
Horacio Villaseñor Manzanedo
Recordando la famosa frase atribuida al sabio griego Solón de Atenas, de quien se dice reformó el gobierno para ayudar a los más necesitados, “Nada con exceso, todo con medida”, trataré de explicar por qué también excederse en la cohesión de un grupo político, con poder público, termina siendo una trampa (Arellano, 2022) que no deja ver sus equivocaciones, a los integrantes de ese “sanedrín”, siendo entonces, la auto-ceguera, una falla de la falla, lo que afecta y termina con la creencia que, los gobiernos, toman decisiones inteligentes, racionales e informadas, explico: Toda organización pública se equivoca, pero sin capacidad para ver fallas y corregir, el daño es mayúsculo porque afecta a la sociedad que pretende gobernar. La falla típica en todo grupo o facción es la imposibilidad de ver lo que realmente sucede o resulta de determinada política pública, esa que por la obediencia y la lealtad a aquel que les dio trabajo y la oportunidad de aparecer en escena, con el tiempo, les evita ver afuera de la burbuja, objetivamente. Esa obediencia y lealtad que al principio funciona para cerrar el grupo y sentirse, especial, dentro de él, también, se vuelve con el tiempo su peor defecto, porque no hay más alternativas que las que el grupo cerrado observa, no hay más talentos que los que ellos ven, no hay nada mejor que lo que alcanzan a percibir, terminan “viéndose el ombligo”, y lo que hacen o dejan de hacer afecta a toda la comunidad, el daño se hace afuera del grupo. De allí la gran responsabilidad que significa gobernar, se trata de una actividad seria, que no cualquiera puede lograr. Alguien que no puede gobernarse así mismo, ambicioso, soberbio, que no controla su ego, ¿cómo podría gobernar al gobierno? o ¿cómo podría gobernar a la sociedad? Lo peor, es que no se dan cuenta que se están equivocando, porque solo ven hacia adentro y se escuchan entre sí, entre ellas y ellos todo va bien, están bien, todo es felicidad, no corrigen y todo empeora y empeora afectando a millones de personas, por eso no hay problema público, por simple que sea, que se solucione en algún momento; pretextos van y pretextos vienen, pero nada más. Antes Guadalajara estaba llena de baches, los autos caían y se dañaban, ahora también y, además, está llena de hoyos y registros sin tapa y quien hoy, cae y sufre daños, son los transeúntes. Se ensuciaba, ahora está siempre sucia, hecha, toda, un asco. Se inundaban algunas zonas, hoy no hay zona que no se inunde. Antes había algunas zonas peligrosas, ahora hay municipios enteros riesgosos. Había algunos problemas, hoy todo está mal, pero el grupo gobernante solo lo verá, solo se dará cuenta de ello hasta que deje de gobernar y pueda volver a ver. Se trata de un fenómeno conocido como groupthink, que resulta en una auto-ceguera, “es un modo de pensamiento en que la gente se enfrasca cuando están comprometidos en un grupo cohesivo y que, buscando la unanimidad, anulan la motivación por indagar e informarse sobre otras alternativas útiles de acción (Janis 1972). El grupo toma decisiones aisladamente, se creen invulnerables, se creen el “último refresco del desierto” y eso no los deja ver. Si pudieran percibir que las cosas no van bien, buscarían voces o alternativas distintas, fuera del grupo, pero la auto-ceguera no se los permite. Así, sin cuidar esto, una eventual transformación o refundación gubernativa, resulta ociosa. Ni hablar.
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