
Por Laura Gutiérrez Franco
A medida que se acerca la justa mundialista, la realidad de Guadalajara choca con el discurso oficial de renovación urbana. Mientras la administración municipal parece enfocarse exclusivamente en proyectos que reditúan visibilidad política, sectores emblemáticos de la ciudad permanecen en el olvido, sumidos en la suciedad y el descuido.
Un ejemplo claro es el Jardín de San Sebastián de Analco. Apenas el pasado 22 de abril, con motivo de la conmemoración de las explosiones, el espacio recibió una limpieza profunda y mantenimiento general. Sin embargo, a pocos días del evento, la zona vuelve a lucir descuidada y mugrienta, evidenciando que para la autoridad la dignidad de los espacios públicos es un asunto de efemérides y no de gestión cotidiana.
Esta situación se replica en el Parque Morelos y en el cuadrante del Centro Histórico. Estas áreas, que deberían ser la puerta de entrada para quienes visitan el corazón de la ciudad, padecen de jardineras secas, mobiliario urbano dañado y una falta de aseo constante que proyecta una imagen de abandono total.
En el centro histórico y por otras zonas, no se cuidan las hermosas casas antiguas. No las rescatan, la dejan caer sin que a nadie le preocupe. Son parte del patrimonio de la ciudad y de su historia.
Pero lo que más indigna es el manejo de los recursos en espacios como el Parque Rojo. A pesar de las millonarias inversiones que se le han inyectado en diversas etapas de rehabilitación, el resultado es decepcionante. Más allá de haber colocado más plantas, el parque luce sucio y descuidado; no se percibe como un espacio bonito o digno para el disfrute de los ciudadanos o para recibir al turismo internacional. Es un claro ejemplo de gasto público que no se refleja en la calidad del entorno.
Por otro lado, el corredor de la calle Morelos, desde Plaza México hacia el Centro, ofrece un panorama desolador. Al llegar a la zona de Chapultepec, el paisaje urbano se compone de locales comerciales cerrados y fachadas cubiertas de grafiti. Muchos de estos negocios bajaron sus cortinas debido a la falta de apoyos económicos tras la pandemia y, ante la ausencia de incentivos para la reactivación, se han convertido en focos de abandono.
Resulta cuestionable que, ante la próxima llegada de miles de turistas internacionales, la prioridad municipal sea tan selectiva. El visitante no solo camina por las rutas turísticas trazadas, sino que recorre una ciudad que, hoy por hoy, muestra una cara de grafiti, crisis económica no resuelta y parques que, pese a las inversiones, siguen viéndose mugrosos. Guadalajara requiere una intervención de fondo que vaya más allá de barrer para la foto oficial.
Además en colonias más alejadas las calles están destrozadas, aparte de que todavía no se soluciona el problema del agua. Solo se han quedado callados. Ojalá no sea por los tinacos que repartió la Presidenta Municipal, con esos no se potabiliza el liquido.
Podría hacer una lista enorme de todas las calles con problema en la ciudad, incluso de los camellones de avenidas que están superd escuidados o ¿también quieren que los vecinos se encarguen de eso?
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