Por Laura Gutiérrez Franco
La realidad de Cuba hoy se debate entre la asfixia de una gestión gubernamental agotada y el surgimiento de un sector privado que intenta respirar por cuenta propia. A través de un testimonio directo obtenido en una conversación por WhatsApp con una empresaria cubana, quien ha solicitado omitir su identidad por seguridad, queda claro que el mayor flagelo que ha sufrido el país por décadas es la mala administración y las decisiones erradas a nivel estatal.
Estas políticas han llevado a una crisis de recursos donde ver a ciudadanos buscando comida en la basura se ha vuelto una muestra de la decadencia actual.
Desde el año 2021, la apertura de las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas (Mipymes) ha permitido que surjan alrededor de once mil negocios en la isla. Sin embargo, como relata esta fuente directa, el sector privado no lo tiene fácil: operan bajo limitaciones en las actividades autorizadas, pagan impuestos y enfrentan una crisis que apenas les permite trabajar dentro de lo que el sistema permite.
Pero hay una verdad incómoda que surge desde el corazón de la isla y que esta emprendedora enfatiza con claridad: el cambio económico no depende solo de las estructuras, sino también de la actitud de su gente. Existe una crítica punzante hacia un sector de la población que, aunque desea un cambio, se ha sumido en el acomodamiento. Es la paradoja de un pueblo profesionalmente preparado donde hoy muchos se niegan a realizar labores agrícolas o de construcción, prefiriendo esperar a que el gobierno les ponga todo en la mesa.
Como bien señala esta empresaria en su entrevista, muchos cubanos quieren un cambio económico en el país, pero pretenden lograrlo “desde una esquina jugando dominó”
Mientras unos pocos se esfuerzan al máximo para sostenerse económicamente a través de servicios de asesoría y eventos, otros se quedan en la pasividad del reclamo sin acción. La esperanza de los que trabajan está puesta en un giro político que atraiga inversionistas, pero el mensaje interno es contundente: para no morir de hambre bajo un sistema que ha malgastado sus recursos, hay que dejar de esperar soluciones sentados y empezar a enfocarse en el esfuerzo propio.
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