
Óscar Ábrego
El Financiero confirmó lo que ya se presentía: Morena cayó drásticamente en las preferencias ciudadanas durante las semanas recientes.
Según este levantamiento, el partido del presidente continúa como primera fuerza política en el país; y si bien es cierto que otras fuerzas como el PRI y el PAN se mantienen con muy bajos índices de aceptación, lo cierto es que el desgaste de Andrés Manuel y las señales de conflicto del morenismo, hacen agua en el barco de la Cuarta Transformación.
Al respecto, no está por demás señalar que en gran medida el desplome de Morena se liga con el actuar del líder. Su persistencia de polarizar a los mexicanos entre conservadores y progresistas, la liberación de Ovidio Guzmán, el trato preferencial a la madre del Chapo, su displicencia ante el Coronovirus, la rifa del avión presidencial, y otros asuntos como el avance implacable de la inseguridad, son anclas que amenazan con hundir al partido que lo llevó al poder.
A lo anterior, habrá que agregar que como expresión partidista, Morena necesita replantearse, pues parece que a los ojos del votante no se ha significado por hacer valer los principios de la 4T.
Para muestra, basta con mirar lo que ocurre aquí en Jalisco. La delegación federal, que trabaja más en lo político que en lo ético, no sólo está en permanente sospecha por evidentes actos delincuenciales, sino que además se ha convertido en un brazo operador del gobierno anaranjado. Para nadie es un secreto que algunos de sus subdelegados tienen la consigna –y convicción- de hacerles la chamba a los alcaldes y legisladores de Movimiento Ciudadano.
Así las cosas, el gran desafío de Morena consiste en legitimar su movimiento con argumentos basados en la congruencia, la honestidad y la lealtad hacia la sociedad, sin radicalismos obsoletos. Consideremos que en tiempos recientes, vimos cómo los panistas y priistas lanzaban vítores a sus funcionarios y dirigentes, cuando éstos se atascaron en fangales de corrupción e impunidad.
Que Morena exija buenos resultados y un comportamiento institucional al mandatario que emanó de sus filas no tiene nada de malo, por el contrario. Sería un acto de coherencia de frente al pueblo mexicano. Vamos, Morena no puede cometer las mismas equivocaciones que combatió.
La Cuarta Transformación es más grande que cualquier doctrina partidista y está por encima de las coyunturas; se trata de un modelo de desarrollo integral basado en los valores fundamentales del ser humano y el fomento de la justicia social.
De ahí que en algunos círculos comienzan a sonar, cada vez con mayor insistencia, los nombres de quienes entrarían al rescate de la 4T en el ya cercano proceso electoral del año que viene.
Elías Miguel Moreno Brizuela, Pedro Haces Barba, Alfonso Ramírez Cuellar y Marcelo Ebrard Casaubón, entre otros. Recuérdelos, porque ellos serán tema de otra colaboración.
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