Por Manuel Gutiérrez
Trump adoptó un papel clarísimo como traidor al aliado anterior Ucrania, y mostrar que para favorecer a Putin, ninguna barrera lo contiene.
Esto es lo que se ve luego del plan de Putin/Trump con respecto al diésel ruso, que por los ataques a refinerías y depósitos, Rusia dejó de exportar al extranjero. Con el pretexto de resolver el pantano de Irán, Trump pretende “bajar” el precio del diésel con miras a las cercanas elecciones de los Estados Unidos.
La intención es disponer de 300 mil toneladas de diésel de inmediato y luego recibir medio millón más en noviembre. El diésel es vital para los transportes pesados, terrestres y marinos y en conjunto se habla de 6 millones de barriles de diésel… suficientes para cubrir la demanda de los Estados Unidos cuando máximo por 2 días.
Ante esa desleal actuación la medida ha provocado indignación en Ucrania y en otros aliados de este país. Para el presidente Selensky, ese combustible ingresará a las arcas de la guerra, y se violará el efecto de las sanciones que entre otros rubros, cubren energéticos.
Por tanto en la semana, Kiev atacó 5 refinerías, y continuará haciéndolo. “Dependerá del estado de sus refinerías de diésel”, apuntó el autócrata Trump.
Incluso pidió a Ucrania que despida a Selensky, a quien considera que ha obstaculizado sus planes de pacificación, que desde las negociaciones de Alaska, harían que Moscú ganara la guerra sin ganarla. “Selensky causa problemas en el mundo”, dijo el dirigente estadounidense, cuando él ha sido el factor de aniquilación de las relaciones globales, y todavía se considera un gran “pacificador” por su genocidio de Israel en Gaza, y las intervenciones que ha tenido en el mundo, que no han devuelto la seguridad a nadie.
Trump criticó a su manera a los organizadores del Premio Nobel, por escoger a Navi Pillay, la sudafricana que defiende los derechos de los originarios de Gaza, y ha condenado a Israel por sus campañas genocidas. Indicó que “algo oscuro se mueve en el Nobel, para negárselo a él”. Su delirio y su enfermedad mental ya son evidentes, psiquiátricos.
Selensky advirtió que tomaron una decisión débil entre socios fuertes y dudó que con esto se logre modificar el precio mundial del diésel; el acuerdo no resuelve el problema de los Estados Unidos siquiera, que entró a la guerra de Irán por instigación de Israel, según lo reveló la exjefe de inteligencia Avril Haines.
Dan Pickering, experto en inversiones energéticas, explicó que el acuerdo lo expresó en toneladas para hacerlo parecer un logro mayor; el problema del diésel lo causó Trump con la guerra en Irán.
Esta situación, sin embargo, puso en riesgo el frente de sanciones que se estimaban determinantes para presionar a Rusia. CNN y otros medios internacionales coincidieron en el grave daño provocado a estas medidas. Richard Nephew, excoordinador adjunto de política de sanciones del Departamento de Estado, señaló que esto transmite un daño muy significativo al régimen de sanciones. ¿Cómo convenceremos a otros países que usen esta excusa?
Por cierto, corre la especie en el mundo de una fuga de una peligrosa bacteria de un laboratorio entre Mongolia y Rusia, dedicado al estudio de la peste. Trump evitó preguntar por la muerte de un especialista en ese laboratorio, tema crítico de salud que podría regresarnos al fantasma del covid que se fugó de China, en Wuhan, y que después atribuyeron a una infección de quirópteros.
Trump en tanto hace campaña de que con el control del estrecho de Ormuz —que no lo tiene— y esta medida con Putin, logrará el descenso del precio del diésel.
Contrasta esta medida con el crecimiento de la guerra en Ucrania, que devuelve los ataques al territorio ruso, y en ambas naciones ya mueren civiles, aunque no en proporción de Ucrania, dado que las ciudades se han constituido en blancos totales para Putin.
Sin embargo, la toma de Sumi, en el norte de Ucrania, todavía no se confirma, en un juego de avances y retrocesos de los combates feroces en la zona, pero Rusia alardea de haber tomado el poblado de Kiyanitsa.
En esta zona, como en el Donbás, la guerra se libra desde 2014, en tanto Ucrania incluyó objetivos de la industria militar de Nóvgorod y Tver, en Rusia, en donde construyen lanzaderas de misiles, así como centros de producción de combustible para cohetes, y componentes para los misiles de crucero que emplea Rusia, así como aditivos de aviación y turbosina para los aviones de guerra.
Incluso los ucranianos pegaron al centro Yandex, un gigante informático involucrado en la economía de guerra. Selensky explicó: “Respondemos en forma simétrica”.
Mientras tanto en México, y pese a que hemos informado en muchas entregas del asunto, la presidenta Claudia Sheinbaum se preocupó por un video difundido por Al Jazeera, en que aparecen mexicanos hablando en español y ostentándose como miembros del Cártel Jalisco Nueva Generación y otros dicen ser de los “Mayos” Zambada, y que al parecer participan en la guerra de Ucrania.
Ya habíamos señalado que exoficiales militares mexicanos, exagentes federales y policías que extinguió López Obrador optaron por emplearse en la guerra de Ucrania, y en ambos bandos.
La Presidenta, apenas a estas alturas de una guerra que incluye dos años de su mandato, acaba de percatarse de que los mexicanos sí participan en conflictos diversos, y no solo en Ucrania. Indicó que pedirá información al presidente Selensky, pero su comunicación es bastante mala, porque México ha sido aliado y no condenó a Rusia hasta que fue inevitable por la invasión de Ucrania.
Le llegan tarde las preocupaciones a la Presidenta de México, que hasta ahora descubrió la guerra de invasión de Rusia en Ucrania, y que de manera no oficial, somos participantes.
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