El 27 de agosto, jueves, el diario Mural subió la nota: “Se estaaán peleando en el cabildo de Tlaquepaque” y nos pusimos a ver la sesión. Es el ya añejo pleito entre la presidenta María Elena Limón y el regidor independiente Alberto Alfaro. El pleito es importante, pero es normal en los gobiernos, solo que aprecio algo más y lo diré antes de señalar el probable desenlace de este infiernito en el que se está gastando mucha pólvora: María Elena Limón creció mucho, pero mucho en estos cinco años de mandato, y muestra que está lista para estar en la secretaría general de Gobierno, en remplazo de Juan Enrique Ibarra al que quieren mandar a liderar el Congreso del Estado en la siguiente legislatura.
Limón borró de un manotazo que no se vio -tiene puño de hierro en guante de seda, como es propio de secretarios de gobierno valiosos-, muy firme pero sin exaltarse, el ímpetu que priva en un ayuntamiento pequeño e infierno grande. No usó la patanería inútil propia de la época juvenil del secretario de Gobierno donde solo gobernaba el PRI y valía la amenaza de encierro, destierro o entierro, para que un opositor se moderara. Patanería de la que hacen gala y nada resuelven, ni Juan Enrique Ibarra ni Hugo Luna, secretario general de gobierno y jefe de gabinete respectivamente.
Y el fondo del problema es fácil de hallar: en el Gobierno del Estado consienten al regidor Alberto Alfaro -merece seguridad, claro- y como pago a la policía lo azuzan -deben ser Juan Enrique o Hugo Luna, los únicos que pueden y lo hacen- para que incomode permanentemente a María Elena Limón.
Sobre la sesión de ayuntamiento, Mural publicó: “Por segunda ocasión, el regidor Alberto Alfaro fue marginado de una sesión del Pleno, tras el atentado a balazos que sufrió el pasado 26 de julio. Ayer se convocó al Cabildo de forma virtual y el edil de Morena manifestó su intención de participar desde el hospital donde se recupera; envió un informe médico en el que se detallaba que no había contraindicaciones para realizar sus actividades ni está incapacitado para la toma de decisiones”.
A muchísimas cuentas de reporteros y de periódicos han llegado fichas signaléticas que atribuyen al regidor. Hablan y presentan un historial médico, un perfil sicológico y de sus hobbies o preferencias del regidor. No se vale tampoco, pero es obvio que si no se modera, se las van a exhibir, aludirán a supuestos o reales problemas de salud, y supuestas o reales actividades irregulares al menos, pasadas o presentes del regidor.
Y todos quieren llegar a ese escenario. La regidora que insiste en darle voz y Alberto Alfaro al tratar de lucrar con el ataque que sufrió en un restaurante. Hugo Luna, Juan Enrique Ibarra, menos María Elena Limón, pero todo tiene un límite.
¿Y si le paran todos ya? Hugo Luna, Juan Enrique -manos que mecen cunas- y su víctima Alberto Alfaro, usado para torpedear a un ayuntamiento, actores que en ese club misógino, exclusivo para hombres, están arriesgando mucho. La presidenta María Elena Limón les puede dar una lección de mucha utilidad en Jalisco. Tiene con qué. Hasta se puede quedar con el cargo del dino de la administración, a quien ya les urge mandar al Congreso del Estado a liderar la legislatura que sigue. Al tiempo.
Los contenidos, expresiones u opiniones vertidos en este espacio son responsabilidad única de los autores, por lo que A Fondo Jalisco no se hace responsable de los mismos.







