
Por Jaime García Medina
El gobernador de Jalisco Enrique Alfaro aún no lo sabe, pero ya no va cuesta abajo, sino que los problemas y las crisis se le han acumulado. Va cuesta arriba: por un lado, los problemas y crisis se incrementan y/o agravan; por otro, ya no tiene los controles que tenía antes de tomar posesión de su cargo.
Lo que mejor le ha funcionado es su operación para tomar el control del Poder Judicial con diversos actores y la toma del Poder Legislativo vía Salvador Caro Cabrera coordinador de los diputados locales de Movimiento Ciudadano. Fuera de ahí, todo va sin control: presidentes municipales que imponen a sus candidatos y otros que se van del partido. El 31 de diciembre el hasta entonces director de Gobernación Eloy Ruiz Anguiano renunció a su cargo en el Gobierno de Jalisco y a su militancia en Movimiento Ciudadano. Es otro de los cuadros que pierde MC en este camino que inició con miras transexenales en 2018.
Seamos claros: Enrique Alfaro ha hecho ostentación debida de que sólo confía en sus amigos de bachillerato. Eso no es un buen gesto de un político maduro. Las mejores referencias son las de Carlos Salinas de Gortari o de Andrés Manuel López Obrador que acumularon amistades para cada estado de la república y sus respectivos gabinetes están llenos de amigos personales.
Los ganadores en su equipo son los que todo mundo conoce y hasta lo dicen en su story telling los miembros del clan. Se pusieron de acuerdo en el bachillerato, y acordaron alcanzar el poder. Son: Clemente Castañeda, a quien prácticamente han desterrado los que aquí se quedaron; Hugo Luna Vázquez, jefe de gabinete e Ismael del Toro presidente de Guadalajara. Ellos deciden todo.
Y han alejado a Enrique Alfaro de casi todos los jaliscienses: de la clase política que no tiene espacios cómodos para estar a su lado, y de la sociedad, que no encuentra solución a muchos de sus problemas.
Hay una desobediencia civil soterrada propia de las sociedades inconformes. Si aún no toman las calles para expresar su ira, en cualquier segundo lo pueden hacer. Pocos respetan o toman con seriedad al gobierno. Ni sus instrucciones para observar un confinamiento, ni su deseo de retornar ya a clases, por ejemplo. En la noche de Fin de Año, las autoridades municipales sofocaron -dice el encabezado de una nota de Mural- 118 fiestas tan solo en Guadalajara.
Los indicadores de contagios, hospitalizados y muertos por Covid-19 van en ascenso; el encabezado principal de Mural ayer decía que van 6 mil 8 muertes y 145,198 contagios de Covid, que hay hospitales especializados llenos; que otros, casi lo están.
Cada día crecen más las críticas a los negocios que se hacen desde el poder. Desde el caso A Toda máquina y el manto protector que extendió sobre el mismo el gobernador derrumbaron toda credibilidad. Y cada día hay más razones para sospechar de ellos: Guadalajara, Zapopan, Tlajomulco, son casos emblemáticos de estos abusos.
Ahora salieron con aumentos y nuevos impuestos, derechos, productos, aprovechamientos, y deuda. Hasta a los conductores de Uber por darles “identificación” les cobrarán casi mil pesos.
Todos estos son votos menos, y líderes de opinión hablando mal de ellos.
Como viene un año electoral difícil, decimos entonces que el 2021 será un año cuesta arriba para el alfarismo y apenas inicia el tercero. Muy tarde va a comprender Enrique Alfaro que su eje de conducta no era el apropiado y que su estilo personal de gobernar choca con la realidad.
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