
Por Violeta Moreno
En la FIL Guadalajara 2025, Richard Gere no vino a vender nostalgia de Hollywood. Vino a ponernos una piedra en el zapato con un corto que, literal, se llama como lo que nuestra sociedad prefiere hacer con la pobreza extrema: Lo que nadie quiere ver.
Y a mí, ese gesto me gusta tanto como cualquier alfombra roja.
Un corto que no está pensado para “caer bien”
Lo que nadie quiere ver es un cortometraje documental de unos 22 minutos, dirigido por Oan Hostench y producido de la mano de The Gere Foundation, HOGAR SÍ e Inopia Films.
En pantalla no vemos “casos” ni “estadísticas”, vemos a cuatro personas con nombre y apellido: Pepe, Javi, Mamen y Latyr. Cuatro historias de sinhogarismo en España, contadas sin azúcar y sin victimismo decorativo. No son extras en el drama urbano: son el centro de la historia.
Detrás están Richard Gere y Alejandra Gere, no como celebridades con culpa, sino como puente: usan su rostro público para que el foco no se quede en ellos, sino en quienes han pasado años durmiendo en cajeros, portales, albergues, y hoy están intentando reconstruir algo tan básico como un “hogar” donde vivir.
El título es honesto: la vida en la calle, la intemperie emocional y física, no es algo que la clase media quiera ver de cerca. Justamente por eso el corto funciona: incomoda.
¿Por qué presentarlo en la FIL Guadalajara?
La FIL Guadalajara es uno de los escenarios más cómodos y luminosos de la vida cultural iberoamericana: libros, debates, y mesas con café. Un mundo de gente que, en general, sí tiene techo, y sí tiene voz.
Meter ahí un corto sobre personas sin hogar tiene una carga simbólica enorme:
• Es recordarnos, en nuestra burbuja ilustrada, que la ciudad no se acaba donde termina cierta zona.
• Es traer a Guadalajara un debate que se suele ver “lejos” (“eso pasa en Madrid, en Barcelona…”), cuando todos sabemos que también pasa aquí, a unos metros de Expo, en el Centro y en muchas colonias. Y en todo el mundo.
Richard Gere pudo venir a hablar sólo de cine, de espiritualidad, del Dalai Lama o de cualquier otra cosa cómoda. En cambio, trae este corto como parte de su visita, y lo coloca frente a un público que diseña políticas, lidera instituciones, reparte presupuesto o, mínimo, influye en la conversación pública.
Eso me parece un acto político en el mejor sentido: usar el prestigio cultural de la FIL como reflector para quienes nunca son portada.
De estrella de cine a testigo incómodo

Richard Gere lleva décadas metido en causas de derechos humanos y espiritualidad. No es nuevo. Pero con Lo que nadie quiere ver hace un giro interesante:
ya no está hablando de una tragedia lejana en otra geografía, sino de un sistema que expulsa a su propia gente a la calle en pleno siglo XXI.
Hay una idea que se repite alrededor del proyecto y que vale la pena subrayar:
la línea entre “nosotros” y “ellos” es mucho más frágil de lo que queremos admitir.
• Una enfermedad.
• Una quiebra.
• Un problema de salud mental sin atender.
Y de pronto la persona que pagaba impuestos, que tenía casa y rutina, está durmiendo debajo de un puente. No porque “no le echó ganas”, sino porque el sistema no tiene red suficiente.
El corto no predica: muestra. Y a partir de esas cuatro historias, lanza la pregunta que nadie quiere formular en voz alta:
si a mí me pasara algo así, ¿el Estado y la sociedad me sostendrían… o me dejarían caer?
Lo que significa para México ver este corto
Aunque el documental está situado en España, verlo en Guadalajara inevitablemente nos atraviesa con preguntas mexicanas:
• ¿Qué entendemos por derecho a la vivienda en un país donde la informalidad urbana es la norma?
• ¿Cuántas personas viven hoy en una especie de “precalle”?
• ¿Cuántas políticas públicas se quedan en el discurso mientras la gente vive y muere en banquetas y camellones?
En Latinoamérica estamos tan acostumbrados a la desigualdad que muchas veces la calle deja de doler porque se vuelve paisaje. Ese es justo el problema. El corto de Gere entra como un espejo incómodo: si esto indigna en Europa, ¿por qué aquí lo tenemos tan normalizado?
Presentarlo en la FIL también es un mensaje a quienes escribimos, investigamos o analizamos:
no basta con hablar de democracia, de economía o de cultura si dejamos fuera a quienes ni siquiera tienen una dirección postal desde donde ser contados.
Me parece personalmente maravilloso que en la FIL se permitan este tipo de debates tan necesarios para mejorar a toda sociedad y que una estrella Hollywoodense use su fama para dar visibilidad a quienes no la tienen normalmente.
Las grandes transformaciones siempre empiezan por decisiones pequeñas y sostenidas. Y ahí la FIL y Gere ya están aportando.
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