
Por Manuel Gutiérrez
Padre del cine mexicano, definitivamente, sería de justicia que se le otorgara un Ariel simbólico a quién antes del siglo XX trajera el invento de los Hermanos Lumiere, en 1896, directamente de Francia, acertaron, fue él.
Porfirio Díaz, fue un superstar, antes de que supiéramos que era eso. Resulta que filmó el mismo un cortometraje en que se presentó, escogió como escenario el bosque de Chapultepec, y con ese fondo, fue filmado durante su cabalgata matutina.
La primera presentación de cine en el mundo fue el Grand Café de Paris, lo que impactó al mundo. Al enterarse Don Porfirio que el mismísimo Zar Nicolas II de Rusia, se interesó por el invento y por disfrutarlo, decidió traer la “linterna mágica” uno de tantos aparatos que proyectaban imágenes con la ilusión del movimiento, pero Louis y Auguste Lumiere habían logrado una proyección de calidad, con movimiento, contrastes y calidad.
Gabriel Veyre y Claude F. Von Bernard, enviados por los Lumiere, presentaron para el presidente Díaz en el mismo Castillo de Chapultepec, ante las personalidades del gabinete y del gobierno, familiares, invitados especiales, y todo lo que cupo en un gran salón del Castillo.
Veyre y Bernard, primero procedieron a filmar películas en México, con un total de 35 cortometrajes, algunos de ellos causaron un impacto como un duelo real a pistola, en el bosque de Chapultepec, Escena de los Baños de Pane, Alumnos del Colegio Militar mostrando sus destrezas y disciplina, y el éxito máximo, Doña Carmelita Romero Rubio, esposa del presidente en un recorrido real en carruaje en la Ciudad de México.
Con eso acabó de convencerse de lo que iba a ser el cine en el próximo siglo. Decidió entonces ser protagonista de varias películas, siendo la primera de ellas: “El General paseando a caballo en el bosque de Chapultepec”. La duración fue de 31 segundos. Son datos presentados por INFOBAE que amplia mucho el tema.
Por tanto Porfirio Díaz, fue no solo mecenas e introductor del cine en México, sino el primero de los actores. También filmó “El General Díaz recorriendo el Zócalo”, “El General Díaz despidiéndose de sus ministros”, su partida en el Ypiranga, rumbo a Europa, luego de renunciar por la naciente revolución mexicana, también fue inmortalizada.
El impulsor de la arquitectura de Antonio Rivas Mercado, del monumento del Angel de la Independencia, entre muchos otros edificios notables, teatros, hospitales y escuelas que se construyeron en todo el país, son todavía monumentos que rinden testimonio a la creatividad, modernidad y visión de este estadista, está el Palacio de Bellas Artes, que todavía impresiona de verdad, creado por Adamo Boari y el mexicano Federico E. Mariscal.
CICLO DE ORO.
Pero las imágenes quedaron para la inmortalidad y la historia. Luego el ciclo de oro del cine mexicano, con Fernando Soler y sus hermanos, dirigidos entre otros por Juan Bustillo Oros, (En tiempos de Don Porfirio, una cinta que fue muy aclamada) con actores que supieron darle el sabor de la época, como el genial Joaquín Pardavé, que ofrecieron representaciones humanizadas de ese período que fue visto con gran nostalgia pese a la propaganda en el poder de los grupos revolucionarios que se empeñaban en satanizar a Don Porfirio.
Relatos e Historias de México, ofrece una interesante crítica de la película, así como de otros momentos de la historia que lo tuvo como actor principal, que engrandeció al país en una época bella.
De esa colección singular y que en tiempos post-revolucionaros fueron toleradas y aceptadas aún por la clase gobernante, se encuentra “México de mis recuerdos” de Juan Bustillo Oros, dramática, encantadora y con secuencias reales documentales como la partida de Don Porfirio a Francia.
En 1950, Pedro Infante fue la vida al genio creador del Vals Sobre las Olas, de Juventino Rosas, otra cinta de gran valor dramático y a la par de imágenes que son testimonio histórico. En una obra de Ismael Rodríguez, que logró convertir en ídolo de México con sus cintas a Pedro Infante.
Don Julio Bracho, por su parte hizo otra obra maestra: “Que tiempos señor Don Simón” trazada para Pardavé quién supo sacarle todo el provecho. Estas películas fueron aceptadas, aclamadas con sus taquillazos, atesoradas por las generaciones anteriores y aún ahora, una muestra ingenua y genuina de talento, un reflejo de nostalgia como pocos.
Parte de esos tesoros es “Yo baile con Don Porfirio” de 1942 dirigida por Gilberto Martínez Solares, todo un delicioso enredo sentimental que encanta al público, con actores legendarios que debutaban como Roberto Cañedo, Leticia Palma, y consagrados como el imprescindible Joaquín Pardavé, y la dama Mapy Cortés con Joaquín Cordero, que dio un legado de cintas memorables.
Gilberto Martínez, dirigió en 1943, “El globo de Cantolla” con Agustín Inzunza, que siguió la filmación auténtica del ascenso del globo de Don Joaquín de la Cantolla, que fue una hazaña para los ancestros, como el viaje a la Luna en 1969, ocasionando desmayos en las damas, por la temeridad de elevarse unos cientos de metros en un globo en la Ciudad de México.
Esa película genuina la hizo Salvador Toscano, pero el tema volvió a ser centro del imaginario mexicano con la era porfiriana.
A color, en 1963, Juan Bustillo Oro, hizo un remake, de México de mis recuerdos, con las aventuras de Don Susanito, el secretario no oficial de Don Porfirio, dedicado a armar enredos y hacer buenas obras del entonces presidente que fue acusado por los revolucionarios de dictador.
El papel de Pardavé quedó con el centenario y más de protagonista de cintas como actor de reparto, Fernando Soto “Mantequilla” que tuvo más trabajo fílmico que muchos consagrados, en por lo menos 3 décadas continuas, una increíble filmografía. Otra vez Fernando Soler, muy motivado con la cantante de ópera Ernestina Garfias que regala varias interpretaciones de arias.
Exito repetido. Como estos artículos de Don Porfirio, me he visto obligado a seguir produciéndolos porque les encantan a los lectores. Y Juan Bustillo, todavía le alcanzó la cuerda para repetir con la Garfias y Fernando Soler, otro drama-comedia ya en 1965: Los valses venían de Viena, y los niños de París” a color.
Pero no tiene fin, en 1950 otro director se arriesgó “Si me viera Don Porfirio, rancho de la discordia” dirigida por Fernando Cortés, con imágenes reales de Don Porfirio, en la exposición ganadera de 1905, tal vez tomadas por Salvador Toscano, precursor camarógrafo del cine mexicano o por los Hermanos Alva. El estelar se lo lleva Domingo Soler, que junto con Julián y Don Andrés, fueron gloria del séptimo arte mexicano, como estelares o directores, dejando huella en muchas cintas, por montones, sólo pretendían dar “fuerza” a sus papeles y llegaron a estrellas.
La versión de Zacarías, empleó a Prudencia Griffel, (antípoda de Sara García, otra leyenda) al tiempo que exalta a la cantante de ópera Angela Peralta, adorada por los mexicanos a inicios del siglo XX con un Porfirio Díaz, que en ocasiones hizo David Reynoso y en este caso emplearon a Antonio Frausto, que no es tan rescatado en el recuerdo en nuestros días, como Don Porfirio.
Una cinta que no criticaré, ni recomendaré es “El Baile de los 41”, en que concuerdo totalmente con la versión del experto Rafael Aviña, en la Jornada: Pudo ser una obra maestra, pero se convirtió en un alegato que despersonalizó a Amada Díaz, hija de Don Porfirio, esposa del millonario Ignacio de la Torre, que tuvo relación personal con Emiliano Zapata, y nunca fue molestado por los zapatistas, pero que cayó en una redada, en que los varones se disfrazaron de odaliscas, y con gran escándalo les cayó la Policía. El Jefe de Policía con mucho tacto se presentó con Don Porfirio, le informó del asunto ya que muchos nombres eran de ciudadanos prominentes y ricos, pero entre ellos, encontró a su yerno.
Las memorias de Amada Díaz, en su libro, reflejan la caridad y amor que puede tener una mujer por alguien que tuvo inclinaciones homosexuales, ya que asistió hasta el final, pero en esta cinta, se despersonaliza a Amada, de la historia, para convertirla en un símbolo fallido de feminismo en el tiempo.
Si bien el tema es polémico, pudieron tratarlo con fineza, darle sabor de la época en que hasta para eso tenían gracia. Rafael Aviña, en breve la considera “gélida” fría en extremo, distante con un discurso metido a otra época, a huevo y sin rescatar lo que pudo ser un escaparate fino, pero a la vez una ventana a otro tiempo en que el fenómeno tenía otras consideraciones.
Si bien aquí es un protagónico histórico Porfirio al borrar el nombre de la lista y regresarla al jefe de policía, “Son 41, nada más” le dijo; pero el asunto paso a la población y de ahí se originó el mote de 41 como equivalencia de homosexualidad, era una identidad, en lugar de los 42 detenidos.
Esto no aparece ni la nueva escuela mexicana, que prefiere ejemplos peores, gacetilla regalada a Gilberto Guevara Niebla, y a todos los críticos de los erróneos textos gratuitos de educación básica herencia que padeceremos del dictador bananero.
El tema, no ha terminado, pero requiere un trato especial, un argumento humano y centrado en la época y con los recursos actuales el cine mexicano, puede volver a hacer otro porfiriazo de enorme éxito. Se merece el Ariel, de plano el presidente Díaz, sepultado en París castigado en el exilio y vuelto a satanizar ahora por la 4T, aunque no le llegan ni a las suelas de sus zapatos.
Por cierto eso del Ariel, es el festejo anual en que la Academia Mexicana de Cine otorga un premio a los directores, actores, diseñadores, camarógrafos, efectistas, cortometrajes, largometrajes, música, vestuario, guión, etc, etc.
Es (El Oscar mexicano) momento dorado que destacan sus trabajos y ser nominado te coloca en una lista en que hay gente como Pedro Armendáriz, Dolores del Rio, Emilio Fernández, y la nube de inmortales de la pantalla, además cantores sí, Negrete, Infante y en los sesentas, Javier Solís y a quién encuentre digno de la lista.
Claro, esto será 9 de septiembre de 2024 en el Teatro Degollado. Por cierto, el gobierno de Enrique Alfaro, el difunto Don Raúl Padilla, fueron grandes animadores de este singular evento que se cayó en 2022, porque la 4T nunca apoyó al cine en serio, ha reducido la inversión para hacer películas y lo que se creyó que sería una gran apertura de pluralidad, bonanza y transformación se convirtió en un negación de recursos, incomprensión y miseria.
Pero Jalisco entró al quite, por lo que nuevo tendremos la ceremonia aquí, y de paso que tal un Ariel, para Porfirio Díaz, sería un revulsivo para el dictador López que trató al cine con las patas. Justicia Poética.
Los contenidos, expresiones u opiniones vertidos en este espacio son responsabilidad única de los autores, por lo que A Fondo Jalisco no se hace responsable de los mismos.








