Por Violeta Moreno Haro
En política abundan los discursos sobre servir a la gente. Lo difícil es demostrarlo cuando hay que discutir presupuestos, enfrentar intereses y tomar decisiones que no siempre resultan cómodas. Por eso, la eficacia y la eficiencia no son cualidades menores en el servicio público.
A Itzcóatl Tonatiuh Bravo Padilla lo conocí mucho antes de su Segundo Informe Legislativo. Fui su alumna en el CUCEA durante mi primera maestría y desde entonces pude reconocer su eficacia y eficiencia: tenía método, responsabilidad y conocimiento de lo público. Hoy veo esas cualidades en su trabajo como diputado por el Distrito 11 de Guadalajara.
En su informe estuvo acompañado por el maestro José Trinidad Padilla López, referente y continuador del legado universitario y cultural de Raúl Padilla López, y por el maestro José Alfredo Peña Ramos, formador de generaciones de universitarios y quien fue secretario general durante la rectoría de Tonatiuh. No es menor la presencia de quienes conocen la Universidad y el peso de sus instituciones en la vida pública de Jalisco.
Pero el informe puso sobre la mesa asuntos que ninguna familia jalisciense resuelve con buenas intenciones. El primero, el agua. Si una familia paga por un servicio que llega sucio o no llega, el problema ya no es una simple falla administrativa: es una deuda del Estado con sus ciudadanos. Impulsar descuentos de hasta el 80 % para los usuarios afectados, exigir cuentas claras y una reestructuración del SIAPA, sin privatizarlo ni endeudarlo, es defender un derecho frente a la ineficiencia.
También está el bolsillo de los tapatíos. Cuestionar el alza al transporte, la tarjeta Broxel y una verificación vehicular que no ha demostrado cumplir sus objetivos ambientales recuerda algo elemental: gobernar no puede significar pasarles siempre la factura a las familias.
El informe abordó los deepfakes, la seguridad, las fosas de Las Agujas, la transparencia y los derechos de las personas con discapacidad. También defendió recursos para la Universidad de Guadalajara y los Hospitales Civiles, instituciones fundamentales para miles de jaliscienses.
Siempre he pensado que el oficio político se demuestra escuchando, negociando y convirtiendo demandas sociales en decisiones públicas. Conocí a Tonatiuh como maestro y hoy lo observo como representante popular: veo eficacia, eficiencia y oficio político.
Guadalajara necesita menos diagnósticos archivados y más representantes que sepan para quién trabajan. Ahí es donde el oficio político encuentra su verdadero sentido.
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