Por Horacio Villaseñor
El Gobierno de Jalisco anunció un plan estratégico para el SIAPA: más de 30 acciones de obra, no organizacionales, una inversión inicial superior a los 5 mil millones de pesos y un proyecto que rebasará los 20 mil millones. El diagnóstico es real: décadas de rezago, infraestructura deteriorada, cientos de colonias mal servidas. Lo que no es nuevo es la receta: más dinero para el mismo modelo que ya fracasó. Ése es el reflejo de gobiernos que no entienden la administración pública. Cuando un gobernante es incapaz de corregir procesos o rediseñar la gestión, concluye que el problema es de presupuesto. Confunde invertir con administrar y termina endeudando a la sociedad para financiar la misma ineficiencia, sólo que más grande. El SIAPA nació como una institución innovadora y referente metropolitano en México; fue mi tío, el ingeniero Jorge Matute Remus, su primer presidente y uno de sus principales impulsores. Su deterioro actual no es falla del diseño original, sino resultado de administradores ignorantes de la función pública que llegaron a partir de los años noventa. No realizaron los ajustes que exigía la reforma constitucional de 1983 que; convirtió a los ayuntamientos en actores centrales del ordenamiento territorial. Se dejó de gobernar técnicamente y el organismo intermunicipal terminó convertido en un espacio de improvisación, cuotas políticas y decisiones de corto plazo. Hay algo más profundo: el SIAPA opera bajo un paradigma lineal, un centro único que intenta procesar desde un solo punto de mando la complejidad de toda el agua metropolitana. Ese modelo, pensado para una ciudad mucho más simple, hoy colapsa ante su propia magnitud. Cuando una metrópoli alcanza millones de habitantes, múltiples municipios y cientos de interdependencias, la variable crítica deja de ser la capacidad de construir infraestructura y pasa a ser la capacidad de coordinar, adaptar y gobernar. La ingeniería civil sigue siendo indispensable, pero ya no puede ser la disciplina rectora. Hoy la gestión del agua exige gobernanza metropolitana, ordenamiento territorial, administración pública, ciencia de sistemas complejos e inteligencia territorial trabajando de manera integrada. Cuando el centro se satura, el síntoma no es la falta de dinero: es una arquitectura institucional incapaz de administrar la complejidad. Y aquí el punto que se omite deliberadamente: el agua potable en Jalisco es competencia estatal y municipal, no federal. La Federación puede cofinanciar obra, pero no gestionar el SIAPA. Culpar o esperar a la Federación para resolver lo que es atribución propia no es federalismo; es evasión de responsabilidad. Pensar que quienes provocaron el deterioro ahora saben cómo rescatarlo exige un acto de fe, no un análisis de gobierno. La alternativa no es otro organismo centralizado más grande, sino cambiar de arquitectura: delegar capacidad real de decisión a las unidades operativas locales, mientras el centro se dedica a planear, garantizar equidad y coordinar. El problema del SIAPA no es hidráulico; es administrativo. No es una crisis de tuberías, sino de gobernanza. Mientras se siga creyendo que administrar es gastar, ningún presupuesto será suficiente. Administrar bien significa obtener mejores resultados con lo disponible antes de pedir más. Significa que el gobierno estatal y los municipios ejerzan con seriedad las atribuciones que ya tienen, en vez de mirar hacia arriba cada vez que el problema los rebasa. Porque cuando la respuesta para todo es pedir miles de millones o señalar a la Federación, el problema nunca fue la falta de dinero. Fue la incapacidad de comprender que una metrópoli del siglo XXI ya no se gobierna con la lógica administrativa del siglo XX. Se sigue invirtiendo en concreto cuando lo que hace falta es rediseñar la forma de gobernar. ¡No sean mensos!
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