
Por Amaury Sánchez
Por esos rumbos de la Casa Blanca, donde el peluquín de Trump siempre parece estar a punto de despegar como helicóptero de rescate, el magnate devenido presidente ha lanzado una cruzada digna de serie de Netflix: declarar a los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas. Y como si no fuera suficiente con eso, ha decidido ponerse el sombrero de justiciero internacional, apuntando su dedo índice –ese que siempre parece más acusador que reflexivo– hacia México, específicamente hacia los expresidentes Vicente Fox y Felipe Calderón.
¿Coincidencia? ¿Venganza? ¿Un mal episodio de “Narcos: La Casa Blanca”?
De Calderón a Fox: el susto no anda en burro
Primero, recordemos a Calderón, el caballero de la guerra contra el narcotráfico, cuya estrategia parecía más bien un chiste macabro: como el carnicero que vende chuletas mientras se hace amigo de los lobos. Ahora, con su exsecretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, preso en EE.UU. por presuntos nexos con el narco, Calderón está más nervioso que un gato en un baño lleno de perros.
“Es que se fue a España,” dirán algunos. Y sí, lo hizo. Pero no para disfrutar de las tapas, sino porque, según los rumores, teme que le caiga un “¿señor, podemos hablar?” de la DEA en pleno aeropuerto.
Y luego está Vicente Fox, el eterno defensor del “marihuana sí, narcos no”, cuya lógica suena como una receta para hacer un brownie sin chocolate. Fox, con su retórica digna de un stand-up fallido, podría estar más preocupado por el alcance de las medidas de Trump que por el precio de las cebollas en Guanajuato.
¿Y los bancos? ¿Y las armas?
Pero Trump no se quedó en los políticos. No, señor. Como un vaquero con pistola cargada, también apuntó a los bancos estadounidenses y a los fabricantes de armas. Resulta que estos últimos tienen un negocio bastante lucrativo con el 70% de las armas del crimen organizado proveniente de su industria. Una ironía que ni García Márquez habría imaginado: combatir el narcotráfico vendiéndole balas.
Los bancos, por su parte, están en la mira por lavar más dinero que una lavadora industrial en temporada alta. Y aunque el asunto parece más complejo que un cálculo diferencial, lo cierto es que Trump les está diciendo: “o cooperan, o se hunden.”
García Luna: el chivo expiatorio VIP
El caso de García Luna es, según muchos, la joya de la corona en esta narrativa. Su arresto y juicio en EE.UU. son la pieza de rompecabezas que conecta a los cárteles con la política mexicana. Y Trump, siempre listo para un espectáculo mediático, lo ha convertido en el símbolo de todo lo que está mal al sur del río Bravo.
¿Y ahora qué sigue?
Con este panorama, Trump parece estar jugando una partida de ajedrez donde las piezas mexicanas ya no saben si moverse o quedarse quietas. Calderón y Fox, antes tan confiados en su “legado”, ahora tiemblan ante la posibilidad de ser involucrados en la narrativa de los “aliados del narco”.
¿Será que Trump realmente busca justicia? ¿O es una estrategia para ganar puntos en su segundo mandato? Lo que está claro es que, mientras el drama se desarrolla, los cárteles, los bancos y las armas siguen haciendo negocio como si nada.
En esta telenovela de narcoterrorismo, política y dólares, solo queda una cosa segura: los mexicanos estamos viendo el show con palomitas, pero con el temor de que, al final, los balazos y mazazos nos terminen alcanzando.
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