
Por Manuel Gutiérrez
En la próxima década, Oresund será un estrecho paso naval tan famoso como Ormuz o el Bab el-Mandeb, en el mar Rojo. Pero este se está calentando por la guerra híbrida a una velocidad asombrosa y, quizás, tarde menos en alcanzar la fama mundial por ser un punto álgido de guerra, algo en lo que espero equivocarme.
Se trata de un paso naval entre Suecia y Dinamarca, ambas afiliadas a la OTAN, que regula el flujo de buques del mar Báltico y el mar del Norte. Curiosamente, solo una distancia de 4 kilómetros separa a dos ciudades clave: Helsingborg, de Suecia, y Elsinor (Helsingør), su réplica urbana en Dinamarca.
Es un punto comercial de enorme importancia, con ferries que transportan mercancías de todas partes rumbo a los trenes y camiones para distribuirlas por toda Europa o, antes, para llevarlas a Moscú.
Es un lugar tan pequeño que cuesta trabajo encontrarlo, pero es el punto de choque, otra vez, entre Rusia y la OTAN. Este punto cuenta ya con una guerra de facto en la modalidad híbrida, en la que ocurren sabotajes, accidentes, incendios imprevistos, daños al cableado submarino o la aparición de los barcos fantasma cargados de petróleo ruso que buscan una salida al mundo.
Oresund es una de las tres puertas navales de Dinamarca; las otras son el Gran Belt y el Pequeño Belt. Pero son puntos en los que todo pasa por ese corredor indispensable para llegar a Copenhague, en Dinamarca, o a Malmö, otra importante población sueca.
Si bien para los locales son aguas a las que están acostumbrados, la geopolítica ha intensificado el sentido de que se trata de fronteras. Dinamarca aprovechó y durante cuatro siglos cobró peaje por ese paso; pero durante la Guerra Fría, bajo la proximidad del imperio soviético, Suecia tomó más protagonismo, movilizando más ferries y barcos de turismo. Sin embargo, el sereno paisaje oculta una triste realidad: la guerra existe y está cercana a hacerse plena.
En 2025, se contabilizaron 292 barcos rusos de todo tipo que cruzaron por ese estrecho, mientras que Suecia permanece en guardia, expectante por los frecuentes accidentes que ocurren en el lugar y que dejan de serlo para convertirse en incidentes de una escalada silenciosa.
Dinamarca, por su parte, mantiene también una alianza intensa con Ucrania, al igual que Suecia, que recibió un pedido enorme de aviones de combate Gripen altamente equipados (se dice que compraron 60 con fondos de la Unión Europea) para integrarlos al esfuerzo bélico de manera más próxima. Además de más equipos navales, Suecia produce submarinos de usos múltiples como el A26, una nave ideal para el mar del Norte, muy adaptable a la guerra marítima de Ucrania. Aunque no se ha mencionado oficialmente ese propósito, compite con Alemania, Francia y Corea del Sur, países que también producen submarinos y los venden.
¿Qué causó el aumento de temperatura bélica en ese punto?
Anteriormente, estas aguas eran un mare nostrum de Rusia, que con su intimidante flota se sentía sin competencia alguna. Pero la suma de Suecia, Finlandia, entre otros países nórdicos a la OTAN, cambió la perspectiva de tres países bálticos que tenían marinas de risa. Rusia, en tanto, se pavoneaba sin competencia en la zona. Los bálticos comenzaron a equiparse con fragatas y a buscar hacer sentir su zona económica exclusiva como países soberanos. Esto limitó el deseo ruso de hacer lo que quisiera, sin interferencias.
Pero la entrada de Suecia y Dinamarca movió la ecuación. Ahora sí hay capacidad de vigilancia y una fuerza disuasiva para tomarse en serio, y eso elevó la psicosis rusa a sentirse en un mar en conflicto, porque todo lo que le impone leyes o le pide cuentas es considerado enemigo.
La capacidad industrial de Suecia marcó un punto determinante de preocupación para el Kremlin: la ruta a San Petersburgo y Múrmansk es la vía transitable todo el tiempo, pero embotella a las fuerzas rusas en sus puertos y en un corredor en el que se sienten vulnerables. Siempre ha sido el talón de Aquiles de la anterior superflota armada de Rusia, que ha venido seriamente a menos por no gozar del favor de Putin. Hay problemas de equipamiento, negativas a modernizar barcos y los proyectos en astilleros tardan una eternidad.
En forma paralela, la flota fantasma tuvo un cambio. Los barcos anticuados, contaminantes, capaces de dejar estelas de mugre de petróleo, con banderas inverosímiles pero con la certeza de transportar crudo ruso, tuvieron modificaciones: ahora se han militarizado y tienen unidades de mercenarios para no involucrar directamente a marinos rusos, con capacidades de realizar estudios militares de la zona o de ejecutar operaciones de sabotaje.
Un punto determinante es también que podrán resistirse a la contención de la flota fantasma por parte de las marinas europeas mediante las sanciones a Rusia. Al darse una inspección, pueden ocurrir escaramuzas peligrosas. Esto le dio un giro completo paramilitar a la zona. Los incidentes con cables o atribuibles a barcos rusos se han incrementado.
En realidad, no hay un acento de guerra abierto, dado que, por el derecho internacional, se concede a todo buque (incluso ruso o a su servicio) el derecho a navegar libremente. Sin embargo, los países del estrecho vigilan que no exista pesca delictuosa, delitos contra el tráfico marítimo, contrabando o daño a cables submarinos, lo que eventualmente ha ocurrido.
Suecia, con sus recursos de guardias costeros y una buena flota, apretó la vigilancia y el monitoreo de seguridad de los buques tanto en el Báltico como en el estrecho de Oresund, lo que también permiten el derecho internacional y su zona económica exclusiva.
Pero las perturbaciones en la zona no son únicamente rusas: Trump generó una alteración severa en Dinamarca y Suecia por su afán anexionista de Groenlandia, lo que Europa no permitirá por ningún motivo, por lo que Dinamarca enfatizó su presencia naval.
Rusia, que antes amenazaba con sus posiciones a Europa Oriental y al Báltico, ahora está incómoda. Parece revivirse en la zona la atmósfera previa a la Segunda Guerra Mundial y durante la misma, aunque el paisaje de muelles y barcos sea placentero.
Si este escenario se convierte en zona de confrontación —lo cual es lógico porque es el paso obligado de las naves rusas—, influirá directamente en los precios mundiales otra vez, y el resultado puede no ser favorable. Mientras Suecia y Finlandia se han modernizado operativamente, Rusia ha entrado en declive en la calidad, equipamiento y entrenamiento de su marina; pero sería, otra vez, una asimetría entre cantidad y calidad.
Ulf Kristersson, primer ministro sueco, define la situación en esta declaración: “No estamos en guerra… pero tampoco en paz”. Aunque oficialmente el único país en guerra híbrida con Rusia es Inglaterra, parece que esta ha llegado a la zona por ahora.
GOLPE A LOS AVIONES ANTISUBMARINOS DE RUSIA
Con drones, Ucrania dio cuenta de un sistema de misiles Iskander y destruyó, en forma comprobada por satélite, dos aviones Tu-142 adaptados a la lucha antisubmarina en el aeródromo de Taganrog, a las orillas del mar de Azov. Incluso se aprecia la destrucción de las aeronaves; el ataque causó incendios en el puerto y en depósitos de combustible.
La represalia habitual de Rusia fue contra una estación de trenes en Zaporiyia, con la muerte de tres personas alcanzadas por un ataque masivo compuesto de un misil Iskander, seis Kinzhal y 290 drones de diversos tipos. La guerra sigue en su quinto año y esto parece una narración del primer año: no varía. Las defensas contuvieron 279 drones y 5 misiles, pero diez lugares fueron alcanzados, con las consecuentes pérdidas de vidas.
Por su parte, el presidente Zelenski advirtió a los aliados que tiene información de una gran ofensiva que prepara Rusia, por lo que solicitó apoyo para mantener sus defensas antiaéreas y el despliegue de su fuerza aérea, que urge expandir.
Mientras tanto, el expresidente Dmitri Medvédev zanjó el debate del dron que impactó contra un conjunto habitacional en Rumania con la advertencia de que “el sueño pacífico ha terminado”. Rusia persevera en amenazar a Europa Oriental, que se siente próxima a la línea de fuego. De esta manera, el líder ruso puso fin al debate de si el dron que los impactó para mostrar la fuerza rusa era de origen ruso o de Ucrania. Rumania optó por expulsar al embajador de Rusia, pero la población se alarmó y presiona a su gobierno para actuar en forma decidida en defensa de la soberanía, esta sí real.
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