
Horacio Villaseñor Manzanedo
Hace 42 años, el Ayuntamiento de Guadalajara 1980-1982, presidido por Don Arnulfo Villaseñor Saavedra, considerado uno de los mejores presidentes municipales que ha tenido la ciudad, porque siendo un buen político, una persona civilizada y culta, logró que el gobierno de la ciudad hiciera, por increíble que parezca, más cosas relevantes que el Gobierno estatal de entonces. Ese Ayuntamiento pagó las deudas heredadas, y sin pedir dinero prestado, con un buen manejo de los recursos, mejoró el salario de los empleados del ayuntamiento, les hizo casas habitación de interés social, les mejoró todas sus prestaciones, los equipó con vehículos nuevos, patrullas, auto barredoras para atender calzadas y avenidas durante las noches, camiones recolectores de basura, ese ayuntamiento no tuvo un solo vehículo viejo, compró 408 vehículos nuevos y les construyó también un gran taller municipal para evitar fugas de dinero. Sustituyó todo el alumbrado público de la ciudad, colocando la tecnología del día, lámparas de vapor de sodio por las antiguas de vapor de mercurio, sin recurrir a empréstito alguno. Guadalajara, entonces era una ciudad segura, limpia y la mejor iluminada de toda Latinoamérica. El valor de la propiedad privada, por obvias razones, subió y la sociedad se vio beneficiada con un gobierno profesional y eficaz. La inteligencia institucional y la decencia de sus funcionarios generaron beneficios y ahorros que permitieron, además, remodelar todas las unidades deportivas y construir más donde no había; arreglar todos los mercados, construir nuevos donde hacían falta, aumentarle el tercer piso al histórico Mercado Libertad, mejor conocido como el San Juan de Dios y rescatar el Mercado de Abastos, mejorándolo también con nuevas bodegas. Reconstruyó el Rastro Municipal, arregló todos los cementerios existentes y construyó uno nuevo al sur de la ciudad, el Panteón del Sur, porque por haya no había uno, cambió todo el pavimento de asfalto por concreto, en la Zona Centro, construyó los edificios destinados a la Dirección de Obras Públicas, el Archivo Municipal, la única Planta de Trasferencia de Basura que hemos tenido, el Planetario Severo Diaz, entonces, uno de los mejores del mundo y construyó la Av. Lázaro Cárdenas, entre otros. Fue el último periodo de la administración municipal que, hasta ahora, en lugar de vender bienes públicos a privados, compró, con recursos de la ciudad, bienes privados, para crecer el patrimonio de todos, de 4.668 millones de metros cuadrados recibidos a 6.210 millones de metros cuadrados al terminar su encargo. ¡Lo aumentó en 33 %! Por lo que respecta a las áreas verdes municipales, el dato es más impresionante, el Ayuntamiento recibió 3´210,285 metros cuadrados y entregó 5´037,011 metros cuadrados, ¡entregó 56 % más de las que recibió!, destacando la adquisición de 140 hectáreas, de particulares, para la construcción de tres grandes parques públicos, uno al sur de la ciudad el denominado La Liberación, conocido comúnmente como El Dean, otro en la zona oriente, donde estaba la vieja Penal de Oblatos y uno más, al norte, de 100 hectáreas, el Parque Huentitán, ese que están tratando de conservar los vecinos de la zona y estudiantes de la Universidad de Guadalajara. Don Arnulfo, trabajaba solo con los mejores, inteligentes y de buenas costumbres, de allí su éxito y, Enrique Ibarra, si no me equivoco, fue uno de ellos, fue Regidor en ese Ayuntamiento de buenos recuerdos, al que, además, le sobró dinero y quedó para concluir lo pendiente. Enrique, seguramente, debe sentirse orgulloso de haber sido integrante de ese equipo directivo. ¿Qué sentirá, ahora, que tres estudiantes que defienden lo que él ayudó a hacer, están encarcelados? Ni hablar.
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