Por Manuel Gutiérrez
¡Vaya con los derrotados! Aparte de lograr varios exitosos golpes en Prokovsk, y en otras zonas, en ataques alternos con infantería y drones, ahora, para las estadísticas de la guerra, Ucrania logró dañar seriamente un submarino clase Kilo, destinado a operar en el Mar Negro. Este aparato militar disparaba misiles Khinzal, y de otro tipo, el temido Kalibr, contra las instalaciones civiles de las ciudades de Ucrania, incluyendo hospitales.
La confirmación del ataque, ya pluralizada en muchos medios internacionales, confirmada con videos del ataque y comprobada por satélite, fue diferente, marcando una nueva pauta en la guerra, porque Ucrania utilizó para dañar a este costoso equipo, con un estimado de valor de 600 millones de dólares, con lo que la flota del Mar Negro, en cuanto a sumergibles, se redujo a solamente 4 de 6 aparatos.
Anteriormente, en un golpe más de fortuna, los servicios de inteligencia de Ucrania detectaron un submarino en dique seco, expuesto y sin grandes defensas antiaéreas, una verdadera invitación a armarle una fiesta. Y así ocurrió, con drones aéreos, lo que ocasionó que el submarino quedara totalmente fuera de combate y fuera remolcado para una pretendida reparación a una instalación distante.
LA INNOVACIÓN
La innovación de este ataque fue ahora con la presentación de un dron totalmente submarino; es decir, Ucrania anticipó en el Mar Negro nuevas soluciones. Primero comenzó a atacar barcos de superficie con drones marinos, lanchas operadas por radio, reforzadas en su estructura, con mucha potencia adicionada, denominadas “Magura”, que marcaron un antes y un después en el Mar Negro, porque resultaron muy efectivos. Estos aparatos han mejorado, y el modelo más nuevo es el V-7, mejorado en cuanto a control, precisión, velocidad y mayor carga de explosivos; este es muy usado contra objetivos de superficie.
A este tipo de dron marino se adicionó otro aparato llamado “Sea Baby”, con alcance de 1,500 kilómetros y una carga de explosivos de 2 toneladas. Estos drones han ocasionado daños en barcos de guerra de Rusia y ahora han hostigado con gran éxito a los buques petroleros que forman parte de la flota fantasma por medio de la cual Rusia distribuye petróleo de contrabando por el mundo, sin limitarse, dado que muchos de esos petroleros ostentan banderas de países africanos, asiáticos o latinoamericanos, evidentemente falsas. Ahora se usan contra puentes o instalaciones fijas portuarias; nada queda a salvo.
El asunto del submarino lo narra ampliamente Euronews, no algún sitio patito de internet. El ataque ocurrió en la nueva base de Novorossiysk, atacando con éxito el submarino Varshavyanka 636.3, que quedó fuera de combate.
Dicho submarino fue rastreado luego de ataques con misiles Kalibr, un equivalente al misil Tomahawk, que solicitó inútilmente a Estados Unidos el gobierno de Ucrania. La operación fue conjunta entre el Directorio de Contrainteligencia de Ucrania y la Marina del país defensor. Los rusos no han visto la luz en su guerra naval en el Mar Negro, tanto así que fueron obligados a abandonar en Crimea la base de Sebastopol, objetivo de repetidos ataques a instalaciones y barcos de guerra, incluso el submarino que lograron dar de baja por sus daños irreparables.
Para el ataque emplearon un Sea Baby modificado, capaz de operar como una especie de torpedo teledirigido, dado que los rusos se confiaron a las contramedidas contra los drones aéreos que colocaron en esa instalación, pero no contaban con la imaginación de los corsarios de Ucrania.
Junto al submarino dañado, con un severo boquete, incendio y explosión, la Marina del zar Putin había colocado otro submarino, pero resultó protegido por el Varsha; sin embargo, la posibilidad de nuevos ataques submarinos con drones aterrorizó a los medios rusos, que lo comentaron ampliamente pese a la censura imperante.
Adicionalmente, los defensores se adjudicaron más puntos al atacar con drones suicidas y drones inteligentes a Saratov, un centro fortificado de Rusia, cuando apuntaba sus misiles y drones a Odesa y Jersón. La anticipación anuló la amenaza y les dieron una sopa de su propio chocolate.
Sin embargo, la estupidez representada en el mandatario estadounidense actual lo llevó a declarar:
“Ellos (rusos) están haciendo concesiones. (Ataques por todas partes y acciones militares sin descanso). Su gran concesión es que dejan de luchar (sin ganar la guerra) y NO TOMAN MÁS TIERRAS (¿quién se los va a impedir?)”, pero sigue firme en su perversa iniciativa de hundir a Ucrania sin ser derrotada.
Pocas veces he visto, salvo en Andrés Manuel López Obrador o la presidenta Sheinbaum, un párrafo tan estúpido. Y vaya que ellos han generado montones de célebres declaraciones, como cuando definen que somos muy democráticos y que la reforma al Poder Judicial hizo que obtuviéramos mejor justicia. Por ello, Ucrania no puede dejar de luchar: Trump es tan nefasto y brutal como Putin, ambos populistas; el zar y el aspirante a autócrata en los Estados Unidos. El submarino inutilizado es la mejor respuesta.
Y mis queridos anacrónicos bolcheviques de la 4T, como Jesús Ramírez, Villamil, Taibo y otros radicales: esa Rusia xenófoba, imperial, religiosa e impositiva de sus creencias, capitalista, favorable a los grandes millonarios y guerrera, no es la internacional ni la patria del proletariado. Es un país anhelante de expansión, y apoyarlos es fomentar crímenes de guerra contra el inerme pueblo de Ucrania. A veces creo que el corporativismo del nacional-populismo es más fascista que otra cosa, como Putin. Los gatitos abren los ojos en un mes; los estúpidos, nunca, y no aceptan la realidad, porque creen en sus propios mitos.
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