Óscar Ábrego
Hace algunos días escribí que desde la ciudad de México, varios personajes que se presumen como muy cercanos a Andrés Manuel López Obrador, se confabularon para tomar el control organizacional y económico del partido Morena y la Delegación Federal en la entidad. Algunos de los que forman parte de esta intriga, son Gabriel García Hernández, Coordinador General de Programas Integrales de Desarrollo; Alejandro Peña Villa, senador suplente en funciones y Armando Zazueta Hernández, delegado provisional en el Estado y a quien se le señala como el operador del complot.
Por ahora sabemos que el nombramiento del señor Armando como responsable de la Delegación de Programas para el Desarrollo del gobierno de la República se dio el pasado 15 de agosto; sin embargo, a la fecha lo único que ha trascendido es que su encomienda está muy lejos de cumplir con los planes institucionales de la citada dependencia. Y es que de acuerdo a las versiones que corren dentro y fuera de las oficinas de dicha instancia federal, este funcionario mantiene una agenda que le es impuesta por sus jefes políticos.
Al respecto, no está por demás recordar que según algunos medios informativos, Zazueta Hernández se desempeñó como servidor público en la Delegación Cuauhtémoc y en Azcapotzalco; y en el 2009 fue inhabilitado por dos años para ocupar un cargo gubernamental por “falta de aplicación a la normatividad”.
Pero volviendo al asunto de sus labores, lo más trascendente que tenemos a la mano es que no mueve un dedo sin la autorización de Peña Villa. Lo peor del caso es que bastantes servidores de la nación le recriminan que fomente una grilla barata que nada tiene que ver con sus tareas sustantivas. Tengamos en cuenta que no existen reportes sobre sus actividades, cosa no menor si revisamos la gran cantidad de recursos materiales, humanos y monetarios que están a su disposición y bajo su responsabilidad.
También es conocido entre los lopezobradoristas del Estado, que en buena medida le toca llevar a cabo la conjura que tiene por objeto deteriorar las redes de apoyo y simpatía que hay alrededor de Yeidckol Polevnsky y Hugo Rodríguez, ello con el claro propósito de beneficiar las aspiraciones de Bertha Luján como dirigente nacional de Morena y de Juan Barajas en el ámbito local.
En resumen, en muy poco tiempo Armando Zazueta despertó todo tipo de sospechas y cuestionamientos, pues mientras que unos lo acusan por ser el responsable de que la Delegación haya caído en un grave letargo operativo, otros más le critican también su escaso interés por atender el encargo por el cual cobra más de 80 mil pesos al mes.
Así las cosas, bien valdría la pena que el mismo presidente eche un vistazo a lo que ocurre en Jalisco, en virtud de que todas las señales indican que la Delegación Federal dejó de ser un instrumento de alto impacto social, para convertirse en el sótano donde se fragua una deleznable conspiración.
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