
Por Manuel Gutiérrez.
Graham Hill fue campeón mundial en la década de los sesentas, su hijo Damon, lo emuló en una hazaña extraordinaria. Bien parecido, Graham Hill nunca imagino que su imagen sería utilizada como la de un villano bigotón en las caricaturas. La causa eran sus declaraciones insensibles una vez que lastimó al alemán Jochen Rindt, así su imagen paso a ser un gran villano.
Por ejemplo en los “Autos locos” como el villano Pierre Nodoyuna, y el perro con risa, con su SuperFerrari, que se dedica a poner trampas inverosímiles a sus rivales y que terminan castigando sus conducta entre las risas del perro pulgoso y nunca, nunca gana. En esas caricaturas corre la dama Penélope Glamour siempre impecable e intocable.
Ese villano tuvo un origen, y en algunas películas de acción o con escenas de velocidad el tortuoso villano, distinguido por usar un fino bigote alacranado. El hecho que los inicios del cine tuvieran villanos así que ataban a la bella en los rieles del tren, y su semejanza con Graham, en la vida real,hizo el resto.
Graham Hill fue exactamente lo contrario, un competidor normal de las pistas, con una titularidad mundial logrado en dos ocasiones en 1962 y 1968, no tan depurado como un Juan Manuel Fangio, modelo de caballerosidad y Graham además fue tres veces subcampeón mundial, no empañada en ningún momento en conductas anti-deportivas pero de que te etiquetan de maloso, se te queda.
Su hijo Damon, logró correr un casi una década en Fórmula Uno, pero logro un título mundial en 1996 para el equipo Williams. Damon estuvo al volante de equipos como Jordan, Arrows, y Brabham arrancó en 115 premios y participó en 122
Era el tiempo de Jim Clark, el escocés volador que ganó una vez el Gran Premio de México. Graham tenía inclinación por las motos, pero Lotus lo rescato y en 1958 corrió en Mónaco.
Hill Sr. corrió para Lotus, BRM, Brabham y su propia escudería. Lotus tenía un motor poderoso el Cosworth, pero una estructura deficiente y frágil, la categoría en los sesentas escribió obituarios tan dolorosos como el de Jim Clark, y Mike Spense, y generó un accidente fuerte con Jochen Rindten que era culpable de ese accidente salió su fama de maloso.
Su ironía para enfrentar el peligro, tal vez motivo a que los caricaturistas lo señalaran como un villano, y los dibujantes caricaturas, adaptaron sus rasgos. Este nombre no puede ser olvidado nunca de la memoria de los conocedores porque logró la triple corona.
La trilogía, Mónaco, el gran premio más glamoroso, Indy500 en Estados Unidos y las 24 Horas de LeMans, fueron sus preseas; el sueño imposible en los tiempos modernos para la mayoría de los pilotos por la cláusula de exclusividad. El comenzó tarde su carrera como piloto, sin imaginar que su nombre quedaría en los anales de la gloria.
En esos años los pilotos cambiaban de categorías como de calcetines, simplemente John Surtees fue campeón 7 veces en motociclismo antes de ser monarca de la Fórmula Uno.
Una vez luego del accidente en que lastimó al chocar a Jochen Rindt, hizo un comentario inusual, poco sensible: “Que no haga planes para ír a bailar por unas dos quincenas” refiriéndose a las fracturas de piernas del alemán. Sus facciones, el bigote fino, la actitud desdeñosa del peligro, una especie de “outlaw” así lo satirizaron, aunque nunca admitieron que era Graham, pero todos lo entendían.
Pero su leyenda tenía datos inconmensurables. Ganó el Gran Premio de Mónaco, nada menos que cinco veces, seguidas del 1963, 64 y 65. Luego dos veces seguidas en 68 y 69. “Mister Mónaco”. En 1966 ganó las 500 Millas de Indianapolis, con un Lola.
En tanto que ganó las 24 Horas de Le Mans en 1972 con un Matra-Simca, con el emblema del gato eléctrico, azul con vivos blancos, un poster que me acompaño años, el gran auto con los enormes faros redondos, tomando una curva un momento de gloria de Francia, antes del dominio de Porsche.

En esa época la mayoría de las figuras tenían destinos trágicos. Ser piloto solamente tenía una comparación en cuanto a riesgo, arte, emoción y la presencia de la muertecon el torero. Era la huesuda un invitado no deseado, pero convocado por la insuficiente tecnología, el poderío de los V-12 o V-8 con estructuras que no estaban diseñadas para desbaratarse, y células de vida para proteger al piloto y una pasión tremenda en las pistas.
Jim Clark pagó ese precio corriendo en F-2 porque los astros subían y bajaban categorías. En un choque siempre se fracturaban las piernas hasta los ochenta, mínimo.
Hill no murió en la pista, de tan grandes blasones que obtuvo, pero murió en un accidente de aviación con su aparato propio, porque se consideraba natural que de los carros pasaras a los aviones, eras piloto sin límites, cuando ya tenía su propia escudería. Niki Lauda lo hizo hasta con aviones comerciales grandes, de Air Lauda con Boeing 737.
Su hijo Damon dió a los records otra corona, pero Damon admitió en una revista española CAR que entre sus rivales estaba el nombre de su propio padre, y con una corona fue suficiente para honrarlo y no traumarse.
Como inspiración y como reto pero lo logró. Su mejor hazaña era ser el mismo con la imagen de su padre pero siendo él.
Si estas en esto, debes ponerte de pie, cuándo escuches este nombre. Graham Hill, y no lo confundas con Phil Hill, un valioso piloto norteamericano el primero en ganar el campeonato en 1961 en Fórmula Uno siempre ferrarista.
Claro, están los héroes recientes, con grandes records, pero en esa época se la jugaban en serio, era muy peligrosa la F-1 hoy vivimos la era de Max, que la verdad mata la competencia sin nadie capaz de hacerle sombra, todos sabemos del mérito de competir, pero con Max en monopolio del pódium está asegurado y ser tan predecible no es bueno para la competitividad, ha quedado claro que el subcampeón lógico, suponemos será Checo, un gran mérito.
Pero en la F-1 habitan los monstruos que acaparan todo, en su momento Hill captó la imaginación de todos, pero lo hicieron pasar a la memoria como villano total por las caricaturas y el cine.
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