
Horacio Villaseñor Manzanedo
¿Por qué, el arranque, de la obra de la Línea 4 a Tlajomulco fue precisamente en ese municipio y no en Guadalajara? Simple, porque la L4 del tren a Tlajomulco no sólo no beneficiará, en nada, la movilidad de Guadalajara, sino que, eventualmente, la complicará. Los gobiernos de ahora no dan más que resultados deplorables y lo peor, es que los gobernantes ni siquiera saben que no saben y festejan sus tonterías. Me explico, nadie en sus cinco sentidos dejará de usar su automóvil particular si no existe otra forma mejor de moverse en la ciudad. Solo hasta que en Guadalajara exista un sistema público de transporte que sea puntual, que nunca se interrumpa, que opere todos los días del año y a todas horas, que sea seguro, más cómodo y limpio que el auto particular de cada quien y que cubra todo el territorio de tal forma que se pueda mover la gente del lugar donde esté, al lugar donde desee ir, en resumen, si el servicio público de transporte no es mejor que el que da el automóvil particular, nunca será razonable dejar de usarlo, por más “rollos” ecológicos que se echen. Entonces, ¿qué se necesita para que el servicio sea así de efectivo? Primero, capacidad directiva para gobernar al gobierno y a los operadores del servicio público de transporte, o sea, capacidad para ordenarlo y controlarlo, lograr que los prestadores del servicio se asuman como servidores y protectores del usuario, lograr que la gente se sienta segura al abordar el transporte o al estar cerca o conduciendo junto a un camión convencional. Lograr que las unidades estén limpias, siempre, y en inmejorables condiciones, que no sean conducidas por bárbaros y crueles del volante, que el servicio deje de verse como un negocio y se convierta en lo que supuestamente es, un servicio. Que se construya, por fin, una red de transporte con rutas ortogonales (proyecto propuesto por quien fuera Premio Nacional de Ingeniería, mi tío, el Ing. Jorge Matute Remus, hace más de 40 años y boicoteado por empresarios y líderes transportistas de manera miserable). Sin embargo, hacer todo esto, es complicado y requiere capacidad y experiencia institucional, que es lo único inexistente ahora, se necesitan gobernantes y directivos públicos inteligentes, profesionales que comprendan el valor público y cumplan con su deber teórico, pero ante esta realidad, lo más fácil, lo más sencillo es conseguir dinero y hacer una gran obra, que solo es una línea, una rayita inútil para las mayorías, la numero 4 de Guadalajara, que por cierto no se construirá en territorio municipal de Guadalajara y que en realidad debió llamarse Línea 1 de Tlajomulco. No suma, a Guadalajara, ni eso, ni siquiera una rayita más a la gran red de trenes que requiere la gran ciudad y en cambio, esa ineptitud gubernamental solo ha dado para que exista la peligrosa telaraña de cables que hoy cubre toda la metrópoli. La L4 del tren a Tlajomulco solo servirá para detonar el desarrollo inmobiliario de Tlajomulco y para traer más gente al centro de población de la zona metropolitana, en resumen, a Guadalajara no solo no le sirve la L4 del tren, sino que, eventualmente, le perjudicará. Para dejar de hacer tanto daño desperdiciando tiempo y dinero público, a favor de intereses privados, urge hacer un alto en el camino, repensar, revalorizar y reconstruir la función pública. Han pasado más de 40 años desde que Matute Remus propuso la solución, y todo sigue igual de mal, son otros tiempos, pero los valores que perduran siguen siendo los de los empresarios y los de los transportistas, no los de la sociedad, o como ahora se está usando decir, los del pueblo. Ni hablar.
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