Por Manuel Gutiérrez
Fue terminado en 1974, luego de una construcción que duró 10 años. Hoy, en 2025, sus enormes dimensiones apenas parecen alcanzar la actividad necesaria, pero es una obra que pretende resolver el asunto aeroportuario de París para todo este siglo y probablemente el siguiente.
Es un HUB; es decir, se planteó la funcionalidad de un aeropuerto a sólo 25 minutos de París, a 20 minutos del periférico de la ciudad luz. Tiene dos pistas principales y una forma de 8 alargado por la tercera terminal, todas comunicadas por accesos terrestres, incluso mediante un tren. Básicamente es el patio de recreo de Air France. Incluso hubo oportunidad de ver cómo reacciona la aerolínea a la demanda.
El vuelo a México se planteó en un aparato 787, a todas luces insuficiente en cuanto a la cantidad de pasajeros que habían adquirido lugar, por lo que, en dos horas, la aerolínea ofreció un 777 de mayor capacidad y largo alcance para acomodar con lleno total a todos los pasajeros.
Un HUB es un centro comercial, de hospedaje, de oferta de servicios turísticos, de oficinas de control del pasaje y adicionalmente de centros de hotelería. Se puede decir que el Charles de Gaulle nació bien comunicado por tierra, muy organizado y con vialidades estupendas.
¿Y eso qué? Que, ante el hecho, resulta doloroso el retraso sufrido en México en la materia aeronáutica por la cancelación del NAIM, el pecado original. Mientras Turquía explota al máximo su potencial turístico y su capacidad de manejar hasta 150 operaciones por hora —es decir, aeropuertos diseñados para mover millones de pasajeros, sin que se note—, sin perturbación o incomodidad.
Todos los países, a excepción del nuestro, completaron sus megaproyectos. El nuestro fue anulado por una decisión política, por suposiciones nunca demostradas de corrupción. Con ello se ató la salvación del Lago de Texcoco, que dependía de ese aeropuerto cuyas obras contemplaban su control y preservación. A cambio, se tuvo que cubrir la indemnización del NAIM, más el costo del AIFA que, a estas fechas, todavía no tiene el tren ligero prometido y sigue estando a años luz de la CDMX, incluso para el Secretario de Estado, Marco Rubio, que duró 4 horas en llegar a Palacio Nacional… por la saturación de vías de comunicación.
A marcha forzada, los administradores de la Marina intentan mejorar al AICM con el ruido y las molestias día y noche. Las salas del aeropuerto capitalino se parecen a un IMSS saturado de gente, incluso en el suelo. La oportunidad de obtener un proyecto viable, que los expertos se han cansado de justificar, cayó ante la necedad del caudillo López Obrador, que privó a México de una instalación que, como el Charles de Gaulle, hubiera sido una solución definitiva.
Los manejos políticos de la aviación atraen trastornos. Al obligar a las aerolíneas extranjeras a mudarse al AIFA, nunca pensaron los gobiernistas que habría consecuencias. En la era de Trump llegaron la cancelación de vuelos de aerolíneas mexicanas incluso a los Estados Unidos y, prácticamente, la conversión del AIFA en un museo.
La presidenta, por su parte, resolvió de la misma manera el asunto, obligando a las aerolíneas a ceder los lugares (slots) a las aerolíneas norteamericanas para buscar evitar el veto, sin considerar que se afecta a esas empresas. Incluso, de manera poco acertada desde el punto de vista de la soberanía, la 4T ha optado por aceptar que Volaris, en su afán de recuperar sus vuelos a Estados Unidos, contrate en México tripulaciones extranjeras. Lo hace evidente el sometimiento a la tutela estadounidense, pese al discurso de pretendida gallardía de la 4T ante los Estados Unidos.
La novela sigue sin resolverse, pero se sigue acudiendo a soluciones políticas, no técnicas. La polémica sobre este pecado original del obradorismo no termina, pero la industria y los servicios aeronáuticos de México sufren. Incluso la aerolínea militar Mexicana sigue siendo un proyecto con pérdidas onerosas que demanda recursos; se espera que, con cuatro aviones, haga el milagro, pero desde el AIFA como solución están perdidos.
Es triste ver cómo la falta de visión hunde al país, en tanto que los que están metidos de verdad en el turismo saben aprovecharlo todo. La pasada Feria Mundial del Turismo de Madrid tuvo ostentosos pabellones de México, en oposición a la falta de recursos que determinó López Obrador, que canceló recursos para la promoción. Pero lo interesante para los asistentes era ver la maqueta del avión de Mexicana, y enterarse de que en ese momento solamente podía contar con dos aparatos. Mejor ridículo, ni en sueños.
París convierte a Orly en un portal funcional de aviación comercial y cuenta con el De Gaulle, en tanto que Le Bourget pasa a vuelos privados y aviación de élites. Es decir, una ciudad con 5 aeropuertos comunicada a todo el mundo.
México es la única puerta oficial por ahora para los servicios internacionales, salvo uno que otro vuelo de GDL o MTY a España. Falta mucho por hacer. El crecimiento de esas ciudades debe abrir el mercado internacional, en tanto que la militarización de los aeropuertos es una apuesta sorprendente y poco funcional. Ejército y Marina están inmersos en construcciones turísticas, barcos de transporte de personas —como en Acapulco— y a la par de administradores que supuso el caudillo de Palenque. Cesa la corrupción, solución única en el mundo que convirtió a las fuerzas armadas en “mil usos”, que han enriquecido a los mandos y los han convertido así en comparsas de la política de la 4T.
No tendremos un aeropuerto así, pero los mexicanos que viajan pueden comparar y comprender lo que sucedió en Estambul o en París, en donde la visión llevó a exitosas conclusiones y soluciones definitivas de sus proyectos. Algo que en México, entre politizaciones e intereses diversos, resulta ahora muy difícil de lograr, aun con la centralización del poder y adicionalmente con la conversión republicana en un monopoder: el Ejecutivo.
Aun cuando lo decidan, y no tienen los recursos que dispendiaron en obras erróneas, no será posible tener otra cosa que un parchado AICM y un elefante blanco en el AIFA, más con las presiones de Trump que vinieron a ser el último clavo al ataúd de los errores en esta materia, incluso arrastrando la cobija de la soberanía que tanto se jactan.
Incluso GDL luce mejor organizado, más limpio, mejor comunicado, pese a las obras de la arteria principal, en su aeropuerto, ya que el sector privado invierte para ganar, en tanto que los militares deciden solicitar el recurso público para solventar sus proyectos, y éste por ahora está muy escaso.
La Señora encargada de Palacio Nacional tampoco tiene una idea de lo que muchos mexicanos conocen en esta materia por ser usuarios informados. Ella sigue sosteniendo mitos heredados que continúan siendo onerosos —sin final—, como el AIFA y la Mexicana… en tanto que los pilotos gringos serán, por virtud de la 4T, los que se encarguen de volar los aparatos nacionales.
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