
Pablo Carranza
Lanzar la piedra y esconder la mano, es la imagen repulsiva de alguien que agrede agazapado en el anonimato.
Recuerdo a nuestros padres y maestros, desde la primaria, nos hablaban del valor civil para decir “yo fui” y afrontar las consecuencias, pero eso es algo que ahora se ha perdido mucho en esta sociedad tan decadente.
Y es que es verdad que muchas veces enfrentar a la autoridad, inconformarse, protestar y decir lo que piensas puede ser motivo de persecución, amenazas y castigos, pero no le hace. Eso fortalece a la razón. Si tu demanda es justa, si tu denuncia es verdad, decirlo con la cara descubierta habla de valentía e integridad.
No tolerar abusos del poder, denunciar corrupción, robos, nepotismo, arbitrariedades, negligencias e incompetencias, me han redituado ataques, persecuciones y destierros dentro del sistema educativo en Jalisco, durante varios años, por parte de las mismas autoridades que deberían atender las denuncias, porque la norma es que si hablas te ignoran, te marginan, o de plano buscan deshacerse de ti. A pesar de todo sigo ahí, alzando la voz, junto con otros pocos irreductibles sindicalistas de verdad.
En diciembre llegó una nueva administración a los organismos educativos y afectaron intereses ilícitos y mezquinos de algún sindicato que se mantenía llenando sus arcas de oro, coludidos con administraciones anteriores, regenteando los organismos con parientes y compadres, en una borrachera de poder y corrupción putrefacta, pisoteando a los agremiados por años y a los que ahora quisieron utilizar para hacer paros, como carne de cañón, sin importarles afectar a los estudiantes.
Como no les funcionó, porque la mayoría de los trabajadores ya estaban hartos de tanta mugre, recurrieron ahora a lanzar ataques anónimos contra los nuevos directivos, escritos plagados de mentiras, difamando, calumniando y ofendiendo, escondidos en las redes sociales.
Hasta canciones musicalizadas han compuesto para atacar a los directivos y a los sindicatos que no pudieron controlar. Claro, lanzan esas canciones de manera anónima, cobardemente anónimas.
Cuando una nueva administración llega a un organismo de gobierno con la consigna de barrer con la corrupción y la ineficiencia, es natural que se generen reacciones de los que abusaron del poder, y como sus perfidias son inconfesables, recurren al grito histérico desde las penumbras, a donde fueron arrojados por su maldad.
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