Por Óscar Ábrego
Cuando suponíamos que ya nada podía asombrarnos, de modo insólito, apareció un video en el que se lanzaron acusaciones bastante delicadas contra el gobernador. El hecho mismo, que se viralizó de manera vertiginosa, colocó a esta administración contra las cuerdas. Vamos, ya ni los lambiscones más creativos, pueden negar que este gobierno atraviesa por una colosal crisis de credibilidad e imagen. Basta con echar un vistazo a las redes sociales y escuchar las pláticas entre vecinos, para confirmar que el movimiento naranja ha decepcionado y enfurecido a muchísima gente.
En su momento, afirmé que este sexenio lleva a cuestas un karma demasiado pesado. Y es que si lo analizamos con objetividad, en estos pocos meses, casos como el de la desaparición del Instituto Jalisciense de las Mujeres, el descarado negociazo del programa “A toda máquina”, la abrupta cancelación –a todas luces ilegal- del contrato de los servicios de la Distribuidora Química y Hospitalaria (GAP), el injustificable aumento a la tarifa de algunos sistemas del transporte público, la burda encarcelación del ex dirigente estatal del PAN, o la necia intención de continuar con la construcción de la presa El Zapotillo, le han cobrado facturas de muy altos costos.
Lo que más llama la atención, es que desde el epicentro del poder ejecutivo se han generado los grandes conflictos. Ese peculiar estilo de imponer su voluntad sin importar a quien se destruya, es lo que le ha provocado un daño casi irreversible. Alguien tendría que hacerles comprender que gobernar consiste en atender las necesidades y reclamos de la población, no en aplastar a quien se interponga en su camino o no coincida con sus criterios.
Por lo pronto, en algunos ayuntamientos metropolitanos y de distintas regiones, valoran la pertinencia de marcar distancia; incluso, de renunciar a su filiación emecista. Sé de buena fuente que en la mesa de no pocos alcaldes hay encuestas que los colocan por debajo de Morena. Esta situación encendió los focos rojos y en breve veremos cómo otros presidentes municipales seguirán los pasos de María Elena Limón, quien ya tiene un pie fuera de MC.
En verdad que soy de los que aguardan la esperanza de que Enrique Alfaro y su primer cerco dejen de lado el rencor, el odio y la venganza, como ejes centrales de su condición emocional y quehacer en la función pública. Ojalá que la mesura y la sabiduría los abracen, porque a nadie le conviene –ni siquiera a sus adversarios- que en tan poco tiempo haya brotes sociales que exigen sus renuncias.
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