Por Manuel Gutiérrez
“Revolución Diamantina” es un ballet próximo recién estrenado en México, creado por la pianista Gabriela Ortiz, que regresó a su carrera como compositora y solista luego de ser parte de la Orquesta Sinfónica de Minería, que dirige Carlos Miguel Prieto, que logró la hazaña solamente alcanzada por Igor Stravinsky, consiguiendo dos años consecutivos el título Grammy de Mejor Composición Clásica Contemporánea como orquesta y mexicana.
Gabriela abrió las alas y comenzó a volar, Minería y su director la apoyaron y sintieron que era su momento. Gabriela comenzó a mostrar sensibilidad a temas presentes, como su preocupación por el medio ambiente (agredido por la expansión turística y por el Tren Maya) en su obra Dzonot, una defensa musical de los cenotes, esas reservas acuíferas con especies endémicas, que forman parte del mundo maya. Por ello ganó un Grammy en este año.
Sin embargo, ha seguido creando, y sumando su aportación a la causa feminista, pero de gran altura, apoyada en el arte. En sociedad con Cristina Rivera, dramaturga y autora de El invencible verano de Liliana, en que narra el feminicidio cometido contra su hermana.
La obra es poderosa, y ha logrado “caminar sola” como la describe Gabriela Ortiz en una amplia entrevista de Milenio-Portada, el 27.06.26, porque la ha tocado Dudamel, ha sido programada por la Sinfónica de Berlín, y la integraron al repertorio las sinfónicas de Boston y Los Ángeles y de nuevo será dirigida por… porque se integra Dudamel a la Sinfónica de Nueva York.
La obra se presentó en el Walt Disney Concert Hall, estuvo en Bellas Artes en México, y el 31 de julio será el estreno de otra obra audaz: La Reina Roja, basado en el libro de Adriana Malvido, una leyenda histórica del mundo maya, otro impacto sonoro y artístico.
“La revolución Diamantina” (la diamantina es un polvo brillante en México) pretende señalar la gravedad de la violencia contra las mujeres, dado que las parejas deben serlo como el nombre lo dice, parejas (equivalentes o iguales y debe existir respeto mutuo).
Gabriela citó el caso de la agresión a la saxofonista María Elena Ríos, a la que le arrojaron ácido en la cara y no tiene una resolución (judicial) a su favor. “¿Cuál es la respuesta del Estado? ¿Qué se está haciendo en casos como el de la hermana de Cristina Rivera? Eso me preocupa muchísimo. No solo que siga sucediendo, sino que como mujeres no tengamos protección como debe de ser, que los casos queden impunes y no se sepa el paradero de tantas mujeres, que las madres sigan buscando a sus hijas desaparecidas”.
Sobre el hecho de que el Instituto de Bellas Artes haya aceptado “Revolución Diamantina”, expuso su punto de vista y es muy importante: “Cualquier institución cultural tiene que estar abierta a la libre expresión y a todo tipo de estéticas. Es un derecho de cualquier creador. En el momento en que una institución cultural reprima el derecho a la libertad de expresión estamos en un camino incorrecto”.
Añadió: “La libertad de expresión y la diversidad es lo que ha nutrido al arte. Cualquier gobierno que dicte una línea distinta a la que tiene el artista está mal por donde lo veas. La revolución cultural china estuvo mal en ese sentido. El arte (oficial chino) se basa en una serie de normas dictadas por el gobierno. Eso es gravísimo, no es el caso de México.
Las instituciones y los espacios deben estar abiertos a la diversidad y el arte debe hablar de estas cosas porque se nutre de la vida misma”, todo un paradigma para los que tienen las llaves de los espacios del arte y su promoción, así como políticas públicas de amplitud total.
Sobre su obra, no busca generar un cambio, expuso, es un cambio más profundo, más interior.
“No escribo (musicalmente) para cambiar la política actual o el sistema judicial que no hace su chamba correctamente; tampoco escribo para cambiar la mentalidad de los policías y la burocracia que existe alrededor.
Me preocupa que mi idea esté bien expresada y que musicalmente sea interesante. Primero que nada pienso en quién escucha, en quién va a recibir el mensaje o cómo va a impactar. Nunca lo hubiera imaginado con Revolución Diamantina, una obra que hice con todas las herramientas a mi alcance y con toda la energía, seriedad y dedicación que se requiere, pero después ha caminado sola”.
“Hay compositores que escriben para sí mismos y se olvidan de quién va a recibir el mensaje. A mí sí me importa, porque el arte es comunicación (emisor-receptor).
No sé si Revolución Diamantina tenga un impacto en las autoridades o en quienes cometen atrocidades como los feminicidios, pero la obra está ahí y habla frontalmente… pero si tienes la necesidad de hablar, debes hacerlo”.
Explicó que ganar un Grammy no cambia la vida (aunque difiero en eso), pero para ella ganarlo refleja que las instituciones están cambiando (las de Estados Unidos). Dice: “Si no, ¿cómo gané un Grammy, una compositora mexicana con un tema de este calibre en los Estados Unidos?”.
El último movimiento del ballet diamantino se llama “Todas”. ¿Pero involucra también a los hombres?
“Por supuesto, esa fue una discusión. Mi idea era ‘todos’, y Cristina argumentó: ‘tiene que ser todas’; de cualquier manera se trata de todos. La música del ballet te invita a la reflexión y la esperanza de que este mundo puede mejorar. Creo en la fortaleza del ser humano, a pesar de los retos y las vicisitudes, la humanidad caminará hacia adelante”.
Ante el caso de Víctor Rodríguez Padilla, exdirector de Pemex y presunto funcionario de otro importante cargo, quien quedó recientemente sujeto a proceso por violencia contra su esposa Felicia Jiménez, expuesto en videos, en que la justicia reaccionó a la presión mediática del caso, pero hay otros antecedentes procesales vinculados con violencia de género cometidos por Víctor, es la denuncia renovada de Revolución Diamantina ante cada caso de este tipo.
Casos de este tipo hacen necesaria la “Revolución Diamantina” porque generan conciencia y cambian las conductas. Mientras el feminismo de impacto se limita a romper, rayar consignas, el feminismo sólido se proyecta en la política, en concepciones históricas y en expresiones de arte que, plástico o musical, representan ese drama no superado, pero llegan más lejos y no se limitan a un activismo estéril.
Incluso la igualdad, el destacado papel de las mujeres en el mundo sinfónico y del ballet, es algo relativamente reciente en la composición y en la dirección.
Pero este tipo de cambios trascienden más que los esfuerzos de choque. Este tipo de feminismo requiere un nivel superior logrado por la capacidad femenina, y un sentido de solidaridad no solo contra el transgresor, sino de compasión a las víctimas y una apertura incluyente, como dice Gabriela Ortiz, de todos en esa causa.
También en la defensa de la libertad de expresión, factor decisivo. —Roxana Guzmán, periodista veracruzana, fue encontrada muerta, y sus captores fueron incluso policías municipales; su labor de libertad de expresión fue truncada por un feminicidio y un atentado contra la libertad de prensa y expresión
Quizás “Revolución Diamantina” sea un gran logro, pero para México y para un mundo atormentado por la violencia de género, es más que nada un inicio.
Ante Gabriela Ortiz, la disyuntiva es admirable. Pero no sé qué lo es más: su integridad y genuino feminismo, o su propio arte.
Sin duda estamos ante una creadora que dará mucho más, sobre todo porque logró abrir, como la Orquesta de Minería, orgullosamente mexicana, los escenarios internacionales.
Sin duda, La Reina Roja, pieza encargada por la directora de fama mundial Alondra de la Parra, inspirada en la obra de Adriana Malvido, va a sacudir el horizonte cultural.
La “Revolución Diamantina” ha comenzado su ascenso, pero su capacidad y comprensión humana y de valores hacen de Gabriela una singular creadora; en colaboración con el escritor Jorge Volpi, plantea una obra, Las últimas cuatro estaciones, que denuncia temas de cambio climático y los efectos de la migración.
Vivaldi compuso las cuatro estaciones, pero en su época no existía este concepto ni se había dado este problema; hoy podemos estar ante las últimas estaciones, que pueden reducirse a dos: una de calor o de frío extremo, desolación y alteración de agua y de aire, vitales para la vida.
Todo eso inspira ante una mágica artista, con el poder de enfrentarnos a la realidad bajo la suave tutela del arte; eso es más revolucionario que nada, su arma es su mensaje y su música, como la de cada especialidad en que las mujeres participan y deben llegar a los más altos niveles.
Las mujeres tienen un gran poder, y cuando saben usarlo sí cambia el mundo, desde las sufragistas hasta las pensantes, las que hacen que la tribuna, el atril del director musical o el estudio de una escritora lleven las ideas a poder transformar de fondo todo, sobre todo la naturaleza cognitiva de la comunidad humana, enriquecida por el talento que antes no se reconocía en su magnitud precisa; hoy ya algo se ha cambiado y este es, al parecer, el mejor camino: el triunfo de las ideas, de la comunicación como parte de un sueño posible.
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