
Por Manuel Gutiérrez
El Ing. Cuauhtémoc Cárdenas fue nombrado asesor de Pemex por la Gerente Nacional, con la finalidad de orientar a la empresa del pueblo en la consecución de la autosuficiencia energética. Un cargo de supremo asesor que buscará que Víctor Rodríguez, el actual jerarca de la petrolera mexicana, se percate —al menos— de por dónde se le derrama el óleo.
La Esfinge II, sin embargo, nació en la Ciudad de México, en tanto que su padre, Lázaro Cárdenas, fue originario de Jiquilpan, Michoacán. Cuando las fuerzas del priismo se decantaron por el General Cárdenas (que fue más bien gris como militar, pero a su favor abonemos que tuvo rasgos de humanismo y no era un sanguinario, por lo menos por como lo retrata el microhistoriador Luis González en su Pueblo en vilo, la historia de San José de Gracia), tuvo, junto con Jean Meyer, mucho de admiración por la estructura del clero, y algunas de sus decisiones copiaron esas formas en políticas de reconciliación.
Sin embargo, era conocido como la “Esfinge de Jiquilpan”. Resulta que Lázaro Cárdenas pasó a la dimensión de tercer transformador, y fue admirado por los que hoy están en el poder, sobre todo por la expropiación petrolera. Pero la expropiación, según el sabio de la U. de G. Gilberto Moreno en La banca y las finanzas, Tomos I y II, arrojó resultados terribles para el país. Es decir, nos anularon los créditos internacionales y, pese a que se abrió la puerta al capital de los Rockefeller con Exxon, Esso y sus derivados, Lázaro desplazó a los soberbios ingleses que manejaban “El Águila”.
Fuera de ese cambio, comenzó el auge del sindicato petrolero, para bien y para mal, con sus efectos que inciden en la producción y en las costosas pensiones jubilatorias de las que ellos gozan, antes de que Claudia los rasurara. Pues bien, la devaluación del peso, la inflación de la época e incluso una relación amistosa de cliente con la Alemania nazi fueron consecuencias impremeditadas de la expropiación. Hasta que vino la Segunda Guerra a conseguir mano de obra bracera mexicana para mantener su agricultura funcional, y la modernización del ejército mexicano que quedó del lado de las democracias de Occidente, lideradas por Estados Unidos.
Don Lázaro tuvo dos facetas muy interesantes en su actuar público. La primera es la veneración y la exigencia de altísimo respeto a la investidura presidencial que partía de su imagen personal, una de las más cuidadas en ese sentido. Hubo Presidentes como López Mateos, muy bien vestidos, más abiertos y glamurosos, pero el sentido de Cárdenas era lucir como una estatua viva, siempre histórico. Es decir, cuidaba el honor de la Presidencia como pocos lo han hecho.
La segunda: aunque general, político y mente brillante, cuando escuchaba temas de tipo técnico o exposiciones de los políticos (incluso en los actos masivos), mantenía una expresión inescrutable. Es decir, una cara de póker en la que no se notaba ninguna emoción; si le gustó, si no le gustó o si estaba reprobando el contenido. Silencio total. En realidad, se estaba cuidando de no meter la pata, de no generar problemas con su discurso, de ser hermético. Supo mejor que nadie que “en boca cerrada no entran moscas”. Y ese silencio le daba la etiqueta de que estábamos ante un genio de la política. De ahí vino el mote de “Esfinge de Jiquilpan”; buena treta, sin duda.
De hecho, la expropiación se derivó de la falta de respeto de los ingleses a la investidura Presidencial, lo que de ninguna manera podía tolerar. Clausuró una popular revista de política, incluso no opositora, por publicar fotos de él y algunos de su gabinete y asistentes que se metieron a bañar a un río. Se consideró una grave falta de respeto en ese entonces, y fue intolerable haberlo publicado así. Era la época de los presidentes en que —no había carreteras como hoy, aunque riesgosas y fracturadas— usaban trenes: el Olivo y el Azul eran los transportes presidenciales esenciales.
Lázaro generó una mística presidencialista. Incluso sus sucesores comprendieron el peso de las palabras y de decirlas en forma, en tiempo y lugar adecuados, normalmente lejos de improvisaciones o emociones imprevistas. Claro, hubo presidentes que te soltaban un discurso en cuanto volteaban a verlos, como Luis Echeverría, otro extremo de locuacidad; pero el que más habló, mintió, exageró y confrontó a los sectores de México, ya saben quién fue y quién sigue siendo… aunque digan que otra ocupa su lugar en el Palacio Nacional.
Cuauhtémoc, como líder perredista, llegó a tener buenos momentos de retórica; recuerdo uno de sus discursos en el Zócalo en que dijo: “Llegó la hora de expropiar la nación”. No estaba de acuerdo con él, pero tuvo inspiración y fuerza, y eso se lo reconocí. Luego vino la 4T y, en menor escala, el movimiento de Chiapas, los zapatistas. En ambos casos, dio puntos de vista certeros, identificando o no la naturaleza de esos movimientos y señalando las distancias a lo que, desde su izquierdismo (cabe decir democrático), deberían ser dichos movimientos.
Se ganó una altura de crítico certero, de moralidad como instancia de balance entre los excesos y los errores; sus esporádicas entrevistas en Proceso o en medios nacionales eran propositivas, mesuradas y hasta críticas del poder morenista. No es un Carlos Loret que no les pasa una, pero eventualmente se acercaba o alejaba de la 4T, que finalmente no pudo convertirlo en lacayo. Su hijo, Lázaro Cárdenas Batel, sí intentó influir en el marco de la transformación, pero digamos que se entrampó en las intrigas palaciegas y en el culto al nuevo líder (ya saben quién, que vive en “La Chingada”), además de que vivir fuera del presupuesto era un error.
Pero ante tanto endeudamiento, derrames, incendios, fallas y bajas de producción de Pemex, Claudia optó por llamarlo como el gran asesor. La revista Expansión cubre una nota interesante y señala las recomendaciones obvias que hizo el hoy anciano Cuauhtémoc, cuyas capacidades y actualización pasan a tener reducciones y limitaciones por la edad, algo natural.
La primera de ellas fue que Pemex deje de quemar el gas en la refinación. Desde los años sesenta, vi a Salamanca, a Pajaritos y a muchas refinerías arder con sus mecheros de gas día y noche. Incluso cuando pasábamos por la noche en Salamanca, se alababa que producía sin descanso y que esos mecheros eran una especie de bendición. Hubo un tiempo en que las chimeneas industriales merecían los mismos adjetivos románticos: eran progreso, pan, estabilidad; nadie pensaba en la contaminación. Pero ese mismo mechero en Paraíso, Tabasco, trae locos a los habitantes por los olores y gases derivados de la combustión; además, ya saben que Dos Bocas es un dummy de todo lo que no se debe hacer en materia de petróleo.
Pero Claudia no llamó a Gonzalo Monroy o a Ramsés Pech como asesores; fue con el patriarca actual, con Don Cuauhtémoc, por el peso del nombre. Veo por qué Expansión es tan aceptada: sin crítica alguna o comentario, informó de las palabras del Ingeniero Cuauhtémoc; eso nos lo dejó a nosotros. Se aguantaron la risa, seguramente, ante cosas horribles como estas: “Reportan derrames en 29 entidades de la república” (El Universal) o “Pemex acumula más de tres mil derrames de petróleo con sustancias de diferente nivel de toxicidad” (El Universal).
Esto el 23 de abril de 2026, o al hablar de que deben hasta la camiseta. Antes, los asesores de organismos de ese tamaño (tiempos del PRI que no han pasado, digamos que evolucionaron a lo guinda) recibían por asistir a las juntas de gobierno de una NAFINSA, por ejemplo, un centenario por sus servicios a la patria y sus elevados conocimientos. Quién sabe qué le darán a Cuauhtémoc; recuerdo a un exaltado maestro entre las piñas que nos platicaba de la expropiación y declaraba que, a perpetuidad, los Cárdenas recibieron, con la gratitud de la nación, un pozo petrolero del cual Pemex les haría llegar los rendimientos. Maniático ya era desde entonces, imaginen: expropiamos para la nación y terminamos regalando a los Cárdenas… ¡su mecha!.
Pues eso recomendó el Ing. Cárdenas, luego de instar a Pemex a convertirse en una empresa energética más amplia, pensando no solo en petróleo. Otro de sus consejos bastante obvio es optimizar sus plantas de coque, que es una pasta de combustóleo que se destila para extraer la gasolina, entre otros procesos. Esa torre se les quemó en Dos Bocas, pero la dama de origen judío búlgaro que dice venir de Huitzilopochtli dijo que no pasaba nada, que era para asar bombones.
Lo cierto es que la Esfinge II habló, pero dijo cosas que son comunes, básicas en el asunto del petróleo. Claudia, en tanto, da marcha atrás a su condena al fracking, procedimiento de extracción de gas del subsuelo en el que luego se rellena el hueco con miles de litros de agua y arena. Esto sí se aplica en Estados Unidos, pero en un raro resabio ecológico no le sonó bueno al Peje y lo condenó, como al maíz transgénico (un desarrollo de Norman Borlaug, en el que el prófugo lavadinero Alfonso Romo logró liderazgo mundial y en el que universidades mexicanas como la UANL y la UNAM tienen mucho que decir). México desarrolló ese tipo de maíz, pero rechaza el transgénico, aunque sí acepta importarlo. Quizás en una de esas den marcha atrás porque es más resistente al clima y a las plagas, y se produce más. Pero la idea no le gustó al Peje, y va para atrás satanizada.
Bueno, pues la Esfinge habló. Yo esperaba más del Ing. Cuauhtémoc, pero hay momentos de la vida en que ya no estás para bailes. Dijo lo que todos saben, pero NO cómo hacerlo… bueno, esa es la parte difícil. La próxima vez les aconsejará que no derramen más o que no permitan el robo de combustible, y con eso se llevará sus aplausos. ¿Habrá centenario? Hay cierto nivel cuando eres “Esfinge” en el que, digas lo que digas, te aplaudirán.
Veo que seguiremos siendo dependientes energéticos y que seguiremos remolcando ese lastre público llamado Pemex por muchos más años. Importar petróleo es una bendición porque es la fuente de origen del huachicol; piense mal y acertará. ¿Para qué quiere el gobierno un Pemex equiparable a BP? Así ya no habría negocios paralelos, ni barredoras, ni Cártel del Huachicol, ni marineros millonarios, etc.
En tanto, Arturo Núñez, un gran amigo, llegó a su gasolinera y pidió tanque lleno. “¿De cuál le pongo, verde o roja?”, le dijo un diligente empleado. “Lleno de la CUBANA, que es gratis”, respondió. Claro que no le llegó nada de combustible, porque no es cubano.
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Para ellos, Pemex está en todas partes como una bendición y hasta como acceso a la historia… Pero comprar acciones de Pemex es muy recomendable si están en Estados Unidos y reguladas por ese gobierno, porque allá llegan los dividendos a tiempo. Muchos jubilados gringos están recontentos con la empresa pública de México porque ellos sí tienen certeza jurídica, seguridad de la inversión y no padecen la reforma judicial con los jueces improvisados surgidos de las listas, acordeones y tómbolas.
México es otro cantar, pero tendremos los consejos de Don Cuauhtémoc Cárdenas, al menos. Y será personaje histórico, aunque no llegó al poder supremo; lo intentó, pero llegó el… Peje.
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