Por Manuel Gutiérrez
Otro aspecto de la guerra de Ucrania. La guerra cultural, que se libra por todo el mundo, en que las ideologías colisionan, en que se cuestiona la historia y, por último, se enfrentan valores destacados, que representan personas descollantes en el mundo. Es el caso de Garry Kasparov, varias veces campeón mundial de ajedrez, y heredero del protagonista del match del siglo en el deporte ciencia, Boris Spassky contra el estadounidense Bobby Fischer, en lo que fue en su momento un duelo que sobrepasó al deporte y enfrentó dos visiones irreconciliables, representadas por los dos jugadores del tablero cuadrado.
Kasparov vuelve a las noticias mundiales —nunca ha salido de ellas— porque las autoridades actuales de la Rusia de Putin lo acusan de “apologista del terrorismo”, como en México acusaron a Rafael León Vega, periodista de Coatzacoalcos, Veracruz, en un símil muy desafortunado que por fortuna, en un brote de coherencia, lo echaron abajo. Pero no con Kasparov.
La diferencia: mientras Rafa no puede cruzar el umbral de su casa, en lo que averiguan la procedencia de sus cargos de atentar contra las instituciones, Garry deambula por el mundo.
El ajedrecista vive en el exilio y es una figura internacional que concurre no solo a clubes de ajedrez, sino a foros de los derechos humanos y sigue señalando la dictadura rusa.
Garry es un pilar en la lucha por los derechos de los migrantes en Rusia, luego se convirtió en líder de la oposición a la guerra de invasión de Ucrania, y adicionalmente critica la corrupción de Vladimir Putin. En sus presentaciones en universidades del mundo y lugares a los que es invitado por su aguda inteligencia, su valerosa denuncia y su fama.
Putin es más fino que los imitadores de la 4T, nunca lo ha citado por su nombre. Hace eufemismos y analogías muy identificables: “Figura política apoyada por Occidente”, “Han perdido contacto con Rusia” y “Hacen ruido en los medios de comunicación, pero carecen de apoyo social”. Este analogismo, sin duda, aplica en el caso de Putin, a no ser la fuerza y el miedo para tener supuesto apoyo popular.
JUSTICIA RUSA VENDIDA AL PODER, COMO EN MÉXICO.
Bueno, en Rusia no los nombraron los jueces por acordeón, tómbola, pero sí por dedazo político del partido oficial. Los juzgadores, por tanto, son piezas del control social, son parciales y están nombrados para defender al gobierno, no a los ciudadanos y sus causas. Como la nueva tendencia mexicana.
Veamos: el 22 de diciembre de 2025, el Poder Judicial ruso se movió como instrumento de intimidación y emitió orden de aprehensión del ajedrecista, admitiendo los cargos de terrorismo en sus variantes, que armó la fiscalía de Moscú.
Este tipo de tribunal en Rusia funciona regularmente como en los tiempos del Gulag de Solzhenitsyn, y sus narrativas como El primer círculo, emitiendo sentencias y órdenes que legalizan la persecución. Las personas ven de pronto que sus acciones disidentes son homologadas con crímenes mayores, terrorismo, y para ello permite la detención, arrestos prolongados, registros, y dan toda la anuencia a las autoridades investigadoras para arrestos preventivos indefinidos.
El problema para Moscú es que Kasparov se mueve constantemente por el mundo, pero no son tontos: realizan esas acciones para estigmatizar al deportista o disidente, presionar gobiernos extranjeros, o disuadir de su activismo a las personas que se hacen notar.
La historia muestra que el campeón mundial del ajedrez ganó sus títulos cuando existía la URSS, la era soviética. Él ha mantenido su ciudadanía rusa, pese a ofrecimientos de otros países dispuestos a asilarlo o darle otra ciudadanía. Garry Kasparov es un judío armenio y se ha mostrado solidario con Ucrania ante la injustificada invasión.
Rusia respondió boletinándolo como agente traidor al servicio de potencias del exterior, y como extremista-terrorista, en diversas listas. Kasparov es acusado con el 205.2 del Código Penal de Rusia, por “justificación pública, propaganda del terrorismo”.
Es decir, si Kasparov cayera bajo la jurisdicción de algún país interesado en quedar bien con Rusia, sería extraditado y sometido ahora a las penas corporales. Si por alguna razón ingresa a Rusia, podría ser detenido y procesado de forma inmediata; prácticamente es un desterrado.
Kasparov, un tipo cerebral —o no hubiera sido campeón mundial de ajedrez—, heredero de Boris Spassky, culpa de los problemas económicos y militares a la administración de Putin, su militarismo, y ha llegado a señalar: “Rusia nunca será libre, mientras Putin esté en el poder”, lo que por medio de elección de Estado fraudulenta se aseguró permanecer en el mismo hasta más allá de 2030.
Putin curiosamente está en el mismo caso, condenado por la Corte Penal Internacional; podría ser extraditado a la jurisdicción de dicho organismo legal, si algún país procede a extraditarlo, pero eso implica adquirir problemas con Rusia en muchos sentidos. Incluso los Estados Unidos podrían detenerlo durante sus visitas oficiales a ese país, pero Trump es su comparsa.
Kasparov habla: “El miedo es la única fuerza que mantiene la cohesión social en Rusia”, dice sobre el dictador Putin, en una gran verdad.
Kasparov, por tanto, también ha criticado a Trump por su errónea y maliciosa política respecto a Ucrania, y eso lo hace incómodo en Occidente, como en su tiempo el Nobel Aleksandr Solzhenitsyn: “Estados Unidos ha abandonado a Kiev, buscando acuerdos en segundo plano, mientras restringió la capacidad de resistencia de Ucrania, por los límites de armamento y por impedir su despliegue”. Los quiere entregar indefensos a Rusia y anexarla a sus conquistas territoriales.
Kasparov no teme incomodar al autócrata yanqui: “Desde que asumió el poder actúa como un cómplice de Putin”, dice directamente.
En 1985, como campeón mundial del deporte ciencia, fue la máxima estrella del deporte soviético, protegido por un cerco de la KGB, privilegiado en extremo. Tenía entonces 22 años, pero giró y se convirtió en un crítico del gobierno y la sociedad rusa zarista. En 1972 se había jugado el match del siglo, la partida de Fischer-Spassky, que marcó la fama de este deporte porque el mundo estuvo pendiente y se le colgó a la victoria en ajedrez el beneficio del sistema como propiciante del éxito, porque la URSS la asumió como si fuera la guerra mundial.
Primero fue detenido en 2007 y se le mantuvo en prisión cinco días, ante la presión mundial por su fama. Luego le pusieron una paliza policiaca por participar en una protesta cívica en Moscú en 2012. Los golpes y lesiones lo decidieron a actuar a fondo.
Para 2013 abandonó Rusia, pero no su labor para denunciar la opresión.
Incluso lo acusan de terrorista por internet; de capturarlo lo someterían a pena de siete años de prisión y estancia de trabajos forzados, salvo que se doblegue y coopere. En Rusia no puedes ser un preso al estilo mexicano que tiene el torito seguro, haga o no haga nada. En Rusia te obligan a trabajar o mueres de hambre, enfermedades y castigos.
La FSB, heredera de la KGB de la era soviética, de la que formó parte Putin, lo vigila en sus movimientos por el mundo, y algunas naciones por su estancia lo protegen de algún secuestro o agresión por las implicaciones internacionales.
La FSB añadió la absurda acusación de que recluta y financia formaciones militarizadas de Ucrania, una acusación que no han fundamentado, pero que basta por quién la presenta para que proceda. Así se hace legal la persecución; por desgracia, México avanza en ese sentido, en esa dirección contra la libertad de expresión. La administración de Claudia Sheinbaum ha llegado más lejos en su intento de silenciar las voces independientes y debe mostrar con hechos lo contrario, porque en discurso somos el país más libre del mundo, mientras no critiques la 4T. 51 periodistas muertos en 2025 son cifras muy altas sin un conflicto bélico reconocido.
México, sede de la mayor red de agentes rusos en esta parte del continente, con muchos políticos como Jesús Ramírez, Genaro Villamil, que adoran a Putin y son postbolcheviques, cuando esto ya no existe, pero nadie los actualiza. Y son siervos de Rusia voluntarios de una añoranza perdida. El Peje siempre mostró su admiración por vida, obra y estilo de Putin.
Kasparov juega mucho más ahora en el tablero de la vida y de la lucha por la libertad. Lejos están las condecoraciones de Héroe de la Patria Soviética, los aplausos, desfiles y homenajes.
La dacha de lujo, dinero y los privilegios de ser de la nomenklatura, prefirió ser parte del pueblo ruso que no lo olvida, pese a las condenas oficiales. Por ello no lo mencionan; reconocerlo así sería más perjudicial para los zaristas, pero existe un flujo subterráneo de información realista en Rusia desde los tiempos bolcheviques, se le llama samizdat, ahora lo hacen con redes digitales.
Y de vez en cuando, Garry no pierde la oportunidad de sentarse ante las piezas de ajedrez, contra otros entusiastas que lo veneran como gran maestro, parte de la memoria oculta de Rusia y su gente.
Es parte de la guerra cultural que también se libra en el mundo por Ucrania y por los países en que la libertad es limitada, en que se judicializa la oposición y en que la ley se tuerce para perseguir la moda de la inquisición política del siglo XXI, qué regresión tan lamentable.
En civilización, retrocedimos a la barbarie entre Putin y Trump, luego de vivir la globalización y lo que supondría el triunfo del derecho para dirimir los conflictos, cuando deberíamos estar perfilando las formas del futuro; el pasado nos hace sus rehenes.
Fuente: Europa News.
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