Por Laura Gutiérrez Franco
Transitar por las carreteras federales de México y Jalisco se ha convertido en una ruleta rusa de baches, abandono y delincuencia. Lo que antes era la columna vertebral de la economía y la conectividad nacional hoy refleja un colapso institucional evidente: la inversión pública en infraestructura carretera se ha desplomado a niveles críticos, dejando vías libres en ruinas y concesiones de cuota a precios desorbitados que no ofrecen ni calidad en el asfalto ni la mínima garantía de seguridad.
La indignación no es para menos y ya hizo crisis. La Cámara Nacional del Autotransporte de Carga (CANACAR) ha alzado la voz de manera contundente, llegando incluso a realizar bloqueos en protestas por los desmedidos índices de inseguridad, asaltos y la indolencia de las autoridades. Los transportistas y automovilistas enfrentan un doble castigo: carreteras intransitables que destrozan suspensiones y llantas, y la constante amenaza de la delincuencia que opera a plena luz del día en rutas donde la vigilancia es prácticamente nula.
En Jalisco, el deterioro afecta a todos los frentes. Las vías libres de peaje son una trampa mortal; un claro ejemplo es la carretera Guadalajara-Juchipila-Zacatecas, una ruta libre en condiciones deplorables, plagada de baches profundos, deformaciones severas y un entorno de alta peligrosidad e inseguridad para quienes se ven obligados a cruzarla. Sin embargo, en las carreteras de cuota la situación es aún más indignante. La vía Guadalajara-Puerto Vallarta, con una de las tarifas de peaje más caras de la región, se encuentra llena de baches peligrosos, tramos mal reparados y cuellos de botella que desmienten el discurso de la “alta especificación”. Pagar cuotas millonarias no garantiza llegar con bien ni a tiempo.
Ante este caos, la pregunta obligada entre la ciudadanía y el gremio del transporte es: ¿para qué está la Guardia Nacional? La percepción generalizada es que la corporación no cuida a la gente en las carreteras, limitándose a labores estáticas o de presencia cosmética. En el sector se recuerda con nostalgia la operatividad de la antigua Policía Federal de Caminos, una corporación especializada y con presencia constante que infundía respeto, auxiliaba al usuario y disuadía al crimen, antes de ser extinta para dar paso a un esquema que claramente no ha dado resultados en los caminos de la patria.
El drástico recorte y el descuido en el mantenimiento carretero por parte del Gobierno Federal, sumados a la omisión de la Guardia Nacional y la complacencia con las empresas concesionarias, mantienen en jaque la economía de Jalisco y del país. La infraestructura carretera no es un lujo ni una concesión para el saqueo: es una obligación del Estado que hoy se encuentra completamente abandonada.
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