
Por Manuel Gutiérrez.
La idiosincrasia de España dio una figura notable -que se repite en otros países sin ese nombre- el de Don Juan, creado como un símbolo del Burlador de Sevilla, de Tirso de Molina, autor de la España de Oro, o del Don Juan Tenorio, del siglo XIX de José Zorrilla. El hombre conquistador, en búsqueda incansable de nuevas presas, alentado por el camino, más que por la meta.
Creo que en el Burlador esta la cimiente de la popular obra de Zorrilla, más cercana por ser más representada. El Don Juan Burlador, es una maquina implacable de mentira, seducción, deshonra, y huida. Rompiendo pactos, sembrando discordias, afrentando su propio honor que nunca tuvo.
Para ser Don Juan es necesario carecer de honra personal, aunque este en un destello de orgullo enfermizo, es capaz del homicidio para eliminar los obstáculos en su propósito seductor. Así mata al comendador y lo enfrenta incluso desde la ultratumba.
Una actividad nociva, sin lugar a dudas, pero teñida de fuerte carácter, un inútil arrojo y un cinismo a todo temple. Este tipo de hombre era considerado paria social en la España de entonces, aún con doblones y blasones. Es un hombre improductivo, puesto que no define su responsabilidad social, y a la vez es simplemente un jugador de sentimientos.
Para el siglo XX y aún avanzado esta centuria XXI un hombre sin estado, era una frivolidad, intrascendencia quién siendo un profesional soltero, era visto como poco digno de confianza, claro ahora hay tendencias que contradicen esta teoría y no es necesariamente irresponsable quién no asuma un deber moral relativo con una persona.
Por ejemplo el ilustre poeta Ramón López Velarde, un autor imprescindible.
No era precisamente un play-boy o un Don Juan, pero se negó a definir estado. Si bien las musas eran varias, es de suponer que los ojos sulfato de cobre -azul intenso- de la Genoveva del piano llorón eran una amiga hidrocálida, cerca al ferrocarril y un romántico intento de mantenerla cerca y a la vez lejos.
Pero el amor intenso y verdadero era de ultratumbra, en vida fue inalcanzable Fuensanta, en la muerte se convierte en un deseo irresistible su lista de musas es larga. Omar Khayyamseñor de la frivolidad y ebriedad pierde también a su amada, y se deja ir a “donde va la noche” en una cabalgata sin fin al desierto y a las sombras.
Nuevamente otra contradicción hombres de placer, de vino, de poesía, resultan amantes intensos ligados a un amor imposible e irresistible, a un vacío que nada llena.
No son precisamente imágenes del Don Juan, que engaña para poseer. Pero este concepto queda a discusión. Que tanto se posee en un encuentro, que tanto se adentra el amor en un instante.
Creo que Don Juan se queda en la invasión a la intimidad, y renuncia a las grandes planicies campos de batalla del amor, que se dan en la entrega creciente y en la perfección del placer. En resumen, toma, pero no posee.
López Velarde, detiene su tiempo, su vivencia en sus palabras. También se convierte en un bailador de un vals sin fin por el planeta. No seduce, puede ser amado o requerido, pero no hace malabares de mentiras un Juan inocuo.
En el Tenorio, todos pensamos que seduce a una monja. Aclaración: En el virreinato, en España del siglo XVI y XVII eran refugios para damas solas de buen ver, de cultura, que se reguardaban del mundo, sin someterse a las disciplinas monásticas.
Eran como Sor Juana Inés de la Cruz, intelectuales refugiados, que si buscaban la salvación del alma, pero no renunciaban al buen vivir, al contacto social protegidos por los muros conventuales.
En el Tenorio, Don Juan conquista esta presea, tanto más difícil por la protección de los muros de la virtud oficial. Inés cae por amor, admite que ama a Don Juan, y este encuentra en el laberinto del seductor, que ha logrado no solo la meta, sino un filón de amor verdadero, y al que debe dejar para reiniciar un nuevo juego.
Esto es sumamente doloroso, Don Juan ama, pero más se ama a sí mismo.
A estas actividades en la vida moderna les decimos que son propias de “macho alfa” pero suena líder de manada, y por ello a sujeto del derecho de apareamiento con las que se encuentren. Muchos juegan este juego, pero no han reflexionado en Don Juan y su vacío.
Don Giovanni (Don Juan) de Mozart, explicado magistralmente por el conductor, músico, poliglota, y diletante Ramón Ginés, nos explica la imagen de Don Juan con la misma perfección que las letras de Tirso de Molina.Don Juan es una figura literaria y de realidad, que puede cambiar de nombre o de moda, pero sigue presente.
Me impresiona en final en que Don Juan recibe una oferta de lo Alto. “Arrepientete” le pide el de mero arriba, como requisito para detener la caída. Don Juan porfía y grita un eterno y desgraciado “Nooooo” y nos dice Ginés, “Si lo hace ya no sería Don Juan”.
En oposición a esta figura, surge titánica la entidad de Romeo. Trágico, prohibido, pero juvenil y desbocado, es capaz de perder todo para intentar retener el amor, en una alegoría que indica que el amor no termina con la vida.
Un amante total, un amante que sólo busca y encuentra el destino en su amada. Fausto de Goethe, se salva del pacto infernal por su romeriano amor por Margarita, y de ahí en adelante la literatura crea a recrea a amantes desdichados, pero que por un momento de menos tienen la luz fulgurante de todas las estrellas, aunque no sean finales felices, el haber amado un momento, puede ser suficiente para siempre.
Las historias de parejas eternas, son tantas y en ocasiones duales. Boris Pasternak juega con otro poeta, “Doctor Zhivago” que en primer momento es un esposo fiel, celoso amante de una cónyuge Tonya, que salva de la vorágine de la revolución bolchevique. En segundo término, llega la exesposa del revolucionario Strelnikov, Tara, a constituirse en su compañera de aventuras médicas, en la aventura de la supervivencia de una revolución interminable y finalmente a ceder a una pasión formidable.
Las protagonistas en el reparto fueron bien representadas. Geraldine Chaplin, como la esposa, Julie Christie, una rubia de ojos azules, como la amante. Zhivago para bien o para mal sobrevive a la revolución y a la dictadura roja necesitada de médicos, protegido por los hombres fuertes del régimen que lo ampararon.
El sigue en Moscú hasta el final y cuando ve a Lara, su desesperado intento en el tranvía por volver a verla de cerca le pasa a la cuenta a su fatigado poético y amante corazón.
No cae en el perfil de Don Juan. A nadie engaña, simplemente vive el amor en la circunstancia histórica que se presenta, tal vez se equivoco pero la gran decisión no es precisa y a veces es insuficiente.
Los contenidos, expresiones u opiniones vertidos en este espacio son responsabilidad única de los autores, por lo que A Fondo Jalisco no se hace responsable de los mismos.








