
Por Manuel Gutiérrez
Sigamos con futbolnomics, es decir una vista del deporte de la patada desde la economía. El caso de hoy es Brasil, país de gran futbol, con jugadores millonarios y estrellas, pero con una estructura obsoleta y clubes pobres.
Piense en futbol, y en las nuevas generaciones: Más fácil le hablarán del Real Madrid, del Manchester United o City, o del Paris Saint Germain, del Barcelona o Bayer Munich.
Pero Brasil tiene clubes que portan nombres gloriosos, pero no inspiran a la juventud del mundo. Son muy regionales, son parte del mundo sudamericano, pero no logran la infraestructura, el poder financiero necesario y menos aún logran una proyección planetaria que el futbol europeo les ha ganado.
Mientras vemos futbol Italiano, Inglés, Holandes, Español, o Alemán, más lo que se acumule, no pensamos en ver el campeonato de Brasil, si tienen el Maracana, pero no en la moda de actualización y modernización de hoy.
Argentina de vez en cuando coloca sus clásicos en la televisión mundial, como el River contra el Boca, sabemos un poquito del San Lorenzo, pero a no ser que compres revistas de futbol de Argentina, como “El Gráfico”, que gracias a Dios, llegaba a el Informador, -y con notas fabulosas de automovilismo- no se destaca en el plano mundial, otro futbol importante, generador de estrellas pero lejos del poder financiero que deberían tener sus instituciones.
Toda Sudamérica vive de exportar futbolistas y otros deportistas globales. Pero ningún italiano u holandés, busca emigrar al excelente futbol de Brasil o Argentina, es decir su estructura, su organización está lejos de estar a la vanguardia, si tienen calidad, pero no dinero suficiente.
Un caso doloroso para Brasil, y que suena muy claro en México, es como el Botafogo llegó a la decadencia, siendo el origen de Garrincha, una de las figuras míticas del mundo del futbol. El hecho es que Botafogo, pese a su gran nombre estaba desmoronándose.
Vino un inversionista extranjero, a descubrir la oportunidad de invertir en ese prestigiado futbol, y lo hizo. El dinero americano salvó a Botafogo de los pagos de sueldos atrasados, de deudas añejadas y en general de un estado más próximo a la quiebra y de instalaciones ruinosas.
John Textor, fue el empresario estadounidense que los salvó. Sólo requirió 80 millones de dólares, para quedarse con el 90% del Botafogo. Con dinero en el bolsillo, Botafogo comenzó a ganar partidos y a reflejar la nueva bonanza, incluso los cronistas por su marcha en la liga comenzaron a nominarlo como campeón, pero luego vino una racha adversa con once derrotas al hilo tipo Atlas, y quedó en el quinto sitio.
Textor comprendió desde antes de comprarlo, que Botafogo es una MARCA INTERNACIONAL, y que no es único caso del fabuloso futbol de Brasil: Palmeiras, Flamengo, Corinthians, en cuanto a nombre, se les puede comparar con los mejores del mundo, sólo que sus clubes no tienen el dinero que tienen los mejores del mundo, pero eso tiene que cambiar.
El plan del futbol brasileño es vender más las marcas de su futbol, con valor internacional. Y el plan es que el futbol de Brasil pague sueldos como los de Europa. Obviamente, nadie prefiere salir de casa y de su ambiente, si gana lo mismo que muy lejos. Los mecenas de Abu Dabhi, de Arabia Saudita, la MLS de los Estados Unidos, están observando el mercado de sudamerica.
La revolución del futbol pasó por el gobierno de Bolsonaro, el derechista que con un estilo de Trump sudamericano, revolucionó el marco legal del futbol. Es decir, provocó la orientación de un futbol comercial, en lugar de un futbol amateur y puso reglas claras.
Por increíble que parezca, Brasil todavía maneja equipos profesionales como Asociación Civil, y como tal, en derecho civil, no buscan el lucro. No hay más herejía en el mundo global, que esto, y parece una contradicción. Esa figura se tiene todavía en México pero por situaciones de ventaja fiscal, no por ingenuos.
La AFA y la CFB, son organismos modernos, manejan ferozmente los intereses de su futbol, sobre todo comercializan muy bien a sus selecciones. Argentina es el campeón mundial, pero Brasil siempre es Brasil, y su entorno es importante. Pero no pasa hacia abajo la rectoría de esos organismos, que se limita a hacer sus selecciones, exitosas deportivamente y por ende rentables.
Por las elevadas condiciones de comercialización de esas selecciones, su elevado costo de operación, por su valor de estimación monetaria, parecería que son parte del futbol dorado, que están avezados, avanzados y filosos en defender sus derechos del monopolio mundial que es FIFA, y los gigantes de las televisoras del mundo. Pues no, como deberían.
Pero lo que hacen a nivel de selecciones, no lo aplican a nivel de sus ligas, y de sus clubes. Esto es un des-propósito, diría al respecto Don Jaime García Elías, conocedor como pocos del futbol de Brasil y del planeta y hasta nuestro show casero.
Es decir, sólo venden una vitrina, la selección, no todo su producto, venden un nivel, pero olvidaron promocionar, valorizar a todo lo demás y dejan a los clubes que sigan en sus formas ancestrales.
Si se paga lo mismo que en Europa, el futbol de Sudamérica, puede subir, incluso dejar de ser un proveedor de piernas para el mundo, o seguirlo siendo porque no es malo para nadie. Las estrellas jóvenes podrían seguir en Brasil, y curioso caso los jugadores de Sudamérica, en la mayoría de los casos son bien representados por sus agentes, que los venden y los venden bien.
Es decir, se tiene un gran futbol, con jugadores ricos y un club pobre. Y si un político como Bolsonaro lo supo ver, es tiempo que las estructuras de Sudamérica evolucionen en el sentido de la globalización.
Y como señalé, invertir en estos equipos no es tan caro, y para muchos magnates que no alcanzan las estimaciones astronómicas en sus países de origen, como en los Estados Unidos en las Grandes Ligas, en la NHL, NFL, o NBA, de pronto pueden ser dueños de una historia de blasones, una marca con potencial internacional, una cantera promisoria, un futbol de elevada calidad que puede darles recursos de exportación y les sobra para los caramelos.
Y eso está pasando ya.
Ronaldo compró el Cruzeiro, un grupo de empresarios de Florida, hicieron en holding, para comprar el célebre Vasco de Gama.
El Club Bahía, por ejemplo de plano fue adquirido por unos señores de largas túnicas blancas, y tocados rojos del desierto, pero que cruzan en mundo en sus jets privados y hablan el lenguaje mundial del super-dinero así es, son los directivos de túnica larga de Abu Dabhi. (No de pantalón largo, obviamente occidental).
Abu Dabhi formó otro consorcio, el City Group Futbol, con miras a invertir en donde sea, como sea, bajo el criterio que son minas de oro que con el trabajo les permitirán precisamente ganar mucho oro.
Con esto y la ley Bolsonaro el futbol de Brasil quedó en el umbral de una nueva era, y si decide acertadamente, su gran futbol estará en dimensiones de la riqueza, que merece, y algo similar está sucediendo en Argentina, pero el caso de Brasil va muy lejos, es el faro del deporte mundial que marcará el nuevo rumbo del futbol.
En la próxima entrega de futbolnomics, veremos las alternativas, de organización porque los brasileños aspiran a otro modelo de futbol, la mayoría toma como referencia a Europa, pero ¿Cuál parte? pero tiene dos formas estructurales propuestas, ¿Cuál se ve mejor desde la ortodoxia económica? los negocios mediáticos y un replanteamiento mundial de este deporte a corto plazo, los jugadores serán reconocidos por sus camisetas originales, no por usar las de equipos europeos, y su futbol tendrá, si acierta el sitio que merece.
Porque tienen todo para hacerlo, pero en ocasiones, aún con excelente materia prima, calidad de producto, se mete la pata en hacerlo bajo un modelo diferente y con empresarios que no tienen la calidad de los futbolistas.
Que el estado anterior a Lula, haya visto eso, es un toque importante, sin buenos directivos, aunque sean un futbol de otra galaxia, terminas exportando talentos y tus clubes siguen en la calle de la amargura.
En eso la MLS está mostrando sin temor alguno, que sabe a lo que va y va creando una liga poderosa, con solides financiera que hace las cosas a su manera, y hasta ahora ganan mucho dinero. Y lo hace más como NFL que como liga de la FIFA y como muestra está Messi, producto de toda la Liga.
Brasil, siendo tan grande en la historia, sin embargo tiene el problema de falta de confianza en sí mismo, a nivel de corporaciones, de organización, y de visiones ambiciosas y propias de hacer un futbol a su imagen y semejanza; pese a que es un enorme país, una potencia, con ciudades super modernas, arte, cultura, su Petrobras estatal, se la dejaron sin pérdidas a Lula, pese a sus deudas desde un esfuerzo digno de imitarse de Vilma Roussef, y siguió con el acierto Bolsonaro, y lograron algo que parece imposible. Si llegara a pasar algo así para nuestro Pemex…
Brasil tiene un nivel creativo e industrial y de economía que lo harán en alguna parte de este siglo, esperanza del mundo, ojalá preservando su medio ambiente y su Amazonas, para el futuro.
Ya lo es, el gigante, pero con los bolsillos rotos, y zapatos de con agujero, al menos en futbol, sobre un tesoro digno de ser cuidado por el Dragón Smaugh, en su desolación, de la serie Hobbits-Señor de los Anillos, un dragón con ínfulas de Rico McPato.
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