Por Laura Gutiérrez Franco
Mientras Movimiento Ciudadano intenta mantener el control de la capital tapatía y la oposición busca reacomodarse, la batalla más encarnizada, calculadora y sin concesiones por la alcaldía de Guadalajara no viene de enfrente, sino de las entrañas de Morena. Para el movimiento guinda, la perla tapatía es el trofeo de oro y la plataforma hacia la gubernatura, lo que ha adelantado las descalificaciones y los golpes bajos a niveles de abierta guerra de guerrillas, donde a varios de los contendientes poco les importa la línea de unidad o los llamados a la disciplina de Claudia Sheinbaum.
El problema de fondo es que el morenismo en Jalisco carece de un mando ordenador y muestra una absoluta incapacidad para construir gobernabilidad interna, convirtiendo a la franquicia en una arena donde conviven la inexperiencia, el revanchismo y las viejas mañas de la política tradicional.
En ese escenario, la lista de tiradores y aspirantes muestra flaquezas evidentes, escándalos de dispendio y posturas radicales que encienden focos rojos en el sector empresarial:
Laura Imelda Pérez Segura: La alcaldesa de Tlaquepaque es el reflejo del desorden y el dispendio dentro del movimiento. En lugar de dar resultados, acumula señalamientos por el uso cuestionable de recursos públicos y acusaciones por intentar eludir las deudas institucionales del municipio con el SIAPA, negándose a pagar mientras el servicio colapsa. El despropósito de su administración ha llegado a niveles de caricatura: mientras se le señala por inflar gastos operativos y prometer obras que no cumple, trascendió que utiliza a elementos de la Policía Municipal como escoltas personales para cuidar a su perro, evidenciando una gestión plagada de frivolidad, gasto desmedido y falta de seriedad institucional.
Carlos Lomelí Bolaños: El senador y referente histórico del partido encabeza las encuestas de conocimiento, pero arrastra fracturas insalvables. Paradójicamente, a pesar de su faceta de empresario, Lomelí no tiene una buena relación ni goza de confianza dentro del sector productivo local, que lo ve más como un actor político de intereses personales que como un aliado del desarrollo económico. A esto se suma la sombra inextinguible de los señalamientos que en su momento hizo la DEA por presuntos vínculos con delitos de narcotráfico y lavado de dinero, una losa reputacional que frena de golpe su aceptación en las clases medias de Guadalajara.
José María “Chema” Martínez: Excoordinador de bancada y excandidato municipal, mantiene vivas sus redes territoriales pero opera bajo una lógica de choque estéril. Chema no aporta propuestas verdaderas ni visión de gobierno para la ciudad; su estrategia se reduce a descalificar y criticar destructivamente lo que está mal, sin ofrecer soluciones de fondo. Su discurso confrontativo y sus posiciones doctrinarias sectarias generan un rechazo inmediato entre la IP y las organizaciones civiles, que ven en él a un agitador enfocado en el conflicto más que a un administrador. Cambio de color a conveniencia, antes era panista.
Itzul Barrera Rodríguez: Representante del ala más joven y radical, empuja desde la trinchera ideológica dura. Sin embargo, su inexperiencia administrativa y su absoluta falta de traza para gobernar la convierten en un perfil improvisado. Además, su discurso choca sistemáticamente con los valores y la idiosincrasia de las familias tapatías tradicionales, proyectando la imagen de una figura divisiva y poco confiable para llevar el rumbo de la capital.
Merilyn Pozos (Mery Pozos): La diputada federal irrumpe como la carta capaz de romper la polarización de los grupos duros. Pozos es vista con buenos ojos por la iniciativa privada y sectores empresariales locales debido a su perfil conciliador, con mayor apertura al diálogo y sin las posturas radicales de la vieja guardia ni los escándalos que arrastran otros cuadros. Representa un frente menos tóxico para quienes buscan estabilidad presupuestal y de inversión en Guadalajara.
Sergio Chávez Dávalos: El actual presidente municipal de Tonalá aporta colmillo y pragmatismo operativo, pero su constante brinco entre siglas partidistas y su gestión en la villa alfarera generan dudas sobre si su estilo de gobernar encaja con las exigencias de la capital.
Mariana Fernández Ramírez: La actual regidora tapatía y exlegisladora cuenta con un perfil técnico pulido dentro del cabildo, aunque enfrenta la resistencia de las tribus morenistas más ortodoxas por no pertenecer al núcleo fundador del movimiento.
Alberto Uribe Camacho: El exalcalde de Tlajomulco busca reinsertarse en la carrera con el respaldo de sus redes en la capital del país, aunque su arrastre territorial en el municipio de Guadalajara sigue siendo su principal talón de Aquiles.
El tablero interno está al rojo vivo. La verdadera aduana para llegar a la boleta municipal en Guadalajara no será vencer al electorado tapatío, sino sobrevivir al fuego amigo de una contienda guinda marcada por ambiciones desmedidas, acusaciones del pasado y la búsqueda de perfiles pragmáticos frente a los dogmas del sectarismo.
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