
Horacio Villaseñor Manzanedo
Cuando un gobierno está integrado por gente profesionalmente chafa, de manera natural, la ciudad se autogobierna. Las fuerzas vivas luchan, los valores e intereses de la sociedad se enfrentan y, por obvias razones, la sociedad económica, la gente del dinero siempre se impone, los negocios pueden más que el desarrollo social y que los deseos de una o un ciudadano común, así es, ¡ni modo! Lamentablemente, la teoría es una y la realidad otra, se supone que el sistema político mexicano está diseñado para que la sociedad, en general, elija “gobernantes”, que la representen, la sociedad los mantiene con sus impuestos y sostiene un aparato gubernamental que debería garantizar sus derechos, su bienestar y su felicidad, particularmente en lo relativo a lo público, nada más alejado de la realidad. Salvo contadas excepciones, los “gobernantes” terminan defendiendo los intereses de la ambición, la hipocresía e ignorancia de muchos integrantes de la clase empresarial. Esto explica por qué el arribo de empresarios, a la función pública ha sido un desastre y en nada ha ayudado al interés general. El segundo piso de la Av. López Mateos es otro negocio de alguien, solo servirá para darle viabilidad a desarrollos inmobiliarios planeados al sur de la metrópoli, aprovechando, que los gobiernos actuales, como otros muchos, están integrados por directivos, en el mejor de los casos, sin experiencia ni conocimientos en administración gubernamental. Me explico, nadie dejará de usar su automóvil, si el “gobierno” no ofrece un servicio mejor que el que el auto particular da. Eso significa que, si el interés público prevaleciera, en lugar de hacer edificios para calles, avenidas y calzadas, se debe construir una red de Metro y transporte público, suficiente, seguro y eficaz. Con gobernantes chafa, “gobernando”, ¿cómo se podría tener lo que se necesita? Siempre dirán que no hay dinero, porque no saben cómo hacerle y sólo pueden con lo facilito, es más sencillo hacerse el tonto, beneficiándose de lo ajeno, sin consecuencia alguna, que ser inteligente, responsable y trabajar duro para lograr que los impuestos y ahorros generados por un buen manejo del erario alcancen para que se construya, se conserve y se mantenga en inmejorables condiciones una red de trasporte público masivo que asegure la preferencia de la gente de cualquier nivel económico, disminuyendo así la compra o el uso del auto particular. La administración pública supone ayuntamientos profesionales, capaces de construir ciudades seguras, limpias y equipadas con todo lo necesario para vivir felices y gobiernos estatales profesionales, también, capaces de construir, muy rápido, una red de transporte público segura suficiente, limpia y equipada con todo lo necesario para movernos alegremente, pero la realidad de las cosas es que no dan una. El Instituto de Planeación y Gestión del Desarrollo del Área Metropolitana de Guadalajara (IMEPLAN), es una vacilada de nombre rimbombante, no ha servido para nada relevante, ni servirá porque nació con un enfoque equivocado. Quienes lo pensaron y crearon la Ley de Coordinación Metropolitana para el Estado de Jalisco, imaginaron, algo distinto, un IMEPLAN para fortalecer institucionalmente a los municipios, el interés originar era un espacio de análisis para sugerir a los ayuntamientos metropolitanos medidas técnicas para la solución de sus problemas comunes, no una dependencia utilizada para las conveniencias del Gobierno Estatal. El IMEPLAN, después de ocho años existiendo, no sirvió ni para solucionar el problema de la basura metropolitana. Construir un segundo piso de Av. López Mateos, para los que harán el negocio, será bueno, pero son unos desvergonzados y para los que lo autorizarán, sin recibir nada a cambio de su error, será idiota. Si no profesionalízanos el servicio público, después, otros babosos nos propondrán un tercero y un cuarto piso. Ni hablar.
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