
Por Manuel Gutiérrez.
Se cumplió el 24 de febrero una guerra que ha sido costosa en todo sentido a ambos contendientes, pero los analistas internacionales observaron fenómenos extraordinarios en la consistencia del mandato de Putin. Uno son las purgas, lo otro la religión con Putin.
Esa desconfianza, muy tradicional en el alma de los zares rusos, propiciaba desde antes de la era del comunismo la realización de “purgas” frecuentes que se daban entre los círculos cercanos, luego de espiarlos y jugar mediante rumores, desacreditaciones, premios y reducciones de jerarquía un juego político de los zares que convertían en emocionante y riesgosa la vida en la corte.
Durante la era soviética, estas purgas se institucionalizaron por capas sociales de la población que se estimaban conservadoras, por ejemplo campesinos, militares o intelectuales, que pudieran resultar un problema real o supuesto para el Kremlin. Esto refleja miedo en el líder principal, paranoia, y un desajuste mental, así fue en pasado con Stalin y ahora con Putin.
Funcionarios de importancia, aunque de segundo y tercer nivel, han sufrido una epidemia de defenestraciones. Es decir son obligados o lanzados por la ventana de edificios altos, y son funcionarios ligados a defensa principalmente como Marina Yankina, que cayó desde el piso 16 de su torre departamental. La desaparición de 25 funcionarios adicionales en plena racha de “suicidios” hace ver que algo ocurre dentro del Kremlin.
Jorge Fernández Meléndez, en su columna Razones dedica al primer año de la guerra un serio balance de la era de Putin, y lo titula como “Historia de Dictaduras y Fracasos” pero señala cosas de gran importancia. Putin se ha recluido por miedo y no recibe ya más que a muy reducidos funcionarios, no permite ser visto con nadie, un reflejo es ya la hora de hacer “purgas” que descabezan al gobierno, y se sacrifica la funcionalidad a cambios de tener “lealtades” una tradición rusa, sin duda.
CIRILO
Asunto poco tratado más que por pocos analistas es el papel del Pope Cirilo I, que ha convertido a la Iglesia Ortodoxa de Rusia, en uno de los mejores soportes de la guerra de Putin, su amigo personal, Putin se ha acercado a Cirilo, para convertirlo en arma de guerra, situación no compartida por la Iglesia Ortodoxa de Ucrania, que mantiene la firmeza en la lucha defensiva de su país.
Putin, se ha dejado ver encendiendo velas, apareciendo con los jerarcas de la ortodoxia rusa, y a cambio ha obtenido una cruzada para erradicar a Ucrania. La explicación del tema, a parte de las debilidades personales del jerarca, que fue visto luciendo un reloj occidental de 30 mil dólares, y luego se censuraron sus fotos, con el posible Rolex.
Otra faceta, es que Putin ha realizado una regresión en Rusia en materia de derechos humanos, que quizá ignoren los celosos luchadores de las causas LGTB y del feminismo, los exterminan.
Sencillamente convirtió en delito la práctica del homosexualismo, y el enfoque anti varón de la causa feminista también reprimida. La situación va más lejos. Rusia por Putin diseñó un nuevo sistema educativo, en que se fomenta el patriotismo, se inculca la amenaza del ataque de Ucrania a Rusia, se fomentan ideas de supranacionalismo, y de superioridad rusa, que puede llegar a ser racista.
El fenómeno tiene una explicación: Cuando Alexander Solyenitzin, pudo por fin salir a Occidente, luego de sus denuncias del comunismo, las cárceles del Gulag, la corrupción de la justicia, en obras que le dieron fama mundial y el premio Nobel, su llegada a los foros más célebres del planeta hallaron un punto de vista inesperado.
Solyenitzin, se mostró como un hombre del medioevo, profundo pensador, pero nada creyente de los principios de la democracia. Su desencanto fue tal, que consideró que Occidente estaba podrido y decadente por un descenso de la moralidad general, las nuevas prácticas como el aborto, el enfoque de libido de la sexualidad, el consumo de drogas y en general la pérdida de una idea de una civilización cristiana occidental, resultaron un tema profundo, pero carente de sentido y comprensión en las sociedades occidentales modernas dominadas por otros intereses.
Pocos entendieron que era la alma rusa, genuina, pura, preservada por el sistema carcelario soviético. Si bien, su estatura de gigante como pensador y literato fue reconocida, su enfoque medievalista resultó indiferente.
Lo que pocos relacionaron es que Solyenitzin, era un portavoz, del alma rusa, esa que ni el comunismo pudo corromper. El materialismo era rechazado totalmente, pero la idea de una supremacía moral, fincada en el pensamiento religioso ortodoxo, fueron poco evaluados en su momento. Se pensó que Solyenitzin, era un caso aislado.
Esto lo entendió Putin a la perfección. Y aprovechó el planteamiento cuando se acercó a Occidente, a la OTAN, al capitalismo, a la democracia, y la nueva moral occidental, para confrontar al Patriarca Cirilo.
El estaba horrorizado por el panorama religioso-moral de todo Occidente, y consideró que Putin obraba acertadamente al aislar a Rusia de ese contagio. De ahí seguía la guerra.
Algo similar pasa en Irán, con los chíitas y sunnitas, o el extremo talibán, producen políticas extremas de machismo, marginación de la mujer, negación de sus derechos de educación, en políticas islámicas, perfectamente medievales y muy aceptables para ellos.
La Iglesia Ortodoxa, si bien ha tenido acercamiento con la Iglesia Católica, evitó la supeditación, el reconocimiento del pontífice romano, y finalmente las innovaciones vaticanas resultados de su Concilio, tampoco son aceptables para la milenaria religiosidad ortodoxa inmutable.
Putin, entonces se convirtió en el defensor de la pureza de costumbres, y en el líder moral que mediante la lucha armada, preserva la juventud rusa, su fe y sus costumbres, rechaza con violencia la moralidad occidental, inadmisible, héroe medieval de cierta forma y para sus fines.
Por tanto Cirilo rechazó al modernismo, a las modificaciones de costumbres y se convirtió en el principal recurso del poder de Putin, en tanto a los nostálgicos bolcheviques y los militares halcones de conquista, les ofrece el placebo de una guerra por nuevos recursos vitales.
Bien pueden los derechos humanos occidentales, irse por la cañería del drenaje. Así las incontables violaciones a los derechos humanos, consumadas en Ucrania, se convierten en un holocausto purificador.
La muerte de civiles, el bombardeo de ciudades, las torturas, de niños, mujeres, jóvenes, quedan convertidas en acciones depuradoras. Putin, puede contar con Cirilo para sentir que hace una guerra que nada tiene de santa.
Los motores de la guerra de Putin son: Ultranacionalismo, Xenofobia contra pueblos y etnias extranjeras, la pureza doctrinal de la religión Ortodoxa, a que de esa equivocada manera suponen con el beneplácito de la jerarquía rusa, salvan al alma rusa del pecado occidental.
A la par una gran dosis de imperialismo-militarista, substituyó los motivos proletarios, la patria mundial y el devenir histórico, de la era soviética por papas fritas en que la mitología del pasado se mezcla con signos actuales externos, como el hecho que los clérigos ortodoxos favorables a Putin, salgan a bendecir los tanques con la Z del exterminio, los misiles que explotan entre los civiles. Realmente la Iglesia Ortodoxa, si bien en el comunismo sobrevivió siendo silente y obediente, los rebeldes fueron muertos, siguió viva porque el materialismo nunca le ganó a Dios, ni a las suntuosas ceremonias en que se desenvuelve como si fuera la edad media, el culto ortodoxo.
Con 150 Millones de creyentes se consideran fieles de ese culto religioso ruso y Putin se suma a esas ceremonias, asiste a misas y actos solemnes. Para Cirilo es correcto luchar contra Occidente, en el caso de Ucrania, al que estima un “Lobby gay”.
Con eso Putin obtuvo las bendiciones necesarias para el genocidio en Siria. Cirilo cree que lo ideal es desaparecer a Ucrania y terminar la amenaza islámica. Hay una mezcla de sofismo, de errores y de visión de la vida actual, de parte de los patriarcas- supongo que habrá excepciones- pero la Ortodoxia se supo disciplinar al poder político por décadas y hoy lo comparte.
El mundo vive visiones y tiempos diferentes muchos millones de seres, se encuentran en el siglo XIV en su forma de vida, en su cultura y en determinación de imponer por la fuerza, esos principios. Por eso sorprende la reacción de Occidente que ni con las condenas del Papa Francisco a la invasión, se da una fuerza tan homogénea desde un enfoque religioso, en esa postura de lucha, que ha sido tan poco considerada como una causa de guerra. Cirilo es peor que un misil y no entiende que quiere estrangular la libertad.
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