himno, pero no creo que seamos tan payasos.
Cante conmigo en do : “Ciudad de México, espejo mágico, llevas en tu nombre el ombligo de la luna, calles, serpientes, canales de fuego, de aire ( contaminado) de asfalto (con hoyos) Circulación sanguínea (Con abundantes trombos) movimiento perpetuo.
“Ciudad de México, espejo lúcido ( ¿Será?) cercado cósmico, guerrera mística, precipio horizontal (para caer en la izquierda, o la derecha) Turqueza, agua preciosa (Con petróleo, cortesía de Martí Batres, en el yacimiento de laColonia Juárez) Nopal divino (¿Amlo, por la baba y las espinas?) Nocturna, sueño latente, ciega vidente, ( ajá, y nunca vió o es la pitonisa mexicana) ciudad milagro. ( Porque es un milagro sobrevivir ahí).
Grita, Grita, águila erguida, agua quemada (¿Vapor?) Guerra florida. ( A costa de los tlaxcaltecas que luego se vengaron) Vuela, Vuela, ( sic) sigue tus rumbos. Cuatro Caminos. (Con el Toreo prohibido) cruzan tu centro, se tuerce, se encorva, buscando armonía. (Quizás un acierto florido).
Caos, caos, caos, caos es tu armonía ( Tu realidad) Orden, orden desbordado. ¡Ya se, la pax Narca ¡ Serpienteemplumada en el segundo piso ( comercial post electoral para quedar bien con el Tlatoani, es decir pobre Quetzacoatl, regresar para terminar pidiendo monedas en el segundo piso en los embotellamientos o como agente mordelón).
Basta, no encuentro quién pueda cantar eso, quizá Peso Pluma, que podría cantar si quisiera, o algún reggetoneroirredento.
Pero como puede vaciarse de contenidos, de historia, de unidades diversas un himno que debe buscar de menosvolver a reunirnos a todos, no forjar más divisiones, no más polarizaciones, ahora resulta que los buenos son los aztecas, y los malos, los Texcocos, los Tlaxcaltecas, etc.
No se ría, manden a los payasos, es una serie canción del inmortal Frank Sinatra, y nada tiene que ver, pero todo tiene que ver. Esto es un compendio incomprensible de insensates, de cebollazo para prolongarse al nuevo sexenio.
No veo a Claudia Sheimbaun, con un collar de ajos y limones, y penacho de plumas, con un huipil al estilo de Xóchitl Gálvez, que fue marginada en ese gran canto, en ese proyecto de Himno que pasara a los anales de la broma.
Claro, las mamadas se pueden hacer leyes, y entonces los niños lo cantarán porque es parte de la nueva escuela mexicana, y ya veo a los soldados, con trajes de caballero águila, y caballero Felino (Tigre no, porque no hubo en nuestra Mesoamérica, si Jaguares) y los hay que cantan, y otros que rugen con poderosos motores.
Por favor, sacaron más loco al monje Moco que despertaron para eso. Ese himno no representa más que una parte de nuestra historia, toda es importante como un todo, pero los grandes muralistas, como el sapo del Partido Comunista, atormentador de Frida Kahlo, porque ella se dejó, David Alfaro, o los hombres de fuego de Clemente Orozco, eran ideas universales, con identidad incluso opuesta y provocativa de la realidad y de segmentos del mismo México, pero eran arte y este vale, sea el creador de este mundo o del otro.
Grandes pinceles, como Saturnino Herrán, su realismo, su modernismo, su naciente impresionismo, la grandeza de Rufino Tamayo, o Pedro Coronel, tantos genios, quedaron marginados por el arte de hacer arte inmortal, al estilo occidental y no sumo a los pintores virreinales como Cabrera, tantos genios y arte enviados al olvido.
Esperemos que el nuevo sexenio tenga mejor gusto y mejor visión de la historia, que no se puede torcer a modo, porque se presumen falsedades feas.
Ese Himno, pueden guardarlo en el gran canal, hasta llegar al drenaje profundo y con otras miasmas se asimile a la doble K, va la fórmula K+K=2K, y no se acelere, no es insulto, es algebra, que ya no enseñan como antes.
Sólo falta que se nuevo himno sea obligatorio para escucharse mientras danzamos, como antes cuando los aztecas, nueva obsesión de la marca 4T, de López, no del mañana porque parece que vamos rumbo a un gobierno de sensates y seriedad, pero hay que vigilarlo como ciudadanos activos para caer en el abismo de una dictadura continuada.
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