
Horacio Villaseñor Manzanedo
¿Por qué, una ciudad como Guadalajara fue elegida por la UNESCO como “Guadalajara, Capital Mundial del Libro 2022”? Simple, porque esta ciudad celebra desde hace décadas su prestigiada Feria Internacional del Libro “FIL Guadalajara”, organizada por la Universidad de Guadalajara, no porque sea la ciudad segura, ordenada y limpia de antaño. Ser la primera ciudad reconocida por la UNESCO, en México, por su incansable promoción a la lectura, es sin duda un orgullo para todo tapatío, la lectura da felicidad a la gente, pero sin la FIL Guadalajara, ni su Centro Cultural Universitario de la UdG y su espléndida Biblioteca Pública del Estado de Jalisco “Juan José Arreola”, esta ciudad no sería la misma. Guadalajara ahora tiene problemas públicos que, si no los soluciona el Ayuntamiento, nadie más los puede atender y allí están, allí se quedan, crecen, se complican y dan paso a problemas nuevos y de mayor complejidad. Promover la lectura es muy importante y lo hace exitosamente desde hace años la Universidad de Guadalajara, pero la ciudad está abandonada por la autoridad municipal, nadie dirá que la ciudad, si la recorren, esta atendida por la institución, antes honorable, encargada de los servicios públicos, el Ayuntamiento. Constitucionalmente, hay tareas, deberes y obligaciones exclusivas del alcalde y los regidores que cuando no pueden dirigir al corporativo público encargado de los servicios todo se vuelve problemas y más problemas. Al Municipio, no le falta agua potable, ni drenaje suficiente, tampoco más áreas verdes, parques o reservas ecológicas, ni policías, ni camiones recolectores de basura, mucho menos lavar, barrer, pintar y señalizar las calles, las avenidas, las calzadas, los pasos a desnivel, tampoco rehabilitar los mercados, las unidades deportivas o los registros civiles, ni modernizar su rastro municipal, ni mejorar el tránsito, ni adquirir terrenos para aumentar el patrimonio municipal y tener reservas para infraestructura y equipamiento urbanístico, ni arreglar las fuentes y sus monumentos, balizar los cruceros, modernizar los semáforos, ni adquirir vehículos y equipos para los bomberos, ni agilizar el tránsito, ni aumentar los sueldos y las prestaciones de los empleados municipales, mucho menos le falta dinero o tiempo para solucionar los problemas públicos relevantes, lo único que le falta es inteligencia institucional, directivos públicos capaces de cumplir con lo que un Ayuntamiento debe hacer. Todo lo que aparentemente está mal, no es el problema, sino, en realidad es la consecuencia de la improvisación e incapacidad de su cuerpo directivo y es allí donde hay que “apuntar la flecha” para poder solucionar. El Ayuntamiento necesita recuperar sus capacidades, fortalecerse, hacer un alto en el camino, tener claro cuál es el objetivo de la institución y saber qué hacer para poder cumplir con su tarea esencial, los servicios públicos municipales, seguramente debe repensarse. Urge un diagnóstico de las funciones sustantivas de la organización, identificar sus disfuncionamientos administrativos en áreas claves y hacer una restructuración institucional y reingeniería para lograr la efectividad necesaria, efectividad para que la ciudad vuelva a ser la ciudad segura de antes, la ciudad con fuentes limpias y funcionando, con ciclovías y calles iluminadas, una ciudad libre de cables colgando por todos lados, una ciudad donde no se roban las tapas de los registros dejando la vía pública llena de hoyos, que sumados a los baches hacen que salir a caminar, andar en bicicleta o transitar sea un peligro, una ciudad “con rosas o sin ellas”, pero impecable. Si además, de la FIL, Guadalajara estuviera limpia y fuera segura los festejos por “Guadalajara, Capital Mundial del Libro 2022”, hubieran sido un éxito redondo. Ni hablar. ¡Ánimo, Guadalajara!

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