Por Manuel Gutiérrez
A raíz de los Acuerdos de Abraham, entre Israel y Argentina se han revalidado muchos datos importantes del origen histórico de Israel, que en algún momento al inicio del siglo XX pudo nacer en Argentina, pero la promesa histórica-bíblica de poseer Palestina, su simbolismo y tradición pudo más para decir que Israel naciera en Palestina.
Pero va la explicación: el padre de la patria judía es el periodista vienés Teodoro Herzl, que escribió una novela utópica de cómo sería el nuevo estado judío. Esta obra se llamó Altneuland, que derivó en la voz de Tel Aviv, pero significa “Vieja nueva tierra”. Curiosamente nunca leyó el Talmud ni los textos doctrinales de los judíos, y de eso lo atacaron sus detractores.
Teodoro es uno de los grandes soñadores de la humanidad, y en su obra planteaba el estado que surgiría como la nueva tierra de Israel, prometida desde más de mil años antes de la venida de Jesús, el mesías rechazado. Teodoro, que era moderno, plural y laico, creyó en fundar un estado moderno, tipo Suiza en medio del mundo árabe, dotado de cooperativas agrícolas con alta tecnología, no tanto el kibutz, que fue un modelo derivado del colectivismo ruso.
Haifa sería un gran puerto (de hecho, lo es) con tecnología alemana. Jerusalén tendría tranvías eléctricos, con su templo y una gran universidad. Herzl supuso que los árabes convivirían en paz con los judíos; un personaje de su novela, Reschid Bey, dice: “Los judíos nos trajeron el progreso, todos ganamos”. En lo económico, propuso un capitalismo asociado con cooperativismo, no marxismo o colectivismo regenteado por el estado.
Teodoro era muy activo, y con el sueño de volver a dar una patria a los judíos de todo el mundo, influyó en un congreso en Basilea, Suiza, en 1897 para crear el movimiento sionista, que aspira a dar un hogar en Palestina al pueblo judío, asegurado por el derecho público.
Después de ese congreso, se reunió con el Guillermo II en Jerusalén, con el sultán Abdul Hamid II del Imperio Otomano (Turquía), al que ofrece pagar la deuda externa otomana a cambio de Palestina. Incluso visitó a Pío X en Roma, pero este pontífice rehusó el apoyo al sionismo.
En 1903, aterrado por los pogromos de exterminio de los judíos en tierras zaristas (Kishinev, Rusia), ofrece como alternativa los territorios de Uganda (aunque en realidad era Kenia) como una alternativa para salvar a los compatriotas. Los sionistas rechazan la idea, por lo que se rompe el movimiento de forma temporal.
Regresemos un poco: Teodoro no fue el originario de la idea de volver a tener una patria judía, pero hizo planes concretos, políticos, económicos y legales para hacerlo.
En 1896, la idea surge en todo su esplendor. Su idea surge en el libro El Estado Judío, partiendo de la base del famoso caso del oficial Dreyfus, que fue condenado por el hecho de ser judío. Entiende que Europa no sería receptiva a un plan de este tipo.
Para Teodoro el problema era nacional, no religioso. Para él, el antisemitismo aparecía no porque los judíos fueran diferentes, sino por ser un pueblo sin territorio en medio de otros pueblos. La solución no era convertirse al cristianismo ni al socialismo, sino tener un propio estado reconocido por el derecho internacional.
Para lograr su sueño, intervino en la creación de dos organismos: La Jewish Society, un cuerpo político-diplomático que negocia con las grandes potencias de entonces (Alemania, Inglaterra, Imperio Otomano) para obtener una concesión de territorio; y la Jewish Company, una empresa por acciones que dispuso de 250 millones de marcos para comprar tierras, organizar la migración y construir la infraestructura del estado. La idea moderna era convertir un ideal político en una meta empresarial, financiera y sana.
Teodoro no era dogmático, al menos en esos años. ¿Argentina o Palestina? Dijo: dejemos que la Jewish Society decida. Argentina tenía muchas simpatías. Era muy grande, poco poblada, fértil, y para fines del siglo XIX ya tenía colonias judías apoyadas por el barón Hirsch. Argentina tenía tierra, agua y fertilidad de sobra.
Palestina, enclavada en el Medio Oriente, era la tierra histórica prometida, un anhelo desde la época del éxodo de Moisés. Era el hogar histórico.
En el Congreso de Basilea se pronuncian por Palestina al cien por ciento. Herzl sigue soñando su tipo ideal de estado: laico, con libertad de culto, jornada laboral de 7 horas y un ejército profesional pequeño y moderno, como el de Suiza.
La Constitución, con ideas avanzadas y anticipadas a su tiempo sin ser un estado religioso o teocrático, haría al nuevo estado judío multilingüe. Herzl proponía la compra de tierras como mecanismo, no tomarlas por la fuerza, por medio de la Jewish Company. Su plan era mantener a los rabinos en sus sinagogas y al ejército en sus cuarteles.
Sin embargo, el naciente estado no nació de la hipótesis soñada por Herzl: pensó que los árabes se asimilarían, que venderían felices, sin suponer que ellos se conceptuaban como un pueblo con derecho a la autodeterminación, siendo nativos en el lugar.
LOS ARTÍFICES DEL CAMBIO
Pero no todos los judíos compartían los sueños de Teodoro. Asher Ginsberg, conocido localmente como Ahad Ha’am, modificó las ideas sionistas, convirtiendo esto en una causa cultural. Él imaginó que lo importante era la conservación de los principios y de las ideas, porque los judíos dispersos por el mundo se estaban perdiendo, volviéndose alemanes, rusos, etc.
Palestina sería, con el hogar judío, un centro cultural, mejor aún espiritual, con una academia y con universidades que difundan la cultura judía a toda la diáspora. En el idioma, propuso el hebreo como lengua oficial.
Aquí parten dos tipos de personalidad que subsisten como otras en el medio social judío: los seguidores de Herzl son más europeos, bien vestidos, practican deportes de élite y prefieren la modernidad de Tel Aviv. Ahad, por su parte, propone al agricultor como centro, con un hebreo bíblico, preocupado por las tradiciones y textos de los profetas.
Ambos lograron sus propósitos, hay esos dos tipos de personalidades. Pero lo más importante era que Ahad reconoció desde el inicio el problema que los nativos iban a presentar. Ben Yehuda crea la universidad de Israel.
Es decir, si Herzl hubiera logrado la persuasión total de los judíos de su tiempo, Israel habría nacido en Argentina. Pero Ahad tuvo éxito también en parte, aunque le faltaba el tercer gran padre del alma judía: Jabotinsky (Vladimir), un judío ruso de Odesa (hoy Ucrania) que era orador, escritor y militar, sobre todo esto último.
David Ben-Gurión de alguna manera hizo una fusión de los sueños de Teodoro con las ideas culturales de Ahad, pero se interpuso en el camino Jabotinsky.
Ben-Gurión siguió con el plan de comprar tierras sin ofender a los árabes ni a los ingleses. Se unió Weizmann, otro pionero del estado naciente que se sumó.
Pero Jabotinsky fue clarísimo. Escribió el libro El muro de hierro (hoy Israel tiene el antiaéreo Domo de Hierro) y en su obra estableció: los árabes palestinos se resistirán, no hay posibilidad de un acuerdo, nunca cederán Palestina voluntariamente. Segundo: el sionismo solo puede avanzar con un muro de hierro, una fuerza militar que los árabes no puedan derribar (lo cual sucedió realmente); cuando estén desesperados, negociarán.
Sin embargo, el poder de los judíos en Inglaterra jugó su carta y vino la famosa Declaración Balfour, que cedió por el reino británico toda Palestina a Israel, incluyendo Jordania y Cisjordania, ambas orillas del río Jordán.
Pero en 1922 Inglaterra regaló el 77% del territorio con el que fue creado el estado de Israel, y las directivas cambian. Se aceptan los principios de Jabotinsky, por lo que se origina un movimiento migratorio mundial de millones de judíos que regresan. (Durante la Segunda Guerra Mundial, muchos se refugiaron de las persecuciones en Palestina).
David Ben-Gurión crea el abuelo del ejército judío, la organización Betar, pero en 1931 Jabotinsky rompe con este modelo de ejército y crea el Irgún, una nueva milicia extrema armada que sí ataca; de ahí nace el origen de la derecha del Israel actual y de su militarismo.
Jabotinsky, porque lo sabía, era antisocialista, por lo que odiaba a Gurión con sus kibutz, porque deseaba que Israel tuviera una clase media fuerte.
Pero lo que surgió explica de dónde salió Netanyahu. Uno de los principios recomendados de Jabotinsky era que Israel se apadrinara con una potencia mundial fuerte. Primero fue Inglaterra; con su decadencia y el triunfo de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, vino la alianza con los estadounidenses.
Pero este líder imprimió una huella histórica irrefrenable que modificó el mapa mundial hasta nuestros días.
Primero la fuerza; con la fuerza, la seguridad; nada de concesiones. La idea es que todo debe ser completado en los designios de Israel con los territorios de Judea y Samaria, pero ese impulso histórico no es religioso, viene de la idea expansionista de Jabotinsky que lleva a cabo Netanyahu: idear muros, separaciones.
Estos principios hay corrientes en Israel que los cuestionan. Los Estados Unidos son parte del segundo muro internacional que protege al estado de Israel.
Jabotinsky murió y sus restos no fueron aceptados porque Gurión lo odiaba. Fue admitido a descansar en Israel hasta 1964. Incluso le llamaba “Vladimir Hitler”; esa enemistad data desde 1932. El juego de palabras es evidente.
Luego vienen otros partidos hasta llegar al Likud, pasando por Irgún, dejando a varias administraciones como la de Golda Meir, Menachem Begin y Yitzhak Shamir. Hoy el Likud es Herut, refleja a los partidos militantes, expansionistas. Sin embargo, existen corrientes diversas entre los habitantes de Israel y vienen próximas elecciones que pudieran dar un respiro a esta zona convulsionada y, sobre todo, frenar a Netanyahu con su militarismo exacerbado.
Israel es potencia nuclear, tiene armas, las produce, y el ejército compacto y competente se convirtió en un David que aniquiló a Goliat en seis días; todas las confrontaciones las ha ganado, pero dicen los expertos que solamente basta que pierda una para que se extinga.
Es una historia interminable. El nuevo presidente de Siria, Ahmed al-Sharaa, tomó el cargo en enero de 2025 luego de que el dictador prorruso y millonario, Bashar al-Ásad, se refugiara en Rusia. Pero ya buscó un nuevo pacto con Putin, reactivando las dos bases rusas, entre ellas la célebre Tartus y la base de Jmeimim en esa parte del mundo.
Rusia fue excesiva en su ayuda al gobierno del dictador sirio anterior, cometiendo muchos crímenes contra la población siria. Pero parece que nadie tiene buena memoria, menos el nuevo presidente transitorio.
¿Estados Unidos o Europa no ofrecieron la ayuda anhelada a Siria para seguir alineada con Occidente? Parece que no, y no les quedó otro remedio: es el regreso de un problema más en la zona. Realmente es imposible desmilitarizar esa región del mundo.
Digamos que en un mundo global, la anhelada seguridad de Israel choca con el pacto (Moscú, Pionyang, Teherán) por un Putin que se aceleró y quiere tener todas las canicas, lo cual es un riesgo para Israel entre otros países, y eso lo ha repetido Zelenski por todas partes.
Por desgracia los sueños de Ben-Gurión eran más para el estilo de Walt Disney; hubiera sido una belleza una Suiza judía en ese lugar, pero la misma Biblia es un compendio bélico de grandes alcances, estrategias, tácticas, milagros, y ahí están las promesas territoriales.
Pero no vendría mal que Israel ensayara un poquito de humanismo con sus vecinos y volviera a tener etiqueta de un país sensible, no del estilo de Jabotinsky-Netanyahu, que ojalá tengan un cambio de gobierno en breve.
Esa mala imagen deteriora incluso su turismo, así como la situación tensa con Irán, pese a ser el lugar del origen de las dos religiones principales y centro de peregrinación, y eso se lo deben a Netanyahu.
Bueno, intenté explicar por qué iba a ser Israel en Argentina; es pura historia y es necesaria para explicar los fenómenos actuales mundiales y por qué el drama no termina en el Medio Oriente, y ya va Israel a lograr su primer siglo sin definir fronteras y sin hallar la paz.
Los contenidos, expresiones u opiniones vertidos en este espacio son responsabilidad única de los autores, por lo que A Fondo Jalisco no se hace responsable de los mismos.








