Por Manuel Gutiérrez
Siete años de cobrar el chayote puntualmente y de confeccionarse los trajes que hubieran sido un éxito en el siglo XIX, pero adornados con motivos modernos, colores fosforilocos, tonos estridentes, pero siempre el moño, el ridículo bigote de otras eras y una zalamería digna de la corte más abyecta del absolutismo.
Ese es Carlos Pozos —los Pozos están de moda en la 4T—; los hay petroleros, y los que quiere imponer la Presidenta con una parodia de asambleas de científicos en las que le aprueben algo con lo que el Caudillo se ponía furibundo cuando lo escuchaba: el fracking.
El fracking es una manera de extracción de petróleo o principalmente gas rompiendo capas de roca y de subsuelo con explosivos que implosionan, para luego rellenar el vacío con millones de litros de agua. Precisamente por participar Carlos Pozos con nociones de Física en la mañanera de López Obrador se ganó el sustento, muy bien retribuido.
Sus opiniones sobre asuntos eléctricos llegaron a generar el apodo de Lord Molécula. La imagen del personaje derivó del tiempo en que fue empleado de la American Chamber, por lo que copió los trajes de Jimmy Olsen con moño y saco de cuadros.
En su momento era el culmen de la elegancia. Recuerdo a un periodista que era contador público y que siempre estaba muy bien vestido con ese estilo: era Aurelio Cortés Díaz, quien levantaba una ceja para observarte mientras con la otra mano sostenía la indispensable pipa con buen tabaco inglés.
Si Aurelio hubiera usado un monóculo —«No es un trasero de chango», les aclaro—, hubiera sido todo el perfil de personaje que aún se ve entre algunos emojis. Pero eso era natural; era el Dios del Deporte en El Occidental, pero siempre muy humano.
«Y estaba en la Gran Vía cuando de pronto escuché: “¿Aurelio, Aurelio, qué haces en Madrid?”».
«Era Juan Domingo Perón, que paseaba por ahí, me pasó a saludar y luego me invitó con Perico Chicote a tomarnos un jerez». Y pasaba a describir con perfección el legendario bar de Hemingway y a muchas personalidades de todo tipo que en el mundo han sido. Tuve la suerte de ir a ver y recordé su descripción: era exacta.
Verdad o mentira, el hombre del moño era don Aurelio, quien lucía unos cuantos hilos de plata en las sienes y una frente amplia con una especie de cicatriz que no pregunté nunca cómo la obtuvo. Pero era miembro del club del Aguacate de las Chivas en Colomos, siempre bien informado, siempre colocado en los mejores lugares por una simple razón: vestía muy bien, no era un cuervo de traje negro eterno con corbata delgada como el mago del béisbol local, el profesor Ramón Olvera. Ambos eran iguales: pontificaban y escribían, pero nada era mejor que escucharlos, más a Aurelio.
De ese calibre era Nacho González, con guayabera azul celeste, que en sus últimos programas dormitaba mientras Claudia Fregoso hacía malabares con la F-1 y las carreras locales. Pero cuando Nacho pontificaba, por ejemplo en la barra del Bar Panchos —sí, el súper bar gay por las noches, pero de día templo de la pausa de la hidratación, de los adornos de toros célebres y matadores de arte—, los tacos de frijoles al comprar una cerveza tenían el poder de engatusar a los que los escuchaban.
Nacho sabía todo y de todos… ¡qué de anécdotas le pueden adjudicar! En esos años era aprendiz en El Sol, porque nunca hubo dinero para la licenciatura en Ciencias de la Comunicación y terminé siendo otras cosas inverosímiles.
Yo no sé si Molécula es así; lo que he visto de él no merece mi respeto. Un simple adulador hasta la abyección. Pero diré algo a su favor: es genuino. Porque el hombre ama al Caudillo: hizo el ridículo de viajar a La Chingada para ofrendarle su título de algo… y llevarle un regalo al hombre que se regaló todo México, a sus hijos y parientes… hasta equipos de fútbol, de béisbol, diamantes de pelota (diamantes de los buenos) y propiedades por montones. Me pregunto si Vidanta es de ellos o solamente aman a José Ramón.
Pues en este mundo todo muta, todo cambia, y el que se levanta hoy puede ser distinto al que se acostó ayer. Molécula tuvo el desatino o la lealtad a su Caudillo y preguntó en forma directa, como si fuera periodista, recordando que AMLO siempre había reprobado dos cosas: una de ellas era el fracking; la otra, el maíz transgénico, que nunca entendió que era casi un invento mexicano y que su cómplice de Vector, Alfonso Romo, tuvo todo el poder de ser el número uno mundial del maíz transgénico. Ni las defensas científicas de la UNAM o de la UANL —porque las de las privadas como el Tec de Monterrey estaban desechadas en automático— merecieron un cambio de opinión.
Hoy Claudia dice que los periodistas mentimos cuando recordamos que ella condenaba esa práctica que hoy impulsa: el fracking hoy es bueno, fuente de dicha. Y pide pruebas, pruebas, como con Rocha Moya; y las hay en abundancia, pero nunca las pasará en el derecho de réplica de la mañanera unidireccional, porque de eso se trata: del derecho de las audiencias de censurar. ¿Y quién nos podrá defender de las versiones oficiales?
Pues el buen Molécula se puso a preguntar y a recordar eso. Y eso fue demoledor, peor que cuando alabó las chiches de las mujeres en un Día Internacional de la Mujer por haberlo nutrido a él y a tantos mexicanos y de otros países en que esa práctica natural persiste como los géneros fundamentales, y ardió por su error patriarcal.
Claro, ardió Troya, pero Claudia lo cobijó con su manto de supergirl de la 4T. Ni modo que con el rebozo y el huipil… aunque los usa para que no sepan su identidad secreta, ya que así entra por la cúpula del Capitolio para tomar los dictados de Trump… y volar hasta La Chingada para tomar las órdenes de Kryptón.
Molécula se salvó de esa, como todos los de la 4T, por la impunidad de ser fieles de Morena. Miguel González, de los incómodos derechistas que pululan en las redes con la marca de RID, dijo que era porque Claudita ha cambiado los pactos: paga menos que AMLO o prefiere a otros, y eso arde. Y eso genera que la lealtad de la mañanera se transforme, como le ocurrió a Molécula, lo cual es probable.
En fin, el hombre y el pez por la boca mueren. Y Molécula incurrió en unos Idus de Agosto, como cuando el sobrino de Julio César, Bruto, se acercó fierro en mano y convirtió en zalea al césar excelso de Roma: «¡Tú también, Brutus!», dicen que dijo, según montones de historiadores (por citar uno, Indro Montanelli).
Claudia entonces puso cara de azoro y hasta le bajó a las regañadas a Reyna Haydee, que es la periodista que hace preguntas de media hora y a la que muchos festejan por su desparpajo ante la presidenta con «A», dado que advierte que en la mañanera son puros paleros o es parte del show contratado para hacer creer que existe algo vivo en una maraña de mentiras artificiales.
Ese es el espectáculo de la mañanera, que no admite derecho de réplica ni que nadie defienda a las audiencias de sus falsos contenidos, temerarias difamaciones contra personalidades de todo tipo, como al pobre Ruffo Appel, convertido en más temido que Rocha Moya, pero al cual no lo buscan en los Estados Unidos. Un preso político, como Angelito Aguirre, con sello del PRD, al que acusan por testigos protegidos, anónimos, datos protegidos, todo por seguridad nacional, de destruir pruebas, lo que en opinión de expertos litigantes es un condenado problema probatorio para la parte acusadora que será muy difícil; pero si la sentencia es política, seguirá en el Altiplano con el colega Ruffo de Somos México, al que le temen más que al Chamuco.
Bueno, pues la buena de Reyna Haydee ahí sigue haciéndole hacer más piedras biliares a la Presidenta, lo cual es encomiable, o es una gran actriz de reparto que se merece un Ariel —estamos en México, no pidan Oscar— para dar un tono creíble al show: «Mire, Presidenta, esa bola de paleros que le piden la palabra… pero usted se la da a quien quiere y les da hasta media hora para estar hablando…».
Y la Presidenta, armándose de paciencia, dice: «Otro reportero o reportera; compañeros, hagamos una votación democrática…» —no se sabe si levantar la mano o un cierre de párpados es suficiente para ser leído como aprobación—, y pues termina el turno de Reyna Haydee, quien en ocasiones ha logrado llamar la atención sobre algunos de sus puntos.
Pero la experiencia demuestra que no es un escenario libre ni genuino, porque no se ve a muchos de los que ofende habitualmente la señora judía búlgara asquenazí —no sefardita, por favor, entérense un poco de la historia, porque esas tribus hebreas son de Europa Oriental—. No veo a Sergio Sarmiento disponiendo del escenario para lavar los ataques injustificados, ni a López-Dóriga, menos a Loret. Y quitando a los famosos, no veo a gente de la tropa que se mueve por sacar una buena nota, por llevar la de ocho columnas a su diario o la principal a su radio… puros influencers al estilo de Sonora (donde con 270 millones de pesos anuales Alfonso Durazo maneja a los influencers obedientes —sin que se pongan moño como Molécula— a cambio de zalameros comentarios, promoción de sus narrativas y ataques a sus adversarios; y hay uno que se sacó el premio mayor: 15 millones de pesos que sabrá Dios qué hace. ¿Servicios nocturnos?).
Pero dejemos que el escándalo medre porque se armó grueso el avispero en la tierra de Durazo; más que si se hubieran venido la DEA o la CIA por sus huesos o le hubieran devuelto la visa. Aunque suda agua bendita, no está de más comprar a los Moléculas de Sonora para que lo alaben, engañen a la opinión pública o al menos digan que es tan guapo como Gordolfo Gelatino, hijazo de mi vidaza, que tiene su propia canción narcisista.
Durazo quiere poner a su sucesor, pero contra el centro, si no lo llevan en paquete con Rocha Moya y con Américo Villarreal y otros del golfo de México… no le cambien el nombre.
Bueno, el hecho es que Molécula se despidió casi a punto de llorar de la emoción. Dijo que se retira del aire y de la mañanera por una intervención de cadera —hay edades en que no hay que hacer perreo, les digo—, pero quizá fue un hábil subterfugio para no perder el presupuesto, porque sabe que perder el presupuesto es un error (no sea como le pasó a Marx Arriaga, excelente revolucionario burgués mientras cobraba puntualmente y bien pagado en el erario público federal; pero al parecer le apretaron las tuercas en Chihuahua y ahora amenaza con salir a pedir coperacha para el padre de la Nueva Escuela Mexicana que se encuentra en desgracia, con mansión a medio pagar, coche del año sin cubrir y gastos del colegio de sus hijos —me supongo— privados, porque no va a ser tan tonto como para meterlos a la escuela pública. Nadie de Morena lo hace: hasta a Londres, Canadá y Estados Unidos los mandan; de la misma Sheinbaum dicen que pasó por una universidad estadounidense, pero no entiendo por qué no se fue a Cuba, o a Pekín, o a Pyong Yang… porque no demuestra lo que aprendió y es más antiecológica que nada, pero igual fue su antecesor, el monstruo del Tren defoliador Maya Militar).
La mañanera sin Molécula seguirá siendo la misma monserga. Claudia como que hasta se alegró de la salida del personaje, cuya ridiculez y manumisión los hacía sentirse incómodos. No eran como el presidente de la Suprema Corte de la Nación, Hugo Aguilar Ortiz, que pone a su ayudante mujer de comunicación social a limpiarle los zapatos… quizá Molécula también dominaba ese arte, pero no lo hizo ante las cámaras… le faltó imaginación y más arrastre.
En fin, sucedió; no fue con la clase y solidez de Gibrán Ramírez, que da cátedras de conocimiento, de ciencia política, de historia, y que analiza con profundidad el acontecer nacional. No da para tanto Molécula, o nunca lo demostró, más que veía los programas de Carl Sagan y por ello se ganó el apodo.
Debo pedirle una disculpa a don Yeyo Cortés Díaz hasta las altas nubes por haber comparado por su vestuario a ese legendario periodista de El Occidental, de causa rojiblanca, de amor por Jalisco, Tecolote UAG de formación, pero, de cerca, un gran ser humano y mejor charlista, capaz de entretenerte con su realidad, recuerdos y ficción en forma interminable. Por charlar nadie le pagaba, pero era lengua de oro y gran relacionista público; nunca dio episodios de indecencia por su labor periodística. En eso está a años luz de Lord Molécula.
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