
Por Horacio Villaseñor Manzanedo
Lo que cuesta algo, si no sirve, es costoso y si cuesta mucho es demasiado costoso, además, no todo se mide en términos de dinero, una ciudad sin calidad de vida es carísima, el daño causado a sus habitantes es terrible y el único responsable, por la falta de servicios públicos que sirvan, son los ayuntamientos. Hace más de una década, algunas “inteligencias” locales aseguraron que lo que hacía falta para tener una gran metrópoli limpia, segura, transitable, con agua y drenaje suficiente, era la creación de un Área Metropolitana de Guadalajara y su Instituto Metropolitano de Planeación. Lamento decirles que solo fue una ocurrencia más como otras tantas que, los actores políticos en turno tienen siempre. Puras tonterías, primero, los diputados de entonces propusieron modificar la constitución local para poder crear un Decreto de Área Metropolitana de Guadalajara, sin saber para qué conformarla y sin saber en lo qué, los ayuntamientos involucrados, deseaban coordinarse, porque no fue iniciativa de ellos. Por ignorancia, impulsaron algo muy mal hecho, defectuoso, el grave error de crear un Área Metropolitana con 9 municipios que no conforman un único centro de población, requisito elemental, básico, para que, eventualmente, existan problemas comunes, fue desastroso.
La llamada Zona Metropolitana de Guadalajara, ya existente entonces, sí tenía sentido porque los municipios de Guadalajara, Zapopan, Tlaquepaque y Tonalá estaban conurbados y formaban un solo centro de población, sus problemas comunes eran sus fronteras, porque la administración pública municipal es territorial. En segundo lugar, la siguiente legislatura, tuvo que “arreglar la plana” a la anterior y logró sacar adelante una Ley de Coordinación Metropolitana, versión dos, por unanimidad y con el mismo gobernador que le vetó, a la anterior legislatura, la versión uno de la Ley, una iniciativa de ley de coordinación mal hecha, igual de chafa que su área metropolitana mal integrada. Nuevamente, “arreglar la plana”, implicaba que la Ley diera paso a un Instituto Metropolitano de Planeación (IMEPLAN) modesto, al servicio de los alcaldes, no del gobernador, y con la tarea constitucional de enfocarse en los servicios públicos municipales relevantes, esos que le permitieran a la gente vivir feliz en una ciudad limpia, segura, transitable, con agua y drenaje suficiente.
La visión debió ser la de un instituto de planeación institucional, que comprendiera lo metropolitano gubernamental municipal y no lo metropolitano conceptual, no que se encargara de todo lo que sucede en una metrópoli, sino un instituto al servicio de los ayuntamientos para proponer estrategias eficaces para ahorrar coordinándose, no para gastar más dinero sin lograr solución alguna.
Un instituto que ayudara a tener una ciudad de primer mundo, con soluciones en lugar de premios y reconocimientos inútiles, que solo le sirven al ego de alguien, que violenta la autonomía municipal porque no consultan decisiones posteriores que trascienden, que duplica funciones municipales y confunde, una estructura creada sin pensar efectivamente en la ciudadanía, que es la que reciente la mala acción o inacción de los gobernantes. En tercer lugar, esas “inteligencias” locales crearon el IMEPLAN, en el mejor de los casos, con buenas intensiones, pero sin ciencia, sin gente con experiencia ni capacidad en temas de gobierno, que después de ocho años de creado lo único que ha logrado es gastar tiempo y dinero en un Instituto que no solo no ha servido para nada importante, sino que además, ha debilitado a las administraciones públicas municipales y a sus ayuntamientos, un Instituto que obedece más al Gobernador en turno que a los alcaldes y que no le entiende a la administración pública municipal.
La mejor prueba de que el IMEPLAN no sirve, es que hoy, una década después de su implementación, los ayuntamientos del Área Metropolitana de Guadalajara están peor que nunca, la inseguridad tiene a sus habitantes asustados, las calles están hechas un asco, sucias, el tránsito terrible, el suministro de agua intermitente, apestosa y “chocolatada”, y en época de lluvias todo inundado. Otra vez habrá que “arreglar la plana”, ni hablar.
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¿”intensiones”?