Los estamos viendo
El gobernador del Estado Enrique Alfaro encabeza un grupo político cada vez más pequeño, en donde no tienen cabida ni las mujeres, ni otros personajes que no integren la sexenal familia feliz. Este club cuenta con un delfín al que muchos tapatíos no comprenden, del que esperan cosas que no llegan, y además saben que está enfermo: Ismael del Toro Castro. Por eso, para medirlo rumbo a los procesos 2021-2024 habría que saber cuáles son sus fortalezas si las tuviera, y sus debilidades, que ya afloran.
1.- A simple vista, es el presidente municipal de Guadalajara más débil de los últimos 20 años. Nada que ver con Gabriel Covarrubias Ibarra; Enrique Dau Flores; Alberto Mora López en la era del PRI; incluso nada qué hacer frente al primer panista que gobernó la ciudad César L. Coll Carabias quien lo aventajaba en liderazgo; o Francisco Javier Ramírez Acuña que llegó a gobernador de Jalisco; Héctor Pérez Plazola; Fernando Garza Martínez; Emilio González Márquez que ganaría la gubernatura; Ernesto Espinoza; Alfonso Petersen Farah; Juan Pablo de la Torre Salcedo; y en el efímero retorno del PRI Aristóteles Sandoval; Francisco Ayón López; Ramiro Hernández García; Enrique Alfaro Ramírez y Juan Enrique Ibarra Pedroza. Si usted contrasta sus perfiles, incluso de los interinos, entenderá por qué a Ismael del Toro se le ve más que gris. Y eso que no traje a la memoria a Arnulfo Villaseñor o a Eugenio Ruiz Orozco.
2.- El presidente municipal del Toro forma parte del alfarismo, movimiento emergente que semeja no un proyecto político sino una manada formal donde no hay más líderes que el gobernador Enrique Alfaro. Quien disiente, se va. Así ha ocurrido con Carlos Lomelí Bolaños, Alberto Uribe Camacho, y otros más. Ismael del Toro marcha delante de Clemente Castañeda, de Hugo Luna, y de Salvador Caro, pero hasta ahí. Es el hijo político de Alfaro y los demás son hermanos. Ismael es un operador político dócil, pero no un actor político. Si disiente más allá de sus dichos vespertinos, Alfaro le cancelaría patrocinio. Además, el proyecto alfarista es político-empresarial; fue el quitar a unos para beneficiarse ellos.
3.- Los que lo conocen, afirman que Ismael del Toro padece dos enfermedades que de entrada causan estragos terribles en su salud y después, en todo su entorno. La primera, lo condujo a la segunda y si ambas se hicieran públicas, las consecuencias serían funestas en el alfarismo porque ya no hay mucho tiempo para armar otra candidatura a presidente municipal y sí a gobernador.
4.- Su mercadotecnia electoral es pésima. Es resultado de que no posee características de líder popular, y no es actor en un grupo sino un operador de la manada. Por tanto, no se posicionó como administrador de un gobierno -una de las dosprincipales facetas de un presidente de Guadalajara- ni como una autoridad totalmente cercana a la gente. Ni administra ni hace política. De los sábados de barrio de Guillermo Vallarta Plata, a los sábados contigo de cualquier otro antecesor; o a los lunes, no queda nada. El gobierno municipal hace tareas comunitarias en algunos de esos días, pero a ellas no asiste Ismael sino sus dos delfines, porque los tiene, igual de oscuros. Ellos lo representan, textual.
5.- Su gabinete es muy modesto, no me refiero a curriculums, sino a actitudes. Usted difícilmente sabe quién es su tesorero, su director de Obras, su regidor talentoso. En la manada nadie piensa o disiente porque se va. Hoy día Guadalajara es parte de ese fenómeno.
6.- Ismael del Toro, la manada, agotó su discurso y fracasó su oferta. Será el candidato de Movimiento Ciudadano en Guadalajara para el 2021 porque esto es parte de un proyecto que pretende ser transexenal y la decisión la tomó el líder de la manada hace años; porque no hay un liderazgo opositor; pero sus puntos más débiles son su ignorancia política y su medianía. Si lo vemos desde la psicología y fuera un infante, el delfín naranja tendría relaciones de apego disfuncionales o mamitis; si lo vemos desde Maquiavelo, no sabe si ser querido o temido cuando requiere ambos capitales y para colmo es desconfiado en exceso. En El Príncipe quedó claro: “Sin embargo, debe ser cauto en el creer y el obrar, no tener miedo de sí mismo y proceder con moderación, prudencia y humanidad, de modo que una excesiva confianza no lo vuelva imprudente, y una desconfianza exagerada, intolerable…”
Ismael del Toro será el candidato a presidente municipal de Guadalajara para el 2021 pero eso no garantiza nada. Ni aún ganando -posibilidad lejana si no es que remota-, es algo que despierte aliciente. Solamente que quien quiera apostar para ese tiempo debía ver que Ismael hace esfuerzos patéticos por elevar las preferencias electorales a su favor sin suerte. Como no cambia la ruta, y como no cambia el vehículo en el que transita, no accederá al escenario muy optimista que naturalmente le pintan como viable en su equipo.
Para el 2021 los emecistas van a contender sin que aparezca en la boleta Alfaro como ocurrió en los años 2012, 2015, y 2018. Fue así como se generó una ola naranja que ya no veremos esta vez porque el gobernador no va a contender.
Hasta el momento no hay una encuesta publicada que permita conocer con cierta aproximación el balance ciudadano en torno a la administración de Ismael del Toro, pero conociendo las que se han difundido en torno al proceso federal 2021; las que hay en torno a los gobernadores de las 32 entidades federativas y las que hay acerca de los alcaldes de las 100 principales ciudades del país, se puede decir que la administración en Guadalajara marcha mal.
Las nubes negras anuncian tormenta.
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