
Por: Laura Gutiérrez Franco
Mientras el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana (IEPC) mantiene un silencio sepulcral, las calles de Guadalajara se han convertido en el cuadrilátero de una batalla interna que Morena no ha podido frenar. La ciudad hoy no solo padece el tráfico, sino una invasión de bardas que, aunque cuidan el lenguaje para no decir “vota por”, gritan las ambiciones de quienes ya se ven sentados en la silla municipal.
Fuego amigo en cada esquina
Lo que debería ser una competencia institucional se ha transformado en un “pleito de vecindad” a gran escala. La ironía es absoluta: los mismos compañeros de partido se están arrebatando los espacios. En las paredes de la capital jalisciense, los nombres de José María “Chema” Martínez e Itzul Barrera, entre otros, aparecen de manera omnipresente, marcando un territorio que parece no tener reglas. Desde luego todo niegan, piensan que todo lo que hacen está bien, solo por ser ellos.
El pleito no es solo visual, es político. Entre ellos mismos se cuestionan la legitimidad de estas muestras de “apoyo popular”, mientras sus brigadas compiten por la mejor esquina. No es raro ver que una barda pintada hoy con un nombre, amanezca mañana con el de “el de enfrente” o, peor aún, sea clausurada por ciudadanos que, cansados de la pasividad del IEPC, han tomado la justicia electoral en sus manos colocando sellos simbólicos de clausura.
Advertencias que parecen “llamados a misa”
La desconexión entre la cúpula y las bases es evidente. Por un lado, la nueva dirigente nacional de Morena, Ariadna Montiel Reyes, ha sido tajante en sus primeros discursos al señalar que el movimiento no tolerará la corrupción ni permitirá que personajes con “trayectorias dudosas” o vínculos con la delincuencia utilicen al partido como plataforma.
A nivel local, la presidenta de Morena en Jalisco, Erika Pérez García, ha lanzado la advertencia de que nadie que incurra en actos anticipados de campaña podrá aspirar a una candidatura. Sin embargo, estas palabras han caído en oídos sordos. Hasta el momento, las advertencias son solo retórica: no hay nombres en la “lista negra” ni sanciones internas reales para quienes ya tapizaron la ciudad. Mientras la advertencia dice “tú no vas”, la barda en la avenida sigue exhibiendo los nombres de los aspirantes en una abierta desobediencia.
El vacío que deja el IEPC al no actuar de oficio y la tibieza de las dirigencias partidistas han creado un escenario de impunidad visual. Los aspirantes en Guadalajara están enfrascados en una guerra de posiciones donde el respeto a los tiempos legales es el gran ausente.
La pregunta queda en el aire: ¿De qué sirven las advertencias de “cero tolerancia” si, en la práctica, la barda más grande y el pleito más ruidoso parecen ser la única estrategia de supervivencia? Por ahora, el partido guinda en Guadalajara se pelea contra sí mismo, mientras el árbitro electoral observa desde la banca y los ciudadanos intentan poner el orden que las instituciones han olvidado.
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