Por Manuel Gutiérrez
Para quienes se preguntan qué sigue con la guerra en Ucrania, les daremos un panorama muy completo. De inicio, aunque en junio el Zar Putin anunció que ya había tomado Konstantynivka, resulta que no ha ocurrido tal cosa; la batalla para llegar a Kramatorsk está sin resolverse.
No, no es porque haya entrado una pausa de paz por los metiches oficiosos que envió Trump que pretenden resolver a su manera la guerra. Los dos contendientes acordaron suspender los ataques a zonas estratégicas de combustible, lo cual estaba más dirigido a Ucrania, luego de que a 3 mil kilómetros en plena zona ártica golpeó una instalación petrolera de Rusia, sorprendiendo por la calidad y distancia de la maniobra.
Pero si bien afirmaron que estaban de acuerdo, fue de dientes para afuera. Otra refinería rusa fue alcanzada en la tal tregua por Ucrania, en tanto que Rusia impactaba con un misil una gasolinera; total que nadie respeta nada.
El estado del frente es que tendremos la solución de Krama como para marzo del 2027; la causa es la siguiente: todo transcurre en cámara lenta. Rusia envía sticks de 7 o 15 hombres, que pasan si tienen suerte de no ser detectados y destruidos, incluso sin intervención humana, por algún dron o por las tropas que hacen una férrea resistencia en un modelo aprendido a lo largo de 5 años de guerra.
A esa infiltración se le llama caldero; entonces se aseguran, si todo sale bien, 300 metros, máximo 500 en un día. Si bien el impulso ha sido constante, entiendo ahora por qué en contragolpes bien instrumentados, incluso de blindados, Ucrania recupera en días lo que Rusia gana en meses y con muchas bajas y hasta con adiciones. Pero nada de eso ha ocurrido todavía, para nadie.
Mientras tanto, un tren de Varsovia a Kiev fue atacado por un dron ruso que impactó en la locomotora; con 206 pasajeros, el tren transportaba a Boris Johnson, de Inglaterra, y a otros personajes importantes y funcionarios de la Unión Europea, a 2 kilómetros de la frontera en que termina Polonia. El asunto provocó que la UE lo tratara incluso en la Cumbre del Ártico, y la primera ministra de Estonia, Kaja Kallas, representante exterior de la UE, declaró que esa acción pretende intimidar a los aliados occidentales de Ucrania para que no viajen o mantengan su apoyo a este país.
Kallas indicó que la UE debe reaccionar unida y fuerte ante este tipo de amenazas. Sumado a los incidentes en Alemania, y ahora esto reciente de Polonia, más los ocurridos en Rumanía, realmente Putin está tratando de ponerle el cascabel al león. Momento delicado que puede ampliar la guerra.
Hagamos un informe del frente: en tanto hasta el 14 de septiembre, con 1,664 días de guerra, hubo 208 enfrentamientos en toda la línea. Incluso en la zona de Kursk, Rusia disparó 100 drones suicidas en enjambre, de los cuales las defensas dieron cuenta de 85, pero hubo 7 impactos. Las cifras de la ofensiva de Putin son altas: ha empleado 286 bombas planeadoras, una adaptación a las bombas tontas que les permite ser soltadas a mayor distancia y estas en su caída se desplazan hacia el blanco.
A la fecha, Ucrania reporta en lo que va del año 2,872 bombardeos de artillería, y Ucrania contabiliza que le han enviado 11,727 drones de diversos tipos. La artillería está muy activa en Sumy, y la respuesta de Ucrania fue bombardear de la manera clásica con los F-16, Mirages y MiGs disponibles en la zona, en que los aviones se acercaron, se arriesgaron y se reporta que alcanzaron dos concentraciones de tropas, 6 puestos de control y 5 posiciones de artillería, con 74 piezas inútiles para la guerra como resultado, un tanque, un blindado, 7 lanzacohetes múltiples y, lo que duele, 548 unidades de transporte (camiones), así como 12 sistemas robóticos de Rusia.
Porque la guerra está haciendo historia. Resulta que un dron marino modelo Sargan 3000 enfrentó a un similar de Rusia; el combate sin humanos se trabó en el mar Negro y terminó con el hundimiento del dron naval ruso, pero todo esto sin humanos. Rusia, en plena urgencia, quiere que su sistema de ametralladoras ZU-23, célebre por la cantidad de disparos que hace, sea robotizado y pueda acercarse a las líneas de Ucrania, que a su vez usan robots similares con ese mismo fin con éxito. Qué ominoso, estamos viendo la guerra que viene… sin humanos.
No hay nada para nadie. El reporte de ataques es incluso cansado, pero revisemos puntos notables: Pokrovsk, por ejemplo, en la zona más caliente, recibió 26 asaltos rusos sin éxito; Konstantynivka, que se supone ya tomaron los rusos, sigue en combate con 20, incluye Chasiv Yar, población conocida como teatro de guerra. Sloviansk, con 8 incursiones rechazadas, entre ellas en Oleksandrivka; y en el sur, Lyman y Starytsia, en la zona de Huliapole, han rechazado 8 intentos. La zona de Kupiansk, otra área de medición de fuerzas, sumó 6 intentos. Estos han sido ataques más formales, no calderos; pero la zona de Donetsk es donde la guerra se reduce a choques de pocos soldados, pero repetidos en muchas partes, en que se aniquilan sin piedad y que ha representado la confirmación de 1,700 bajas para los rusos.
Siempre la defensiva representa una ventaja sobre los grupos que pretenden ingresar. Entonces, la guerra se ha vuelto lenta, pero mortal. Y viene el frío sobre ambos, un escenario de cacerías humanas llamada guerra. Ciertamente, la independencia cuesta muy cara, y Ucrania lo está pagando sin titubear; su lucha por la soberanía ante un enemigo no extraño, sino familiar pero muy cruel y ambicioso, sigue.
LA MARINA IMPERIAL RESCATA UN CRUCERO
Dando la vuelta al conflicto, las decisiones de Putin pesan; una de ellas fue rescatar un crucero pesado de los 4 clase Kirov que tenían. Dicho así no suena importante, pero revisemos.
Es el Proyecto 1144 Orlan. El buque es el Almirante Nakhimov. Lleva 27 años parado, oxidado, y se detuvo en 1998. La reparación se postergó por falta de dinero. Pero en 2014 Putin, sabiendo sus planes expansivos, decide recuperarlo y lo manda a los astilleros Sevmash; da la cifra oficial: 200 mil millones de rublos, es decir, 2.3 mil millones de dólares, pero la realidad se impone: costó 5 mil millones de dólares. Es el buque más caro reparado en la historia de Rusia y desde la era soviética.
Cambiaron 5 mil sistemas, 200 kilómetros de tuberías, 1,800 kilómetros de cables, 2 reactores nuevos KN-3, recargados, lanzados en 2024 y adaptados.
La nave tiene 28 mil toneladas, capaz de navegar a 32 nudos. Nudo, por cierto: antiguamente, para determinar la velocidad de un barco, usaban una cuerda con nudos y ponían un reloj de arena; al vaciarse el contenido contaban los nudos, luego hacían la ecuación tiempo/distancia y sacaban qué tan rápido viajaban; de ahí quedaron los nudos. Actualmente da 32, algo así como 60 km/h.
¿Pero para qué? Respuesta: armamento nuevo, 80 celdas para misiles Kalibr, muy usados contra Ucrania, 60 celdas para lanzar misiles Zircón, hipersónicos (que demandan Patriot para interceptarlos), usados eventualmente contra Ucrania. Más 96 celdas del sistema S-300FM o S-400 y sistema Pantsir, con lo que esperan que nada del aire lo amenace. En total, una máquina de guerra impresionante, muy acorde con la Segunda Guerra Mundial; tiene cañones nuevos de 130 mm.
Putin dijo: «La marina de superficie es nuestra columna vertebral»; por tanto, el barco ya hace pruebas en el mar. Se entrega a fines de este año, si sale bien, a la Flota del Norte. Será el único activo de ese tipo porque al hermano clase Kirov que sobrevivía, el Velikiy, lo canibalizaron y lo desecharon para ahorrar dinero, porque el programa de submarinos demanda prioridad de financiamiento.
Europa lo contempla con asombro. Es ciertamente una amenaza para sus puertos, vías navegables, y se supone que es un navío antisubmarinos. Pero es un barco solo vulnerable al ataque aéreo, incluso de drones navales o voladores, por lo que todos están asombrados.
Pero todo tiene historia. Putin ordenó y quería una flota de destructores de largo alcance, proyecto del (2013-20); serían de 19 mil toneladas, de propulsión nuclear, pero se detuvo totalmente porque no era posible construirlos y sin dinero. El Almirante Moiseev entonces discurrió cómo complacer a Putin y confirmó que harán destructores de solo 9,500 toneladas, el doble de las fragatas clase Gorshkov; pero los astilleros no construyen nada más grande que una fragata (recordemos que por eso deshuesaron el único portaaviones, el Ustinov).
El problema de decidir hacer barcos militares grandes es que necesitan modernizar sus astilleros; es un círculo, y todo el presupuesto, todos los mejores soldadores de Sevmash están metidos en cumplir los proyectos de submarinos. Pero tal vez logren para el 28 un destructor más grande.
Rusia reorganiza toda su flota: los submarinos de ataque cazadores, Akula, Sierra y Oscar, deben ser sustituidos por la clase Yasen, reduciendo el número de 20 a la mitad, pero más capaces.
Actualmente tienen 6 en operación; el Perm K-572 entrará en servicio a fines de este año, y el Ulyanovsk fue botado en julio en medio de gran boato.
Pero el problema es la clase Borei, que trasladan misiles con 8 mil kilómetros de alcance; tienen 8, que trasladan 10 ojivas atómicas. El Donskoi y el Potemkin esperan ser terminados el próximo año. Los astilleros de Vladivostok, de Múrmansk y Vorónezh están full de trabajo.
La realidad muestra que un submarino de este tipo por año es lo máximo por lograr, pero sufren por mano de obra calificada; y los Borei también usarán los Zircón.
La intención de Putin es clara: tener poder de intimidar en los océanos, pero hay un problema que el líder ignoró. Las turbinas de barcos de superficie y de motores de submarinos no nucleares se construían antes en Ucrania, y los rusos dependen de los equipos alemanes para su equipamiento electrónico, el cual está restringido por la guerra.
De cualquier manera, el Nakhimov será visto como una amenaza en toda Europa; más los incidentes fronterizos, todo coloca al mundo en una situación como la vivida previamente a la Segunda Guerra Mundial. Putin en tanto juega a sostener grandes ambiciones y a esperar que el chantaje nuclear surta efectos, pero ocasionó una reacción brutal de Europa: en Alemania, Turquía, España, Italia, Francia y, tardíamente, Inglaterra, se percataron de que una flota europea sí puede disuadir a Putin. Nuevos barcos modernos de superficie y nuevas generaciones de submarinos, descartando los reactores por su elevado costo y su contaminación, han ingresado a las armadas.
El panorama de expectativas según los expertos es que las flotas de submarinos no durarán más de quince días en operación antes de ser destruidas. Incluso hay doctrina en que un submarino cazador, 7 veces más barato que un gigante lanzamisiles, pueda encargarse de arruinarlo todo. Pero si estos submarinos operan, el mundo lo lamentará, y poco importante será lo que ocurra con los submarinos sobrevivientes.
Por ello, todo el mundo naval se inclina a la guerra antisubmarinos: desde aviones, helicópteros, destructores y drones, todo para cazar a esos peligrosos residentes de la oscuridad marina.
Ante un panorama así, es probable que los 5 mil millones de dólares del crucero pesado hubieran tenido mejores fines en otros gastos para el pueblo ruso, pero decir eso en Moscú será objeto de sanción penal por traición a la patria.
Lo peor de todo: entre dictadores que lucen desequilibrados, están los navíos de la muerte esperando órdenes… Hasta hoy han pasado generaciones sin que hayan hecho más que disparos de ensayo y han terminado su vida útil sin ser empleados, y por eso el mundo sigue vivo.
Pero es un gasto delirante que obliga a todos a armarse y disponer de defensas suficientes, como la única manera de que la disuasión convenza de no hacer la guerra, porque será tan costosa en daños para todos que nadie la ganará realmente. Y eso hace preguntar: ¿vale la pena la ambición de sentirse rey del mar? Sus desarrollos los hicieron inútiles de tan mortales que son.
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